domingo, 25 de mayo de 2014

Tenis - El trabajo invisible

Paul Annacone y Roger Federer
Por Martín Estévez

Los entrenadores logran poco reconocimiento fuera del ambiente del tenis. ¿Son imprescindibles o apenas un detalle? ¿Cuál es su trabajo? ¿Quiénes entrenan a los mejores? Aquí, las respuestas.

Cuando alguien menciona a los entrenadores de tenis, lo primero que se nos ocurre es comparar su influencia con los del fútbol, los del básquet o los del handball. Y, como pocas veces sucede en el universo, la conclusión aparece concreta y casi unánime: su influencia es mucho menor. Quienes dirigen a un equipo pueden quitar y poner jugadores, armar el conjunto en relación a la formación rival, cambiar de nombres en medio del partido. El entrenador de tenis, en cambio, realiza un sutil trabajo de hormiga intentando mejorar a su único jugador con detalles mínimos, intentando acertar con la táctica para el partido siguiente; táctica que, si la diferencia de nivel entre uno y otro es grande, no influye en casi nada. Sin embargo, la gran mayoría de los tenistas sigue necesitando y eligiendo con mucho cuidado el nombre de su coach. Eso demuestra que el trabajo de los entrenadores, aunque poco visible, no es menor.

El trabajo del coach
Es necesario diferenciar las tareas del entrenador teniendo en cuenta las diferentes etapas en la vida de un tenista. En niveles infantiles y juveniles, su labor es vital para formar técnicamente al jugador. Existen movimientos, golpes y ejercicios que a un novato le llevaría meses descubrir y mejorar, mientras que, gracias a su experiencia acumulada, el coach puede acelerar notablemente ese aprendizaje. Cuando decimos que la influencia de los entrenadores es relativamente poca, nos referimos al nivel profesional, al momento en que un jugador ya ha alcanzado cierto equilibrio en su nivel.

Martín Jaite, capitán del equipo argentino de Copa Davis, ha sido entrenador de grandes jugadores. En la actualidad, debe conversar en los cambios de lado con tenistas de la talla de David Nalbandian, Juan Mónaco o Juan Martín Del Potro. Entrevistado por Access DirecTV, nos cuenta detalles de su trabajo: “Es difícil saber cuándo tenés que decirles algo y cuándo tenés que quedarte callado. De alguna manera tenés que descubrir si el jugador está permeable o no a tus palabras. Y a veces te equivocás, claro que te equivocás. Pensás que está permeable y está tan impermeable que ni te escucha. Tenés que ir midiéndolos, ser un poquito psicólogo”. 

Jaite, que como jugador llegó a ser Nº10 del ranking mundial, recuerda qué sentía cuando estaba del lado de adentro de los courts: “Había veces en las que necesitaba que el entrenador me dijera algo, y a veces no quería ni escucharle el tono de la voz. A los jugadores les debe pasar lo mismo conmigo. Pero cuando siento que tengo que decir algo puntual, se los digo. Les guste o no les guste, me escuchen o no me escuchen”.

Enseñar a los maestros
Roger Federer es el mejor tenista de la historia. Y muchos de sus años de gloria los vivió sin entrenador. Él decidía las tácticas en los partidos y qué tipo de entrenamiento realizar; apenas pedía ayuda a su preparador físico, Pierre Paganini. ¿Eso significa que los entrenadores son innecesarios? Claro que no. De hecho, el genial Roger ha tenido varios: Peter Carter (murió en un accidente), Peter Lindgren, José Higueras, Tony Roche y Darren Cahill. Y ahora trabaja con Paul Annacone, estadounidense de 50 años que fue Nº12 del ranking y se destacó como doblista. Antes, Annacone había entrenado a Pete Sampras y Tim Henman. ¿Qué se puede mejorar en un genio como Federer? “Pocas cosas, pero importantes. Trabajamos para que maneje cada vez mejor su game de saque y para que pueda leer estratégicamente cada partido”, explica.

Al español Rafael Nadal lo ha entrenado desde siempre su tío Toni, quien lejos estuvo de ser un gran tenista; de hecho, estudió historia en la universidad. De carácter fuerte, se anima a decirle a su sobrino muchas cosas que otros entrenadores, por una cuestión de distancia, no se animarían a decir. “Cuando él era pequeño –recuerda Toni Nadal- me buscaba con la mirada para saber si había hecho bien cada movimiento. Ahora me sigue mirando, pero es diferente. Cuando está en la pista se siente solo y le va bien que alguien le dé apoyo”. 

Toni cree que su trabajo debe centrarse en el aspecto mental: “No creo en los psicólogos. Sí para temas importantes, pero me parece exagerado que porque uno pierda un partido de tenis le busques un psicólogo. Está claro que la función del entrenador es dirigir mentalmente”.

¿Y Novak Djokovic? A Nole lo entrena desde hace mucho tiempo Marian Vajda, eslovaco y Nº34 del ranking en 1987. Durante un tiempo, Djokovic sumó otro entrenador, Todd Martin, pero volvió a trabajar únicamente con Vajda, quien revela el secreto de su pupilo para alcanzar el liderazgo del ranking: “Él necesitaba un golpe de derecha más rápido y potente para atacar con fuerza los reveses de Nadal, de Federer, de Murray. Novak intuye los golpes y alcanza casi todos los tiros, pero necesitaba más musculatura en las piernas y en el torso”.

