sábado, 31 de octubre de 2015

Diego Milito - 22 historias del héroe de Avellaneda

Por Martín Estévez

Los difíciles inicios, el título en las inferiores, la noche que jugó con fiebre y salvó a la Academia, sus alegrías y tristezas en Europa, el paso por la Selección, las estadísticas, todos sus goles... 22 historias del 22 que volvió a Racing para ser campeón.

La foto de tapa. La de la revista que tenés en las manos. Mirala. Conseguirla costó mucho. Teníamos la idea de contar vida y obra de Diego Milito desde que retornó a Racing, pero, a medida que la Academia avanzaba rumbo al título, decidimos esperar el desenlace para ver si, con suerte, publicábamos esta nota cuando la Academia lograra el campeonato. Y lo logró. Entonces, claro, necesitábamos hacer una foto de tapa con Diego y, mientras tanto, repasar con él estas 22 historias.

Las 72 horas posteriores al triunfo de Racing sobre Godoy Cruz lo tuvieron de un lado a otro: festejando en el Obelisco hasta las tres de la mañana; planificando sus vacaciones, retrasadas una semana por la postergación del torneo; y hasta visitando la Casa Rosada. Hubo que buscar un hueco, cualquiera que él tuviera, para que se pusiera la camiseta del campeón y posara para nuestro reportero gráfico. Parecía que se nos escapaba, pero insistimos hasta el último día. La foto de tapa tenía que ser con sus ojos color celeste Racing llenos de la gloria del campeonato. No servía otra cosa.

No hubo tiempo para repasar con él estas 22 historias que elegimos: su mujer, Sofía, y sus hijos, Leandro (7 años) y Agustina (4), esperaban a pocos metros para empezar las merecidas vacaciones. Pero sí para que se pusiera la camiseta especialmente diseñada por el 17º título local de Racing y posara para la tapa. La que tenés en las manos.


1) Sus inicios en Racing
Diego Milito nació el 12 de junio de 1979 en la localidad de Bernal, partido de Quilmes. Quince meses después, nacería su hermano Gabriel. Jugaron juntos al papi fútbol, pero en 1989 sus destinos se separaron. Diego se fue a probar en Racing y comenzó su larga trayectoria en el club. Atravesó las infantiles y llegó a Novena División, pero cuando dio el salto a la Octava, dejó el club. Retornó con edad de Séptima, con otra mentalidad, decidido a demostrar que lo suyo era el fútbol. El 26 de abril de 1997 jugó su partido más recordado en inferiores: metió cuatro goles en un 6-2 contra Independiente, por la Quinta División. Durante su exitoso paso por la Cuarta (ver texto aparte), Racing inició la peor etapa institucional de su historia. Primero, en 1998, Daniel Lalín declaró la quiebra. Luego, en marzo de 1999, el club cerró sus puertas durante algunos días y la desaparición estaba a la vuelta de la esquina. Sin plata para refuerzos, fueron debutando delanteros juveniles (Juan Manuel Zubeldía, Julio Suárez, Lucio Orellano) sin gloria y con pena. Cuando le llegó el turno a Diego, estaba más que listo: tenía 20 años y 5 meses. Fue contra Unión (3-3 en Santa Fe), por la 18ª fecha del Torneo Apertura 1999, bajo la dirección técnica de Gustavo Costas y Humberto Maschio.

2) Campeón con la Cuarta División
La historia fue contada por Albano Bizzarri, Javier Lux y Adrián Bastía hace muchos años. En la pensión donde vivían los jugadores de las divisiones inferiores, una mañana, dejaron de escuchar al gallo que los despertaba. Supieron por qué durante el mediodía: ya no había comida, y tuvieron que sacrificarlo para que los pibes pudieran almorzar algo. No es una historia graciosa, sino triste, y simboliza el deplorable estado en el que Juan De Stéfano y Osvaldo Otero tuvieron a los juveniles durante la década del 90. En ese contexto, no es nada raro que desde 1990 (cuando la Octava de Cubito Cáceres y Roberto Galarza fue campeona) hasta 1999, la Academia no tuviera títulos en inferiores. Los que pensaban que la primera racha que rompió Milito fue la de los 35 años sin campeonatos, están equivocados: él fue parte de la Cuarta División que, dirigida por Jorge Brandoni, cortó con nueve años de sequía a nivel juvenil. Carlos Arano, campeón en 2001, era el capitán de aquel equipo, también integrado por Néstor Ruiz (tercer arquero en aquel Apertura), Leonardo Tambussi, el Piquetero Gustavo Arce y Manuel García, goleador del equipo. El día de la consagración (1-0 a Ferro) hubo 1200 hinchas en la cancha de Almagro. Diego fue titular, como segundo delantero, y vivió su primera vuelta olímpica. Como profesional, daría ocho más.