Andy Murray, por su parte, trabajó con el español Alex Corretja para mejorar su adaptación a las superficies lentas, pero tiempo después lo reemplazó Ivan Lendl (ex Nº1 y ganador de ocho Grand Slams), con quien sus resultados mejoraron notablemente.

Algunos entrenadores prestigiosos están sueltos, como el estadounidense Larry Stefanki, que colaboró con estrellas como John McEnroe, Yevgeny Kafelnikov, Andy Roddick, Marcelo Ríos y Fernando González. Ellos están esperando una oferta seductora para volver a demostrar que su trabajo, aunque sea casi invisible, puede ser fundamental.

Tenis femenino - ¿Quién entrena a las mejores?
Lamentablemente, en un mundo que lucha por terminar con la injusta supremacía masculina en todos los ámbitos, los entrenadores de las principales tenistas son hombres. La lista es contundente. A Maria Sharapova la entrenan su papá Yuri y Thomas Hogstedt (N°38 en 1983). A Victoria Azarenka, Sam Sumyk. A Agnieszka Radwanska, Tomasz Wiktorowski. A Sara Errani, Pablo Lozano. A Caroline Wozniacki, su papá Piotr. Sin embargo, queda una esperanza para la lucha feminista: a Venus Williams la entrena Esther Lee, una preparadora física que poco a poco fue ganando espacio en el día a día de la mayor de las hermanas Williams.

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº56 (JULIO DE 2013)

sábado, 24 de mayo de 2014

Abierto Británico - La tierra de los grandes

Ernie Els, campeón en el British Open 2012
Por Martín Estévez

Después de once años, el Abierto Británico de golf vuelve a jugarse en Muirfield, campo donde festejaron superestrellas como Gary Player y Jack Nicklaus. ¿Quién sumará su nombre a la prestigiosa lista?

Muirfield. Para los que no se entusiasman con el golf, ese nombre no significa nada. Sin embargo, tómense unos minutos para descubrir por qué el impactante campo en el que este mes se jugará el Abierto Británico es un verdadero templo para los grandes golfistas. Y por qué Tiger Woods, Rory McIlroy, Adam Scott y Justin Rose están especialmente interesados en quedarse con el torneo.

Había una vez, hace 121 años...
El Abierto Británico es uno de los cuatro Majors, principales torneos de golf en el mundo. Comenzó a disputarse en 1860, y en 1873 se decidió rotar su sede: se jugaría en distintos campos de Escocia (y, luego, de Inglaterra). En 1892 se eligió como hogar del torneo al campo de Muirfield, construido aquel mismo año en East Lothian, ciudad vecina de Edimburgo. Inmediatamente se originó el primer gran dato: fue campeón un jugador amateur, el inglés Harold Hilton. Sólo siete veces durante la historia del Open Británico los profesionales cedieron el trono.

Muirfield volvió a ser sede en 1896, 1901, 1906 y 1912, siempre con campeones ingleses o escoceses, hasta que el estadounidense Walter Hagen se impuso en 1929. Inglaterra recuperó el cetro en 1935 (Alf Perry) y 1948 (Henry Cotton), pero el segundo gran dato surgió en 1959, cuando se consagró Gary Player. El sudafricano era todavía un jugador del montón, pero en Muirfield comenzó a engrandecer su leyenda al ganar el primero de sus nueve Majors. No sólo Player aumentó su prestigio: aquel torneo sirvió para que Muirfield empezara a ser considerado un desafío especial para los grandes golfistas.

El Open recién retornó allí en 1966, con una gran expectativa que no fue defraudada: el ganador resultó Gary Player, que ya acumulaba cinco torneos grandes pero nunca había podido consagrarse en tierras británicas. El estadounidense, probablemente el mejor golfista de la historia junto a Tiger Woods, sumaría 18 Majors, marca nunca superada.

Los siguientes vencedores dejaron la vara muy alta. El estadounidense Lee Trevino, en 1972, obtuvo el cuarto de sus seis Majors. Y su compatriota Tom Watson, en 1980, celebró el cuarto de los ocho que sumó en total. El campo de Muirfield alimentaba su imagen de territorio difícil de domar y preparado especialmente para los más talentosos. Las últimas tres ediciones disputadas allí reconfirmaron ese concepto: el inglés Nick Faldo se convirtió, gracias a sus títulos en 1987 y 1992, en el único jugador bicampeón en Muirfield. Y en 2002 llegó el turno de Ernie Els, sudafricano que conquistó cuatro Majors y aún recorre con buen nivel el circuito PGA. Desde el 18 hasta el 21 de julio, se disputará la edición número 142 del Open británico y la decimosexta en Muirfield. Y hay muchos interesados en quedarse con la corona…

La gran oportunidad
¿Qué puede faltarle a la carrera de Tiger Woods? Eldrick (ese es su verdadero nombre) ha ganado 14 Majors, de los cuales tres corresponden al Abierto Británico: lo obtuvo en 2000, 2005 y 2006. Una de las pocas joyas ausentes en su carrera es ganar el Open en Muirfield, cuenta pendiente por dos motivos. Primero, porque dos gigantes como Gary Player y Jack Nicklaus lo han logrado. Y segundo, porque en 2002 hizo un mal papel, terminó 28º y tuvo que ser testigo de la celebración de Ernie Els. Como aún no se sabe cuándo volverá a jugase el British Open en Muirfield, es posible que esta sea la última chance de Tiger de sumarse al prestigioso listado de quienes ganaron allí. No parece un objetivo desmedido, ya que es el principal favorito.

Rory McIlroy, nombre que tal vez pronto sea conocido fuera del ambiente del golf por su enorme talento, también puede hacer historia: si gana, será el primer irlandés que se corone en Muirfield. A los 24 años, Rors (así lo llaman) aún no festejó en el Abierto Británico; sus anteriores triunfos en Majors sucedieron en el US Open 2011 y el PGA Championship 2012 (al cierre de esta edición no había finalizado el US Open 2013). Por si hiciera falta más, un triunfo sería clave en su pelea con Woods por el puesto número 1 del ranking mundial.

En situación similar está Adam Scott, quien este año ganó el Masters de Augusta: podría convertirse en el primer golfista de Oceanía que se imponga en Muirfield. El australiano celebrará sus 34 años en tierras escocesas, donde buscará tomarse revancha de lo sucedido en la última edición del Abierto Británico, cuando casi celebra pero terminó en segundo lugar.

Mucho más presionado llegará Justin Rose. El sudafricano, inglés por elección, quiere quitarse una gran mochila de encima. A los 32 años ha logrado buenos resultados y lleva más de una temporada consecutiva dentro de los diez mejores del ranking. Sin embargo, los Majors lo han esquivado con crueldad: quinto en el US Open 2003, quinto en Augusta 2007, tercero en el PGA Championship 2012… Buscará su primera corona.

Ellos cuatro quieren ganar por motivos distintos, pero tendrán rivales de altísima calidad: los ingleses Luke Donald y Lee Westwood, el norirlandés Graeme McDowell, el español Sergio García… Después de once años, el Abierto Británico vuelve a Muirfield, terreno exclusivo para grandes golfistas. ¿Quién demostrara su grandeza?

Los últimos campeones
2012: Ernie Els (Sudáfrica)
2011: Darren Clarke (Irlanda del Norte)
2010: Louis Oosthuizen (Sudáfrica)
2009: Stewart Cink (Estados Unidos)
2008: Padraig Harrington (Rep. Irlanda)
2007: Padraig Harrington (Rep. Irlanda)
2006: Tiger Woods (Estados Unidos)
2005: Tiger Woods (Estados Unidos)

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº56 (JULIO DE 2013)

sábado, 10 de mayo de 2014

Tenis - Alegrías en extinción

Por Martín Estévez

El tenis femenino argentino nunca tuvo vitrinas repletas, pero hoy atraviesa el peor momento de su historia: desde 2012, y por primera vez, nos quedamos sin representantes entre las cien mejores. Las fotos de los festejos de Gaby Sabatini y Paola Suárez van quedando viejas, pero ex jugadoras y una interesante camada de juveniles les dan pelea a los problemas económicos, al bajo nivel en Sudamérica y al machismo.

Sin repetir, sin soplar y sin mirar esta nota: ¡mencione cuatro tenistas argentinas de la actualidad! Tic, tac, tic, tac, tic, tac... ¡Tiempooo! Si no pudiste hacerlo, no te preocupes: estás dentro del 99% de la población nacional. No es casual que muchos conozcan a Del Potro, Nalbandian, Mónaco y Berlocq, que sepan quién fue Sabatini, que tal vez conozcan a Paola Suárez, pero no puedan mencionar a una (¡ni siquiera una!) jugadora actual. Lo que sucede, digámoslo sin anestesia, es que el tenis femenino atraviesa el peor momento de su historia. Pero... ¿de qué historia?

Aquellos años… ¿felices?
El tenis comenzó a tener repercusión en la Argentina en la década de 1910, años en los que sólo jugaba la clase alta. Julieta de Ezcurra y Analía Obarrio fueron las primeras destacadas. Felisa Piédrola fue figura entre 1936 y 1950, pero pocas veces jugó fuera de Sudamérica. Sí pudo hacerlo Mary Terán de Weiss, que brilló entre 1941 y 1955: llegó a cuartos de final en Roland Garros 1948 y obtuvo cinco torneos en Europa. Luego se fue de la Argentina porque había apoyado al gobierno de Juan Domingo Perón y eso la transformó en enemiga de la dictadura militar que usurpó el poder entre 1955 y 1958. Poco después se destacó Nora Somoza, reina nacional entre 1959 y 1961.

Ante la inexistencia de rankings mundiales en esas décadas, es difícil determinar la trascendencia de las argentinas, aunque Terán de Weiss llegó a ser considerada una de las treinta mejores, y pocos dudan de que Norma Baylon (brilló entre 1962 y 1967) hubiera estado entre las diez primeras. La posta la recibió Raquel Giscafré, que se destacó entre 1970 y 1975 y fue semifinalista de Roland Garros 74.

En 1975 llegó el ranking. En el que, seamos sinceros, las argentinas nunca fueron potencia. Hubo muy buenas jugadoras (Viviana González fue 30ª en 1978; Ivanna Madruga, 17ª en 1983) pero hasta la irrupción de Gabriela Sabatini, el tenis femenino argentino era poco conocido. Lo de Gaby fue un fenómeno natural, una feliz excepción, una hermosa anomalía deportiva. Ni en los ochenta años anteriores, ni en los veinte siguientes, alguien se acercó a lo que ella consiguió entre 1985 y 1994. No sólo en resultados, sino a nivel popularidad, talento, estética para jugar, entusiasmo general. Gaby fue la cara visible de la mejor camada argentina de la historia. Bettina Fulco, Patricia Tarabini, Mariana Pérez Roldán, Mercedes Paz, Inés Gorrochategui y Florencia Labat se encolumnaron detrás de ella y pelearon contra los países poderosos. Argentina fue semifinalista de la Copa Federación en 1986 y 1993, y terminó 1991 con seis jugadoras en el top 100.