3) Su primer gol
En el Apertura 99, Diego jugó los dos partidos finales: aquel 3-3 contra Unión y un 3-1 en Avellaneda contra Gimnasia, la noche en la que el Chelo Delgado se despidió con dos goles y el público de Racing se autoproclamó Hinchada del Milenio. En el verano de 2000, le llegó su primera pretemporada. Entró unos minutos contra River (0-2); y, ante Boca, el titular iba a ser Daniel Cordone, un recién llegado. Pero el Lobo no había firmado contrato, y Racing no tenía plata para pagar el seguro ante una posible lesión. Entonces jugó Diego, que metió un gol luego de un error defensivo, y desde ángulo muy cerrado, en el empate 1-1.
Su primer gol oficial, en tanto, llegó en su quinto partido. Racing ya era un infierno (sumaba seis partidos sin triunfos) y, en Avellaneda, empezó perdiendo contra Colón. Diego agarró la pelota a 25 metros del arco de Leonardo Díaz y sacó un derechazo fuerte que viboreó en el aire. El arquero puso flojas las manos, la pelota llegó a la red y el 29 lo festejó de frente a los hinchas, tocándose la cabeza como diciendo: fui yo, fui yo. Claro que estamos hablando del Racing de 2000: finalmente, el equipo se caería a pedazos y Colón terminaría ganando 3 a 1. Qué años difíciles...

4) Amor por la camiseta
“Yo amo a Racing. Muchísimo. Los hinchas son una cosa increíble y lo más grande que hay. Me encanta jugar acá por más problemas que tengamos”. Había terminado el año 2000, una verdadera agonía para Racing, pero Milito declaraba públicamente su amor por la Academia. Mientras la mayoría de los futbolistas huía, evitaba ponerse la que era entonces la camiseta más pesada de la Argentina, Diego soñaba con quedarse y cambiar la historia. Aquel 2000 había sido un desastre. En los torneos de verano, Racing no ganó. En el Clausura, festejó en la primera fecha y luego estuvo trece partidos sin triunfos. En el medio, se retiró Teté Quiroz y renunció la dupla Costas-Maschio. Racing hizo la peor campaña de su historia (15 puntos sobre 57 posibles) y terminó 18º. En el Apertura, apenas ganó un partido de 19, renunció el Pampa Jorge, volvió a batir el récord negativo (11 puntos de 57) y terminó último, debajo de Los Andes y de Almagro. En todo el año, Milito jugó 27 partidos y metió apenas aquel gol contra Colón. El problema no era él: en el Apertura, ningún jugador metió más de 2 goles. “El vestuario, en los últimos partidos, terminó siendo un velorio –contaba en aquellos días–. A veces llegás tan bajoneado a tu casa que no te quedan ganas de hablar. En Racing, cada golpe duele el doble”.

5) El salvador
En enero de 2001, el fútbol de Racing fue gerenciado, Mostaza Merlo asumió la dirección técnica y Milito firmó su primer contrato: cerca de 2500 pesos de sueldo más la prima. Arrancó con goles en el verano (a San Lorenzo y River), pero cuando empezó el Clausura, Merlo puso a Estévez y a Rueda de titulares. Milito, ya con el Nº 11, fue pieza importantísima: jugó 17 de los 19 partidos, marcó un golazo contra Chacarita para empatar 2-2 cuando Racing estaba con 10 y fue el salvador en el peor momento. En la 17ª fecha, Racing perdía 1-0 contra Colón en Santa Fe y lo peloteaban. Si Argentinos le ganaba a Los Andes al día siguiente, alcanzaba a la Academia en la lucha por zafar de la Promoción. Milito, que se había ganado la titularidad, estuvo con fiebre horas antes del partido y se quedó en el banco. Cuando el mundo se venía abajo, Merlo lo mandó a la cancha y, en el último minuto, Diego encaró y, con un derechazo bajo, empató. Festejó con tantas ganas que terminó expulsado. En la fecha siguiente, Racing concretaría su salvación.

6) El sueño cumplido: Racing campeón
“Me está costando hacer goles. No me considero un goleador ni me obsesiono con eso, pero tengo que meterla más. A veces me apuro en el último toque”. El Apertura 2001 había comenzado y la estadística lo perseguía: 3 goles en 49 partidos oficiales. Racing comenzó el torneo con dos triunfos y un empate, y en la 4ª fecha, en su encuentro número 50, comenzó a cambiar su historia frente a los arcos: metió dos goles en un tiempo, esenciales para ganarle 2-1 a Newell's y dejar a Racing como único puntero por primera vez desde 1993.
“Sí, me había obsesionado –reconoció después–. Estaba ansioso, erraba goles increíbles. Y me ponía mal, porque sé que en mi posición tengo que convertir, por eso, estos goles son para la gente, que siempre me bancó. Y eso fue clave, me dio muchas fuerzas para no aflojar”. Esos gritos no fueron el único aporte de Milito en la campaña que terminó con la Academia como campeón argentino por primera vez en 35 años. Diego le dio una exquisita asistencia a Estévez contra San Lorenzo cuando el partido estaba empatado (terminó 4-1); participó de la jugada que abrió el marcador contra Unión (2-0); ante Colón (2-1), metió el primero tras desviar un remate de Bastía, e hizo un jugadón en el segundo, definido por Maceratesi; y en la anteúltima fecha, cuando el título peligraba, mostró toda su técnica, reventó el travesaño, y Chatruc empujó la pelota para poner el 2-0 y cortar el sufrimiento. El festejo se postergó por la crisis social que explotó a fin de año, pero Racing terminó llenando dos canchas y el Obelisco el 27 de diciembre, tras empatar 1-1 contra Vélez. Diego, Francisco Maciel y Martín Vitali fueron los únicos que jugaron los 19 partidos del torneo.


7) El partido perfecto
Sin la presion del bajo promedio ni la de salir campeón, porque la racha estaba cortada, se vio al mejor Milito. Arrancó el Clausura 2002 con goles a Argentinos Juniors (1ª fecha) y Newell's (4ª). Parecía que el arco se le cerraba de nuevo, porque estuvo ocho partidos sin convertir, pero le hizo un gol a Gimnasia (3-2) luego de correr 45 metros con la pelota, y le empató sobre la hora a Chacarita con un fierrazo de zurda. Con 4 tantos, ya era su torneo más eficaz, pero faltaba lo mejor. Contra Boca, la rompió. Primero, definió entre las piernas de Abbondanzieri. Y el segundo fue un golazo: ingresó al área por derecha, enganchó para adentro y definió cruzado, al palo lejano del Pato. Racing ganó 2-1, y Diego jugó su primer partido perfecto. En los diarios le llovieron los 10 puntos de calificación. “Se está convirtiendo en un gran definidor”, lo elogió Humberto Maschio. “Fue el mejor partido de mi carrera -dijo Diego-. En el primero, lo vi a Abbondanzieri con las piernas abiertas; en el segundo, juro que la quise poner ahí, al lado del palo. Cuando me di vuelta, apareció el hueco justo”.

8) Un momento difícil
El 29 de agosto de 2002, Diego Milito recibió una de las peores noticias que pueden recibirse: su papá, Jorge, había sido secuestrado. Fueron 19 horas de mucho sufrimiento, hasta que fue liberado luego de pagar un rescate de alrededor de $ 100.000. A Diego, en esos días, una fuerte lesión en el isquiotibial izquierdo lo tenía fuera del equipo que dirigía Osvaldo Ardiles. El secuestro de su papá fue alrededor de las 12.30 del mediodía, en Bernal, y recuperó su libertad a las 7.30 del día siguiente, cuando lo liberaron en Berazategui. Fue una semana de tensión en Racing porque, días antes, Maximiliano Estévez había sufrido un accidente automovilístico. Tras el secuestro de Jorge, las autoridades del club decidieron aumentar las medidas de seguridad durante los entrenamientos. También eran días de tensión y tristeza en el país, porque el hecho estuvo enmarcado en una ola de delitos, el peor de ellos cometido por la Policía Bonaerense, que el 26 de junio asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en una terrible represión acontecida precisamente en Avellaneda.

9) Sus pasos por la Selección
La relacion de Milito y la Selección no fue exactamente un romance. Tuvo buenos momentos, pero muchos factores influyeron para que resultara un amor injustamente efímero. El que más confió en Diego fue Marcelo Bielsa, que lo hizo debutar el 31 de enero de 2003, ante Honduras: cuando iban apenas 15 minutos de juego, metió el primer gol del 3-1. En aquella gira también se enfrentó a México (1-0) y Estados Unidos (1-0). Su cuarto partido fue el mejor: dos goles en un amistoso contra Uruguay, 2-2 en el Estadio Unico de La Plata. Bielsa volvió a utilizarlo contra Uruguay (3-2), Japón (2-1) y Perú (3-1), por las Eliminatorias, en 2004. Fue su último partido antes de renunciar.
En la temporada 2005/06, Diego la descosió en Zaragoza (21 goles), pero José Pekerman sólo lo puso contra Cataluña (3-0) y Croacia (2-3), y terminó dejándolo fuera del Mundial 2006 al elegir en su lugar a Julio Cruz. Alfio Basile tampoco le dio demasiado espacio. Algunos minutos en amistosos contra Francia, Suiza, Argelia y Noruega (2007); la Copa América, donde jugó apenas dos veces y le metió un gol a Colombia; y dos partidos en Eliminatorias, ante Uruguay (2-1) y Chile (0-1).
Con Maradona en el banco, Milito cumplió el sueño de jugar un Mundial, previos duelos contra Venezuela (4-0), Colombia (1-0), Ecuador (0-2) y Brasil (1-3) por Eliminatorias, y un amistoso ante Rusia (3-2). En Sudáfrica 2010, Diego entró contra Nigeria (1-0, el día de su cumpleaños) y fue titular contra Grecia (2-0).
En sus últimos partidos en la Selección (1-0 a Irlanda y 0-1 con Japón, ambos en 2010) se repitió un dato clave que lo explica todo: Diego Milito jamás jugó un partido completo en la Selección. En sus 26 partidos, entró o salió. ¿Era posible ganarse el puesto de esa forma?


10) Su primera Copa
racing jugo dos Copa Libertadores en los últimos 25 años.Una fue en 2003 y, claro, estuvo presente Milito. La Academia, como campeón del Apertura 2001, también se había clasificado para la Sudamericana 2002: eliminó a River y, pese a un gol de Milito, perdió por penales contra San Lorenzo. En la Libertadores, el Racing de Milito, Bastía y Mariano González (foto) hizo una gran campaña: ganó invicto el grupo ante Universitario, Nacional y Oriente Petrolero, pero quedó eliminado por penales ante América de Cali. Diego jugó 8 partidos y gritó dos veces.

11) Hasta luego, Diego
tras el titulo de 2001, Milito jugó cuatro torneos, y en todos fue el goleador de Racing: metió 6 en el Clausura 2002, 8 en el Apertura 2002, 6 en el Clausura 2003 (en la foto, ante Huracán) y 8 en el Apertura 2003. A fines de ese año, el Genoa de Italia ofertó 1.700.000 dólares por la mitad del pase; y Fernando Marin, sólo preocupado por juntar billetes, regaló a Milito. Diego, que había sumado 148 partidos y 37 goles oficiales en el club, pidió despedirse en la cancha. Por eso, jugó en el debut del torneo de verano 2004: 3-0 a San Lorenzo.