La siguiente generación sostuvo la bandera gracias al esfuerzo, sinónimo de Paola Suárez, 9ª en 2004 y Nº1 en dobles. Mariana Díaz Oliva, Clarisa Fernández y María Emilia Salerni intentaron no dejarla sola. A partir de 2006, la que quedó solitaria fue Gisela Dulko. Y su retiro en 2012 nos dejó inmersos en…

El peor momento de la historia
En 2012, por primera vez, nos quedamos sin jugadoras entre las cien mejores y, qué mejor manera de demostrar la crisis, el 99% de la población no puede nombrar a cuatro tenistas argentinas. Las causas se acumulan: depresiones económicas, falta de sponsors, caída del nivel en Sudamérica y hegemonía patriarcal. ¿Qué cosa? El machismo, que sigue influyendo en todos los niveles sociales, incluido el tenis. ¿Acaso alguien imagina a una mujer como capitana del equipo de Copa Davis, como los hombres dirigieron al de la Fed?

Para realizar un análisis, necesitamos la opinión de referentes. ¿Vilas, Clerc, Nalbandian? De ninguna forma. Para no seguir fomentando el machismo, la palabra en esta nota la tienen las mujeres. “Es la peor crisis de la historia, sin dudas –le reconoce a El Gráfico Bettina Fulco, 23ª en 1988 y capitana del equipo de Copa Federación–. Los problemas económicos no son la única explicación, porque siempre estuvieron. En el 85, por ejemplo, pude viajar a Europa porque me consiguieron un pasaje de ida y tuve que pagar el de vuelta, así que me quedé seis meses allá. Gaby Sabatini me dio una mano, me colaba en el hotel de ella, o dormía en cuartos en los que tenías que poner monedas para que anduviera la calefacción. Cuando se acababan, me moría de frío. Tenía 16 años; hoy, por una cuestión cultural, la mayoría de las chicas no se bancaría el viaje”.

Inés Gorrochategui, 19ª en 1994 y entrenadora en su academia de tenis, agrega: “En Sudamérica había menos torneos que ahora. Lo que sí resultaba menos complicado era viajar, las mejores podíamos ir a Europa”. Suma su recuerdo Mariana Pérez Roldán, 51ª en 1988 y hoy a cargo de la Selección Sub 14: “Se creó un bache terrible, dejaron de surgir buenas jugadoras y cuesta creer que vuelvan a salir. Antes, la 1 y la 2 de cada categoría viajaban al exterior. Ahora, viajan las que pueden pagarlo. Eso hay que modificarlo”. “Inicialmente el tenis es para el pueblo –apoya Fulco–, pero cuando llegás a determinado nivel, es para los que tienen poder adquisitivo”. Una de las que lo sufre es Catalina Pella, bahiense de 20 años y una de las cuatro mejores argentinas en el ranking: en mayo alcanzó el puesto 318º. “Hay menos apoyo del que necesitamos –lamenta–. Acá se puede jugar poco y para crecer tenemos que ir a Estados Unidos o Europa. Pero no pasa sólo en Argentina, es un problema de toda la región”.

La falta de nivel en Sudamérica que nombra Pella es otro factor negativo. “Antes aparecían muchas jugadoras –explica Fulco–. Hoy la mejor es la brasileña Teliana Pereira, pero la nombro y las chicas no saben quién es”. “En cuanto a juveniles, la diferencia de nivel entre las argentinas y el resto de las sudamericanas es abismal”, remarca Pérez Roldán. “El tema es que cuando van a Europa las matan a pelotazos –apunta Fulco–. Yo entrené a Victoria Azarenka (de Belarús, Nº 3 del mundo) y ella, a los 15 años, viajaba en avión como yo me tomo un colectivo. A las sudamericanas les cuesta, lo sufren”.

El conflicto tenístico genera un problema social: la deserción escolar. “Conozco montones de chicas que ganan un torneo de grado 1 y largan el colegio –se enoja Pérez Roldán–. No estoy para nada de acuerdo”. Gorrochategui reconoce que la solución parece lejana: “En mi academia entrenamos seis jugadoras de 16 a 18 años, y no hay forma de que sigan estudiando en forma regular. Todas dan libre”. Y a las que siguen en la escuela se les aparece la tentación del hockey. “Las nenas empiezan a jugar al tenis, pero si no se destacan enseguida, las capta el hockey –cuenta Fulco–. Les resulta más fácil porque todo se hace en grupo y los costos son menores”. Así, la base de jugadoras se va achicando. “Muchas chicas que jugaban conmigo dejaron muy jóvenes –confirma Pella–. Influyen situaciones personales, económicas y también problemas físicos”.