12) El falso ascenso
“¿A dónde te vas a jugar?”. A Diego Milito se lo preguntaron varias veces cuando aceptó la oferta del Genoa de Italia. Aunque era uno de los mejores delanteros del fútbol argentino y ya tenía experiencia en la Selección, aceptó irse al Genoa, que peleaba por no descender a la Serie C, Tercera División del fútbol italiano. “El Genoa es como Racing”, se dio cuenta enseguida: hinchada multitudinaria y seguidora destinada a sufrir. Diego llegó en la mitad de la temporada 2003/04 y debutó con un gol ante Ascoli (1-1). “No creo en el descenso, yo quiero ascender el año que viene”, declaraba con confianza en un momento crítico. En la 31ª fecha, el equipo estaba 23º (anteúltimo) y jugaba un partido clave ante Venezia. Empataban 0-0 y Diego, suplente, entró en el segundo tiempo, se hizo cargo de un penal que nadie quería patear y metió el 1-0 que lo empezó a convertir en ídolo. A partir de ese triunfo, Genoa mejoró (él aportó 12 goles en 20 partidos) y terminó 16º. “No fue fácil ambientarme al fútbol italiano, pero en el próximo torneo podré dar mucho más”, se animó a decir el adorado Milito. Y cumplió: su temporada 2004/05 fue majestuosa. “Si el presidente lo vende, le parto una pierna”, decía entre risas el entrenador, Serse Cosmi, a mitad de temporada. Diego marcó 19 goles hasta la última fecha, en la que había que ganar o ganar. Y apareció Diego, con dos goles más, para el 3-2 a Venezia que significaba el título y el ascenso. “Esto es increíble, sufrimos mucho, pero estoy muy feliz”, declaró entonces, sin saber que, días después, se descubriría que el presidente, Enrico Preziosi, estuvo involucrado en arreglos de partidos. El castigo fue para todos: no sólo se anuló el ascenso, sino que el Genoa fue descendido a la Serie C. Qué mala suerte, Diego.

13) Unidos y separados
Los Milito son una de las parejas de hermanos más exitosas del fútbol argentino. Lo curioso es lo lejos y lo cerca que han estado durante sus carreras. Gabriel es defensor, símbolo de Independiente y ganador de 14 títulos, 10 con el Barcelona. Diego es delantero, símbolo de Racing y ganador de 8 títulos, 6 con el Inter. Se enfrentaron por primera vez en el Clausura 2000 y lucharon en cada clásico hasta que Gabriel se fue a España en 2003. El más recordado es justamente el último, jugado en el Clausura de ese año. No sólo porque Diego metió un gol (empataron 1-1), sino porque, además, luego de una infracción de Gabriel sobre Chirola Romero, le pidió al árbitro que lo expulsara, y tuvieron una intensa discusión.
Claro que el fútbol no sólo los separó. También jugaron juntos en el Zaragoza entre 2005 y 2007, y le metieron goles al Barcelona en un mismo partido, que terminó 2-2. También compartieron cancha en la Selección. En un amistoso jugado en 2003, Argentina y Uruguay empataron 2-2: Diego hizo los dos goles argentinos, y Gabriel metió uno en contra.

14) ¡Cuatro al Real Madrid!
Luego del escandalo en Genoa, que cayó a la Serie C por la corrupción de su presidente, el club tuvo que desprenderse de Milito. Su destino fue el Zaragoza, al que llegó a cambio de unos 6 millones de euros por una recomendación: la de su hermano Gabriel, que jugaba ahí desde 2003. No necesitó adaptación: en su primera temporada, la 2005/06, marcó 21 goles. Lo más memorable sucedió en la Copa del Rey. Zaragoza eliminó al Atlético de Madrid de Bianchi en octavos de final y al Barcelona en cuartos, con dos goles suyos. En semifinales, el rival fue Real Madrid. El partido de ida, jugado el 8/2/06, fue increíble. A los 14 minutos, metió el 1-0. A los 21, el 2-0. A los 34, el 3-0. Real descontó, pero a los 10 del segundo tiempo, Milito metió su cuarto gol en el partido, que terminó 6-1. El 22, que sólo una vez había marcado tres goles, gritó cuatro nada menos que ante el equipo de Casillas, Sergio Ramos, Roberto Carlos, Beckham, Robinho y Ronaldo. El Zaragoza estaba lejos de ser un conglomerado de estrellas: César, Generelo, Zapater o Celades no son nombres que asusten. Pero el que metió miedo fue Milito, en una noche mágica y llena de récords. Por caso, la última vez que el Madrid había recibido 6 goles había sido en 1999, ante el Valencia del Piojo López. Y el último que le había metido cuatro a los Merengues había sido un tal Esteban Echeverría, de Oviedo, en 1947. “Milito vivirá en los altares del Zaragoza el resto de sus días. Respondió con cuatro goles todo ese amor que le profesa La Romareda”, escribió el diario español El País. La temporada, de todas formas, terminó con gusto agridulce. Zaragoza perdió la final de la Copa del Rey, y Diego no fue conovocado por Pekerman para el Mundial.

15) Su único descenso
¿Que pasó? Todavía se lo preguntan los hinchas del Zaragoza, que no entienden por qué el equipo pasó de pelear el título a descender a Segunda en apenas un año. Luego de su primera temporada, en la que llegó a la final de la Copa del Rey, Milito volvió a dar un salto de calidad en la 2006/07. Goles clave ante Betis (2-1), Sevilla (2-1), Villarreal (1-0), Atlético de Madrid (1-0) y Barcelona (1-0) llevaron al Zaragoza a pelear por entrar a la Europa League, clasificación que consiguió en la última fecha gracias al gol Nº 23 de Milito, a quince minutos del final. Sólo un jugador en Zaragoza anotó más que él en una temporada: Seminario en la 61/62. Pero en la 2007/08, si bien el equipo no brillaba, se ubicó de mitad de tabla para arriba hasta la fecha 22. De golpe, se vino a pique: sacó 13 puntos en las últimas 16 jornadas y descendió. Milito, por los 15 goles que marcó durante la temporada, y los 61 en tres años, se salvó de los reproches, pero sufrió como todos.


16) El primer retorno
A Milito le gusta volver. No sólo por lo que pasó en Racing: en 2008, al terminar su estadía en Zaragoza, retornó al Genoa. Recapitulemos: en 2005, el equipo había sido enviado a la Serie C por culpa de su presidente. Durante los años que Diego estuvo en España, Il Grifone saltó dos categorías y volvió a la A. Y ahí lo buscó a Diego, ídolo total.
¿Cómo le fue? Aunque parezca repetitivo, la rompió. En el repaso, es notable la regularidad en la carrera de Milito, el alto nivel que mantuvo durante más de una década en Europa. “Tuve la sensación de que nunca me había ido, es como un cuento”, dijo después de redebutar en la liga con gol y triunfo ante el Milan. Y ya no paró. Le hizo 3 goles a Reggina y ganó los dos clásicos ante Sampdoria: 1-0 con gol suyo, y 3-1, con tres suyos. Una bestia. Terminó la temporada con 24 goles. Estuvo a sólo uno de Zlatan Ibrahimovic, el capocannoniere del Calcio. Impulsado por él, Genoa logró un histórico 5º puesto que le permitió ingresar en la Europa League. Si la primera despedida había sido triste, esta fue una fiesta total. Dijo adiós con dos goles, un triunfo 4-1 al Lecce y la clasificación. El Inter estaba dispuesto a pagar 16 millones de euros para que intentara cortar otra racha: 45 años sin ganar la Champions League.

17) El año perfecto
Ni siquiera Messi, con perdón de sus apóstoles, ha tenido una temporada tan perfecta como la 2009/10 de Diego Milito. El tipo llegó al Inter, campeón italiano, con bastante poco para ganar. Los tifosi querían levantar la Champions League, que se les escapaba desde hacía 45 años. Ser campeones de Italia, algo de por sí difícil, sería sólo repetir el logro del año anterior. Y no ganar nada... puf, fracaso absoluto. ¿Algo más? Sí: Milito tenía que reemplazar a Zlatan Ibrahimovic, goleador de la liga anterior. Mamma mía...
Liga, partido 2: gol y figura en el 4-0 de visitante en el clásico ante Milan. Liga, partido 4: empieza perdiendo ante Cagliari y gana 2-1 con dos goles suyos. Champions League, partido 4: Inter se juega la clasificación a la siguiente ronda en Ucrania. Milito mete un tanto clave para el 2-1 al Dinamo Kiev. Liga, fecha 21: gol y figura en otro triunfo ante Milan (2-0). Champions League, cuartos de final: define la clasificación con un grito para derrotar 1-0 al CSKA Moscú. Champions League, semifinal: gol y figura en el partido de ida. El Inter de Mourinho elimina al Barcelona de Guardiola, Messi, Xavi, Iniesta e Ibrahimovic. Copa Italia, final: mete el gol del 1-0 a Roma. Segundo título de su carrera. Liga, última fecha: mete el gol del 1-0 a Siena. Tercer título de su carrera. Champions League, final: mete los goles del 2-0 al Bayern Munich de Van Gaal, Robben y Thomas Müller. Cuarto título de su carrera.
“Diego es fundamental para nosotros”, admitía el Pupi Zanetti. “Logró tanto que parece que estuviera acá hace mucho, ¡pero llegó esta temporada!”, festejaba Cambiasso. Por su enorme nivel, ganó el premio al mejor futbolista de Europa y, también, el justísimo pasaporte para cumplir el sueño que se le había roto cuatro años antes: jugar el Mundial.

18) Diego es Mundial
Jamás jugó un partido entero en la Selección. “La renuncia de Bielsa me perjudicó, él confiaba en mí”, decía Milito en 2004. Ningún otro, ni Pekerman, ni Basile, ni Maradona, ni Batista, apostó por él. De todas formas, su magnífica temporada 2009/10 obligó al otro Diego a convocarlo para la Copa del Mundo. En Sudáfrica, Messi, Tevez e Higuain fueron los titulares de Maradona en ofensiva. Milito, con la camiseta 19, jugó 12 minutos en el debut contra Nigeria (1-0) y vio desde afuera el 4-1 a Corea del Sur. En el tercer partido, con el equipo clasificado, fue titular junto al Kun Agüero; y cuando se abrió el marcador (gol de Demichelis) salió reemplazado. No volvió a jugar, ni siquiera cuando Alemania fue depositando, uno por uno, los goles del 4-0 que nos estampó en cuartos de final. Un año después, Batista lo convocó para la Copa América jugada en la Argentina, pero no ingresó ni siquiera un minuto.