Último punto de análisis, y uno de los más importantes: el machismo. “Tenemos una sociedad machista, claro, y eso influye –denuncia Pérez Roldán–. La mayoría de los entrenadores no se comprometen con el tenis femenino de la misma forma que con el masculino. Eligen al jugador varón porque es más fácil. Y desde lo económico, las empresas prefieren al varón número 3 de la Argentina antes que a la mujer número 1”. Gorrochategui cuenta la experiencia en su academia: “Hacemos un trabajo diferenciado. En general, las mujeres son más emocionales, hay que mantenerlas estables. Y no es que falten entrenadoras, falta capacitación, tanto para hombres como para mujeres”. Y Fulco cuenta situaciones específicas: “YPF fue sponsor del equipo de Copa Davis, pero no de las mujeres, cuando la lógica era que apoyara a los dos. ¡Las mujeres también manejamos autos y compramos nafta! Hoy, todo el tenis en la Argentina pasa por los varones. ¿Quién apoya al tenis femenino? La televisión no, porque excepto los Grand Slams, partidos de mujeres casi no pasan. El machismo sigue muy presente en Sudamérica. A nivel internacional están luchando contra eso. Se consiguió que los premios en los Grand Slams sean iguales, y las federaciones contratan más entrenadoras mujeres”.

Las esperanzas
El panorama es desalentador, pero ahí están ellas, armadas con una raqueta para luchar. Por ejemplo, la santafesina Paula Ormaechea, de 20 años, que se acerca de a poco a las cien mejores. “Paula consiguió un sponsor y pudo viajar por Europa desde los 14, 15 años –festeja Fulco–, pero todavía juega para subsistir”. “Es muy buena y tiene mucho más para dar”, se entusiasma Gorrochategui. Mientras las más grandes, como María Irigoyen (25 años), Florencia Molinero y Mailén Auroux (24), acompañan su esfuerzo en la Fed Cup y en el circuito, Ormaechea lidera una camada de jóvenes que intenta cambiar la gris realidad. Una de ellas es Catalina Pella (20), quien nos acompañó durante este análisis. Otra, Victoria Bosio (18). Sin embargo, las mayores ilusiones están puestas en la sorprendente categoría 97: un grupo de chicas de 15 y 16 años que la está rompiendo. “La mejor es Nadia Podoroska –señala Fulco-. Pese a su edad, ya es una profesional: se cuida en las comidas, tiene la misma velocidad de pelota que las grandes, le juega de igual a igual a Ormaechea, no le molesta viajar”. Gorrochategui adhiere: “Nadia tiene un entrenador joven que le dedica mucho tiempo y es de las mejores”. “Hay dos que me gustan mucho porque tienen físico, tenis y mentalidad: Podoroska y Julieta Estable”, las banca Pérez Roldán. Ambas nacieron en 1997, igual que Ayelén Monzón y Luciene Benítez Boiero. “La categoría 97 surge por azar pero también por el seguimiento de la Asociación y de Tito Vázquez”, elogia Gorrochategui. “Y ojo con Stephanie Petit (categoría 96), que está un escalón arriba de su camada”, advierte Fulco.

Parece que quedan esperanzas. “Estamos tratando de sacar esto adelante –jura Pérez Roldán–. La Asociación reunió a las ex jugadoras para reflotar el tenis femenino y estamos en ese camino”. “Hay que reconocer que en los últimos años aumentó la cantidad de torneos –dice Pella–. Sería muy bueno que tuviéramos un par de giras al año por Sudamérica. Bajaría los costos económicos, estaríamos acompañadas y ayudaría a que muchas chicas mejoren su ranking y luego puedan ir a Europa”. “Los torneos llamados Haciendo Tenis están buenos, pero el 95% se juegan en Buenos Aires, si se distribuyen vamos a mejorar”, aporta Fulco.

Así está la situación, contada desde adentro. Mientras los varones son semifinalistas de la Copa Davis con una regularidad notable, ellas pelean por subsistir a los problemas económicos, a la debilidad sudamericana, al machismo. Y mientras lo sigan haciendo merecen la mayor admiración pese a los resultados. Después de todo, como dice una certera frase revolucionaria, mujer hermosa es la que lucha.

La selección sub 25
Ellas son el futuro del tenis argentino: menores de 25 años que la pelean día tras día en el circuito WTA. Quedaron afuera María Irigoyen (191° en el ranking) y Vanesa Furlanetto (481°), nacidas en 1987.

Paula Ormaechea (puesto Nº 116)
Nació en Sunchales, Santa Fe, el 28/9/1992. Debutó como profesional a los 14 años. En 2009 ganó en Buenos Aires su primer torneo ITF (los de menor escala en la WTA). Logró uno más ese año, tres en 2010 y tres en 2011. En 2012 llegó a segunda ronda en el Abierto de Australia y alcanzó su mejor ranking: 111°.

Florencia Molinero (puesto Nº 232)
Nació en Rafaela el 28/11/1988. Debutó a los 15 años. Ganó tres torneos ITF en 2005, dos en 2007 y otro en 2011, año en el que debutó en torneos WTA en Auckland. En 2012 obtuvo el ITF de Sao Jose, Brasil, y logró su mejor ranking: 170°. Este año derrotó a Sofia Arvidsson (Suecia) por la Copa Federación.

Catalina Pella (puesto Nº 318)
Nació en Bahía Blanca el 31/1/1993. En 2010 llegó a la final en un ITF jugado en San Pablo. En 2011 ganó uno en Buenos Aires y fue finalista en otros tres. En 2012 llegó a finales en Gardone Val Trompia y Buenos Aires, y ganó en Villa Allende. Este año alcanzó su mejor ranking: 318°. Es hermana del tenista Guido Pella.