19) Me verás volver
En Inter lo amaban. No es para menos: después de su brillante temporada 2009/10, siguió metiendo goles (75 en 165 partidos) y ganando títulos: la Supercopa Italiana y el Mundial de Clubes en 2010, y la Copa Italia 2011 (marcó uno en la final). Pero ya en aquel 2011 empezó a sentir el llamado: “Siempre sueño con volver a Racing. Es el club que me formó y le tengo un cariño enorme”, declaraba sin exageraciones. El Inter lo retenía porque era clave: el 1-0 en el clásico de 2012 ante el Milan fue por gol suyo, y ese mismo año volvió a meter cuatro goles en un partido: ante Palermo, en un divertido 4-4 bajo la nieve. Y, ya que estaba, tres en el 5-4 a sus amigos del Genoa, y otros tres en el 4-2 que dejó al Milan sin título. Metió 23 goles en la liga 11/12, pero ya lo tenía decidido: volvería a Avellaneda en 2013. “En los últimos años, Milito estaba más pendiente de Racing que del Inter”, contó hace poco tiempo Nicolás Burdisso, compañero en Italia. Pero no fue fácil: el 14 de febrero de ese año, se rompió los ligamentos de la pierna izquierda. No podía volver a Racing así, especialmente por lo que él mismo había declarado en 2006: “En nuestro país, cuando superás la barrera de los 30 años te ven como un viejo que roba la plata y que está de vuelta”. Se llenó de dudas. Decidió esperar un año más para ponerse a punto físicamente y regresar a la Academia en su mejor forma. Y, pese a las ofertas millonarias de otros clubes, en 2014 se animó y lo dijo: “Vuelvo a Racing”.

20) A nueve goles de un record histórico
Esperar un año más para volver terminó siendo peligroso. En esos doce meses, la Academia pasó de una gran campaña de de 62 puntos a una pésima de 33. Retornaron las polémicas y el murmullo del promedio. El día que volvió, durante la conferencia de prensa, le preguntaron por el título y por el récord de goles en Racing en los últimos 39 años. Parecían objetivos lejanos, pero uno lo cumplió, y el otro...
Milito suma 166 partidos y 43 goles en la Academia. Los 40 que hizo en el fútbol local lo convierten en el segundo máximo artillero del club en torneos cortos, sólo superado por Maximiliano Estévez, que sumó 41. O sea que, con dos gritos en 2015, Diego tendrá el récord en su poder.
En cuanto a amistosos, Diego tiene 19 partidos y 5 goles (4 en torneos de verano y uno ante Guaraní de Paraguay).
Sin embargo, la gran marca que puede conseguir es otra. Desde el retiro del Chango Cárdenas (en 1976), el máximo goleador con la camiseta de Racing es Roberto Ropero Díaz, con 51 gritos. Diego volvió con 37 y en un semestre llegó a 43. Si mantuviera ese ritmo, en 2015 podría convertirse en el máximo goleador desde el gran Chango. ¡Faltan 9, Diego!


21) Messi, Milito y después, el resto
El máximo goleador argentino en actividad es Lionel Messi, con 444 tantos. ¿Quién está segundo? Sí: Diego Alberto Milito. Sus 59 gritos en Genoa, 61 en Zaragoza, 75 en el Inter, 4 en la Selección y 43 en Racing suman un total de 242, una barrera que el resto todavía pelea por superar. Esa cifra, además, lo ubica en el puesto 320 entre los máximos goleadores de todos los tiempos, posición que puede ir mejorando si Milito sigue despertando redes. Más allá de las posiciones en el campo de cada uno, el héroe de Avellaneda ya ha superado en ese rubro, entre otros, al danés Michael Laudrup y a los argentinos Ricardo Infante y Bernabé Ferreyra; alcanzó al holandés Patrick Kluivert; y tiene cerca a José Manuel Moreno, al italiano Alessandro Altobelli y al brasileño Careca.

22) El hombre que todo lo puede
Los 9 años de Racing sin ganar un título en inferiores. Los 35 que pasó sin ser campeón local. Los 45 sin que un jugador de Zaragoza marcara 23 goles en una liga. Los 45 años sin que el Inter fuera campeón de la Champions League. Otros 13 que estuvo la Academia sin festejar desde que se fue. Y 12 sin participar de la Copa Libertadores. Sumalos: 159 años de malas rachas destrozadas por Diego Milito.
Su vuelta a Racing fue con triunfo ante San Martín de San Juan, por Copa Argentina. Al segundo partido, primer gol, en el 3-1 a Defensa y Justicia. Otro grito ante Arsenal (el 1-0, de penal) y uno contra Independiente llevaron la cuenta a 3 en apenas 6 partidos. Pero Milito se lesionó en el clásico. y Racing cayó en un pozo. Sin él, la Academia sumó el 8% de los puntos: empató un partido y perdió 3. Con él en cancha, obtuvo el 85%: ganó 14, empató 1 y perdió 2.
Diego volvió contra Boca y asistió a Bou con un gran pase de pecho. Ante Estudiantes (fecha 11), abrió el marcador con un cabezazo de goleador. La noche en que se enojó al ser reemplazado fue contra Gimnasia (fecha 14); seguramente, cuando Bou clavó el tiro libre goleador, se habrá arrpentido de haber tirado la cinta de capitán al suelo. Frente a River (fecha 17) participó del gol en contra de Funes Mori, y frente a Central (fecha 18) metió dos goles hermosos. Y en la fecha 19, contra Godoy Cruz, el hombre que rompe las rachas rompió una más.

Publicado en El Gráfico N°4453 (enero de 2015)

jueves, 29 de octubre de 2015

Mil veces Federer

Por Martín Estévez

El mejor tenista de la historia está a punto de llegar a su milésimo triunfo. Por eso, aprovechamos para repasar sus récords y qué marcas le quedan por batir hasta que termine su brillante carrera.

Los periodistas tenemos una obligación: cada vez que nombramos a una persona, debemos contextualizarla. Decir a qué se dedica o dónde nació. Con Roger Federer, eso no hace falta. Es universalmente conocido tanto por sus logros como por su contra-carisma: parece frío, poco expresivo, bonachón, pero aun así consiguió un cariño en el planeta que, con suerte, cuatro o cinco deportistas recibieron en la historia. 

Mientras escribimos estas líneas, Roger está de vacaciones, listo para comenzar la temporada 2015, en la que rápidamente cruzará otra barrera destinada a las leyendas: la de los mil triunfos. El suizo suma 996 y, según la lógica, durante enero ya llegará a los cuatro dígitos.

Hasta 2009, su gran deuda era Roland Garros, pero lo ganó. Y hasta 2014 le faltaba la Copa Davis, misión casi imposible porque necesitaba ayuda de sus compatriotas, pero apareció Wawrinka y también la logró. ¿Y ahora? Para motivarse, reinventarse y correr una pelotita durante horas, a los 33 años, Federer tiene que encontrar nuevos objetivos, metas, marcas para igualar o superar. Pero, antes de eso, repasemos los que ya están bajo su raqueta.

Los records que ya tiene

Posee centenas de marcas, pero elegimos las más importantes para no aburrirlos. 

*Entre los tenistas que todavía están en actividad, Federer es el que tiene más títulos (82), más finales (124), más semifinales (167), más partidos jugados (1223) y más ganados (996).

*Entre todos los tenistas de la historia, es unos de los cuatro que lograron ganar los cuatro Grand Slams. El que más títulos tiene sobre cemento (56) y sobre césped (14). El que más finales de un mismo torneo jugó: 11 en Basilea, Suiza. El que más partidos ganó sobre cemento: 617. El que derrotó más veces a un Top Ten: 182.

*En los Grand Slams (los cuatro torneos más importantes), sus logros son inmensos. Es el que más torneos ganó (17), el que llegó a más finales (25) y semifinales (36). El que venció en más partidos (279) y el que jugó más torneos de forma consecutiva (60). También posee el récord de finales en Wimbledon (9), y de semifinales (11) y triunfos en Australia (73).

*El último torneo de cada temporada fue cambiando de nombre con el tiempo (Masters, World Tour Finals), pero a Federer no le importan las denominaciones: es el que más veces lo ganó (6) y el que suma mayor número de victorias (48). 

*¿Más? Claro: Roger es el tenista con más triunfos en Juegos Olímpicos (13), con más semanas como líder del ranking mundial (302) y con más semanas entre los dos primeros (428). Podríamos seguir durante treinta páginas, pero lo mencionado alcanza para entender lo importante que es Federer en la historia del tenis.

Los records que le faltan

Acá empieza la parte interesante. Vayamos en orden cronológico. 

*Además de los mil triunfos (lleva 996), el primer gran logro de Federer en 2015 podría llegar enseguida. Si gana algún título, se convertirá en el tenista que obtuvo al menos un torneo durante más años consecutivos: 15. Hasta el momento, la marca de 14 la comparte con Ivan Lendl.

*En el Abierto de Australia, que se disputa este mes, hay dos marcas en juego. Si llega al partido decisivo, se convertirá en el tenista con más finales disputadas en el torneo: 6, y superará las 5 del sueco Stefan Edberg. Y si se consagra campeón, también será el que tenga más títulos ahí: 5, dejará atrás los 4 de Andre Agassi y de Novak Djokovic. Cuidado, que el serbio está vigente y también buscará ese récord.

*En mayo llegará Roland Garros, con más números por analizar. Federer está 2º en partidos ganados en París, con 61, pero el gran problema no es que el líder, Rafael Nadal, lleve 6 de ventaja, sino que el español es el mejor en polvo de ladrillo y es probable que también sume triunfos. Acá, lo máximo a lo que debería aspirar Federer es a recortar la distancia. Nadal también es el que más finales jugó (9) y Roger está lejos (5), pero tiene un gran objetivo cerca: si llega al séptimo partido, alcanzará al sueco Björn Borg en el segundo lugar de la historia.

*La corta etapa de torneos sobre césped siempre disfrutó del mejor Federer. Es el quinto jugador con más triunfos sobre esa superficie (131), pero necesitará de bastantes más para alcanzar al cuarto, Rod Laver (147). 

*Otra marca de triunfos que persigue es la de 84 victorias en Wimbledon que ostenta Jimmy Connors. Roger tiene 73 y, como máximo, este año podría llegar a 80. ¿Batirá el récord en 2016? 