Carolina Zeballos (puesto Nº 402)
Nació en Mar del Plata el 27/11/1990. En 2011 fue semifinalista en los ITF de Santa Fe, San Pablo y Goaiania, finalista en Sao Jose y campeona también en San Pablo. En 2012 llegó a la final en Rancagua, en San Pablo y en Santiago. Este año logró su mejor puesto: 373°. Es hermana del tenista Horacio Zeballos.

Mailén Auroux (puesto Nº 412)
Nació en Buenos Aires el 25/7/1988. En 2007 fue campeona de torneos ITF disputados en Prokuplje, Serbia; Craiova, Rumania; Serra Negra e Itu, ambos en Brasil. En 2009 se consagró en Buenos Aires, y en otras cuatro ciudades más. En 2010 ganó otros tres títulos ITF. En 2012 alcanzó su mejor ranking: 241°.

Tatiana Bua (puesto Nº 433)
Nació en Bragado el 19/1/1990. En 2007 fue finalista de un ITF en Serra Negra, Brasil, y de otro en Asunción. En 2008 ganó el título en Santiago de Chile y un año después festejó en Itajai, Brasil, y alcanzó su mejor ranking: 372°. En 2011 se impuso en Córdoba; y en 2012, en Madrid. Suma 15 títulos ITF en dobles.

Victoria Bosio (puesto Nº 541)
Nació en Santa Fe el 3/10/1994. Debutó profesionalmente en 2010, a los 15 años. En octubre de 2011 alcanzó semifinales en un ITF jugado en Asunción. En 2012 fue finalista en Villa del Dique, Córdoba. Este año derrotó a la paraguaya Verónica Cepede (203°) en Estados Unidos y consiguió su mejor ubicación: 473°.

Nadia Podoroska (puesto Nº 640)
Nació en Rosario el 10/2/1997. Debutó en 2011, a los 14 años, edad con la que logró su primer triunfo profesional: 6-1 y 6-0 a Daniela Seguel (591°) en Chile. En 2012 derrotó a Irigoyen (293°) y alcanzó cuartos de final en tres torneos ITF y semifinales en Villa Allende. Este año llegó a su mejor ranking: 547°.

Las mejores de la historia
El listado es un poco engorroso, pero los seguidores del tenis sabrán agradecerlo. Desde la creación del ranking mundial, estan son las 28 argentinas que han estado entre las 150 mejores jugadoras del mundo: Raquel Giscafré (53ª en 1975), Viviana González (30ª en 1978), Liliana Giussani (129ª en 1979), Ivanna Madruga (17ª en 1983), Andrea Tiezzi (38ª en 1983), Emilse Raponi (91ª en 1984), Claudia Casabianca (38ª en 1986), Bettina Fulco (23ª en 1988), Patricia Tarabini (29ª en 1988), Mariana Pérez Roldán (51ª en 1988), Adriana Villagrán (99ª en 1988), Gabriela Sabatini (3ª en 1989), Federica Haumuller (102ª en 1990), Mercedes Paz (28ª en 1991), Cristina Tessi (70ª en 1991), María José Gaidano (85ª en 1993), Inés Gorrochategui (foto, 19ª en 1994), Florencia Labat (26ª en 1994), Mariana Díaz Oliva (42ªen 2001), Clarisa Fernández (26ª en 2003), Paola Suárez (9ª en 2004), Natalia Gussoni (134ª en 2004), Gisela Dulko (26ª en 2005), María José Argeri (149ª en 2006), Jorgelina Cravero (106ª en 2007), María Emilia Salerni (65ª en 2008), Betina Jozami (132ª en 2009) y Paula Ormaechea (111ª en 2012). La única que ganó algún Grand Slam en singles fue Sabatini, campeona del US Open 1988. Por su parte, Paola Suárez y Gisela Dulko alcanzaron el puesto Nº1 en el ranking de dobles. Y además hubo medallas olímpicas: Sabatini ganó la de plata en Seúl 1988 y la dupla Suárez-Patricia Tarabini consiguió la de bronce en Beijing 2008.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4435 (JUNIO DE 2013)

jueves, 8 de mayo de 2014

El medallero (mayo de 2013)

Por Martín Estévez

Oro: Villa San Carlos
Club fundado en 1925, los Villeros se afiliaron a la AFA en 1967. Su crecimiento en los últimos años es sensacional: en 2002 ascendió de la D a la C; en 2009, de la C a la B; y en 2013 de la B a la B Nacional, tras una gran campaña en la que se destacó el goleador Pablo Vegetti.

Plata: Germán Lauro
Luego del 6º puesto en los Juegos Olímpicos, sigue brillando. A los 29 años, batió el récord sudamericano de lanzamiento de bala: logró 21,26 metros nada menos que en la Diamond League, principal torneo anual de atletismo. En agosto será el Mundial, en Moscú.

Bronce: Marcelo Bielsa
Hace un año prometimos premiarlo incluso cuando sus resultados no fueran extraordinarios. Es el momento: la temporada del Athletic Bilbao fue solamente aceptable, pero el Loco (al igual que Diego Simeone) sigue dejando una excelente imagen en el fútbol español.

Plomo: Instituto (Córdoba)
En la temporada pasada fue furor en la B Nacional, pero se le escapó el ascenso al caer 3-0 de local ante Ferro. También perdió la Promoción y en la 2012/13 hizo una muy mala campaña que, para peor, puede empezar a complicarlo con los promedios en 2014.

Lata: Luciano Leguizamón
Hace un año, la rompía en la Bombonera y Arsenal era campeón argentino. Hoy, casi no tiene lugar en un Independiente escaso de delanteros que pelea el descenso, y sus problemas físicos no ayudan. En lo que va de la temporada, hizo sólo un gol en 15 partidos.

Cartón: Ariel Garcé
Más allá de las decisiones casi siempre reprobables de Ricardo Caruso Lombardi, es evidente que el torneo del defensor de Argentinos Juniors fue el peor de su carrera. Sus compañeros tampoco ayudaron y el Bicho no sólo está último en la tabla, sino que pelea por no descender.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4435 (JUNIO DE 2013)

martes, 6 de mayo de 2014

Tour de France - ¿El fin de las trampas?

Por Martín Estévez

El Tour de Francia celebra su edición número 100 con fuertes medidas para terminar con los casos de doping positivo que opacaron a la competencia durante los últimos años.

Nos guste o no, nos duela o no, estemos de acuerdo o no, en los últimos años al ciclismo de primer nivel se lo vincula con el doping. Hormonas, químicos, sangre congelada, experimentos horribles para mejorar el rendimiento de los ciclistas, para que sean más veloces, más resistentes y más fuertes sin importar lo que ocurra con su salud y su futuro. Maldito el momento en que un deporte tan hermoso como el ciclismo empezó a relacionarse con sospechas y certezas de trampas y aberraciones. Maldito el momento en el que una competencia se convierte en un negocio en el que sólo sirve ganar.

Este tormentoso comienzo para un artículo sobre el Tour de Francia es nuestro aporte, nuestro apoyo a la lucha contra el doping. Porque el primer paso para solucionar un problema es asumirlo. Así lo hacemos en Access DirecTV, al igual que antes lo han hecho los espectadores y los organizadores. Según una encuesta realizada por el diario Metro, el 81% de los franceses no cree que la edición 2013 del Tour vaya a ser limpia; presuponen que habrá ciclistas dopados y otras trampas. La Unión Ciclista Internacional (UCI) admitió que el problema la supera y pidió ayuda directa a la Agencia Francesa Contra el Dopaje (AFLD, sus siglas en francés), que luego de una importante negociación aceptó colaborar. ¿Qué exigió y consiguió la agencia durante esa negociación? Poseer los perfiles biológicos de todos los participantes, conocer siempre su ubicación y determinar junto a la UCI a quiénes se les realizarán controles sorpresa.

Introducción al Tour de Francia
Seguramente la mayoría de nuestros lectores no es aficionada al ciclismo. Por lo tanto, expliquemos qué es el Tour de Francia: la primera competencia de ciclismo que se corrió por etapas, y también la principal. La primera edición se disputó en 1903 y llamó la atención porque, hasta entonces, todas las carreras comenzaban y terminaban el mismo día. Aquel primer tour se dividió en seis etapas que completaban un largo recorrido de 2.428 kilómetros.

A los que imaginan románticos inicios para la competencia, lamentamos decirles que ya en 1904 se excluyó a quienes habían terminado en los cuatro primeros lugares por haber usado caminos no permitidos.

Una de las máximas atracciones del tour es que su recorrido cambia permanentemente, siempre visitando hermosos paisajes franceses que incluyen todo tipo de relieves. Y no sólo franceses, porque durante su existencia también hubo pasos por Alemania, España, Suiza, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco, Andorra, Holanda, Inglaterra e Irlanda.

El belga Eddy Merckx es considerado una de las principales figuras de la historia de la competencia. Entre 1969 y 1974 se impuso cinco veces; sólo no ganó en 1973, año en el que no compitió. Más cerca en el tiempo, el español Miguel Induráin igualó la marca de cinco triunfos, los suyos de modo consecutivo, entre 1991 y 1995. En 1996 triunfó el danés Bjarne Riis, que años después admitió que se había dopado con EPO (eritropoyetina, una hormona que estimula la formación de eritrocitos en la sangre). Se iniciaba así una era marcada por la desconfianza y las sustancias prohibidas.

La bomba Armstrong
En 1998, el tour se vio ensuciado por el Caso Festina. Se trató de una investigación que dejó al descubierto la existencia de una red que estimulaba y encubría el dopaje, liderada por Bruno Roussel, director del equipo Festina. EPO, hormonas de crecimiento y testosterona fueron un cóctel que dejó al principal evento del ciclismo golpeado ante la opinión pública y también internamente.

Sin embargo, la aparición de Lance Armstrong cambió de lugar los focos: dejó de hablarse de doping para elogiar al estadounidense, que logró el fenomenal record de ganar el Tour de France siete veces consecutivas. Entre 1999 y 2005, fue el rey absoluto e impulsó una mayor popularidad de la competencia. Su declive hizo retornar a los espectros de la trampa: el kazajo Alexandre Vinokourov protagonizó un resonante doping positivo en 2007 y, aun peor, el español Alberto Contador ganó en 2010, pero detectaron clembuterol (una sustancia que el cuerpo humano no genera) en su análisis de orina y se le quitó la corona. Lo que ya era una situación vergonzosa terminó en pesadilla cuando se confirmaron las sospechas de que el intocable Armstrong también se había dopado durante su seguidilla de triunfos. Acorralado, Lance reconoció en 2012 que las acusaciones eran ciertas. Se le quitaron los triunfos, pero la mancha sobre el ciclismo internacional será mucho más difícil de quitar.

¿Feliz centenario?
El Tour de Francia, pese a todo, no se detiene. Desde el 29 de junio hasta el 21 de julio, el mundo andará sobre ruedas. En total, serán 3.360 kilómetros divididos en 21 etapas. Todo arrancará en la ciudad de Córcega y continuará con un recorrido que este año será cuesta arriba, con menos tramos de llanura, y con el ascenso a Mont Ventoux y dos subidas al Alpe D’Huez como atracciones fundamentales. La etapa más larga será la 15ª, el 14 de julio: 242 kilómetros entre Givors y Mont Ventoux.

¿Las estrellas participantes? Estarán Alberto Contador, decidido a ganar el título sin ayudas químicas para que esta vez no pueda quitárselo nadie; el inglés Bradley Wiggins, siete veces medallista olímpico y ganador de la edición 2012; el keniata nacionalizado inglés Chris Froome, 2º el año pasado y también en la Vuelta a España de 2011;  y Andy Schleck, nacido en Luxemburgo y ganador del tour en 2010.

Así, en medio de un clima enrarecido por casos de doping que aparecen desde todos lados, sospechas y falta de credibilidad, el mítico Tour de Francia comenzará su edición número 100. La expectativa, sin embargo, es enorme desde muchos puntos de vista. Primero, por saber si tantas campañas antidopaje servirán para que la competición recobre su legitimidad. Segundo, porque estarán las principales figuras del ciclismo buscando un título que, más allá de todo, sigue siendo fuente de prestigio. Y tercero, porque Le Tour de France sigue siendo un espectáculo asombroso, una prueba deportiva de altísima exigencia: la cima del ciclismo internacional.

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº55 (JUNIO DE 2013)

domingo, 4 de mayo de 2014

Sufre siempre, disfruta más

Por Martín Estévez

El mejor jugador de la Copa América dice que eso les pasa a todos los uruguayos. El, que se bancó una infancia complicada, metió 4 goles clave durante el torneo.

“A la hora de patear, uno siempre grita el nombre del ídolo. Cuando yo tenía 8 años, con un compañero de Nacional nombrábamos a Chevantón, que en ese momento creo que era de la Sub 20 y estaba haciendo las cosas bien con Uruguay. ‘Ahí le pega Chevantón’, bromeábamos”. Hace algunos meses, Luis Alberto Suárez recordaba así parte de su infancia, en una entrevista para El Gráfico. Dieciséis años después ya no está bromeando: está festejando la obtención de la Copa América después de meter un gol en la final.

“Es un logro muy importante, este equipo siempre luchó hasta el final. Estamos agradecidos con nuestras familias y con el cuerpo técnico”, dice rodeado de micrófonos después del 3-0 a Paraguay. Son declaraciones obligadas, apresuradas, una versión light de sensaciones mucho más complejas que deben correrle por la sangre. Ahí están la separación de sus viejos cuando era un gurí, la adolescencia repleta de angustias económicas, el orgullo para aferrarse al Nacional de su vida cuando le recomendaban mudarse de club. No es necesario cursar psicología para intuir que todo se acumula en la cabeza, hoy feliz, del muchachito de Salto que le metió tres goles a Perú: uno para empatarle en el debut y dos para ganar la semifinal, para llegar al partido decisivo. Este partido decisivo que ya terminó y en el que gritó su gol número 4 en la Copa, su gol número 21 en la Celeste, el gol número 165 de su carrera.

Luisito tiene 24 años. El diminutivo dejó de tener relación con su edad para ser consecuencia del cariño que ha ido ganándose. En Nacional, claro, donde fue campeón a los 18. Un poquito en el Groningen holandés, camiseta que solo se puso durante un (gran) año. Y mucho en el Ajax, donde gritó uno, dos, tres, ciento once goles, y ganó la Copa de Holanda; un torneo importante, sí, pero no de esos que le hinchan el pecho uruguayo hasta quedar al borde del éxtasis. Un torneo importante, sí, pero no como esta Copa América conmocionante en la que la Argentina de Messi y el Brasil de Neymar vieron por televisión a Luisito absorbiendo una serie de rebotes con su botín derecho, pateando la Tracer Doma con su botín izquierdo, gritando un 1-0 sagrado en Buenos Aires ante los ojos futboleros del planeta.

“Siendo uruguayo siempre sufrís, pero disfrutás más”, cuentan sus palabras sin exigir derechos de autor. Sufrir es también recordar sufrimientos pasados: por eso Suárez lo dice en presente. Disfrutar más son sus cuatro goles al Slovan Bratislava y sus seis al WHC en un partido. Disfrutar más es el pase por 26 millones de euros al Liverpool, son su compañera Sofía y su hija Delfina esperándolo en casa para cenar. Disfrutar más es ser el mejor jugador de la Copa América 2011.

En Montevideo, en Durazno, en Salto, en Rivera, en Tacuarembó, dos pibes de 8 años juegan a la pelota. A la hora de patear, uno siempre grita el nombre del ídolo. “Ahí le pega Luis Suárez”, bromean.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO: URUGUAY CAMPEÓN DE AMÉRICA (JUNIO DE 2011)