*Un record más que deberá esperar hasta esa temporada es la de semifinales en Wimbledon. Connors lidera con 11, y el suizo ha sumado 9 hasta ahora, al igual que el alemán Boris Becker. 

*Lo que sí puede lograr muy pronto es lo más importante: el octavo título en el torneo. Así dejaría de compartir el liderazgo con Pete Sampras, que también ganó 7, y se acercaría a los 9 que ganó Nadal en Roland Garros, máxima cifra en un Grand Slam.

Sabemos que este texto es un gran embrollo de números y estadísticas, pero el truco será guardar la revista y, cada vez que se acerque un torneo, revisar cuál de estas marcas está en juego.

*El último Grand Slam de la temporada 2015 comenzará en agosto: el US Open. En Flushing Meadows está una de las marcas que Federer tiene más cerca: los 73 triunfos conseguidos por Lendl. El suizo suma 72 y con sólo llegar a la tercera ronda, se convertirá en el tercero con más festejos. Arriba de él quedarían Agassi (79, Roger lo alcanzaría si resulta campeón) y Connors (98). 

*En cuanto a finales, Federer ya ha jugado 6 y sólo lo superan Lendl, Sampras (8) y Connors (7). El logro máximo en disputa es el de ser el máximo campeón en la historia del Abierto de Estados Unidos. Roger ya ha igualado los 5 títulos de Sampras y de Connors, pero si se impone este año, será el único rey.

Objetivos a largo plazo

Además de todas estas marcas que Federer puede modificar torneo a torneo, existen otras que irán evolucionando durante toda la temporada, y recién a finales de 2015, podremos saber cuánto o cuán poco ha avanzado sobre ellas el suizo.

*El francés Fabrice Santoro es poco conocido fuera del ambiente del tenis, pero posee un gran récord: ha jugado 70 torneos de Grand Slam. Federer comparte el segundo puesto con el australiano Lleyton Hewitt (62 cada uno), pero si disputa los cuatro de esta temporada, llegará a 66, y estará en carrera para alcanzar a Santoro en 2016.

*Los 109 torneos que Jimmy Connors consiguió durante su carrera son inalcanzables, pero no los 94 que suma Lendl, segundo en ese rubro. Roger acumula 82 y necesitaría al menos 5 títulos en 2015 para mantener sus chances de alcanzar a Ivan.

*Más difícil la tiene en el apartado “finales jugadas”: lidera Connors, con 163; lo sigue Lendl, con 144; y el suizo rema desde atrás: 124. Sería una verdadera hazaña que jugara dos decenas más en su carrera.

*Paciencia, que ya falta poco. Dejamos de lado los torneos y vamos al partido a partido. Ya dijimos que Federer ha ganado 996. ¿Quiénes lo superan? Connors (qué raro), que obtuvo 1253 triunfos; y Lendl, con 1071. ¿Qué necesita el suizo para mejorar su tercer puesto? Triunfar en 38 partidos en 2015 y en otros 38 en 2016. Con eso, superaría a Ivan. No parece difícil.

*Además de partidos ganados, Connors (1531) y Lendl (1310) lideran la tabla de encuentros jugados. El podio también lo completa Roger, que acumula 1223. Si sigue compitiendo en 2016, el segundo puesto lo espera.

*Hay otra tabla interesante: la de aces (puntos conseguidos directamente desde el saque) que pueden ver en la imagen. ¿Lo tenían a Roger tan determinante con su servicio? En cuanto consiga 80 puntos más por esa vía, superará al estadounidense Andy Roddick.

Al finalizar la última competencia de la temporada 2015 (ATP World Tour Finals), sabremos no sólo si Federer es el que más finales jugó en ese torneo (suma 9, igual que Lendl); también se determinará en qué puesto finaliza. 

Si Roger consiguiera mantenerse todo el año entre los tres primeros, superaría las 595 semanas que Connors estuvo en el podio, ya que suma 540. Y lo alcanzaría en años terminados como Top 3: doce. 

Lo último, y nos vamos a mirar tenis: si en algún momento vuelve a ser líder del ranking, Federer se convertirá en el Nº1 con más edad de la historia, marca que tiene Agassi: 33 años y 4 meses. Vamos, Roger: queda mucho por lograr.

Publicado en El Gráfico N°4453 (enero de 2015)

martes, 20 de octubre de 2015

Tayavek Gallizzi - No para de crecer

Por Martín Estévez

Cuando era chico, sufrió la inundación de Santa Fe y la fragilidad de su bicicleta. En 2014 fue a la Selección como sparring y terminó jugando el Mundial al lado de sus ídolos. Hoy, Taya lucha por minutos en la Liga Nacional.

“Yo tenía 10 años cuando fue la inundación. Estaba en la parte más alta del techo de mi casa, que tenía cuatro metros y medio de alto, y veía cómo el agua se nos iba acercando. Pasó una lancha en la que entraban tres personas más. Mi mamá nos puso a mí, a mi hermano y a mi hermana, que lloraba porque no se quería ir, así que se quedaron las dos. A nosotros nos llevaron. Bajamos en algún lugar y mi hermano, que era más grande, empezó a caminar. A mí me subieron a hombros de alguien y lo perdí de vista. Me llevaron al hospital de niños. Me quedé ahí solo, perdido, muerto de miedo. No sabía qué había pasado con mi mamá y mi hermana. Un señor de la Cruz Roja me llevó a su casa, me dio ropa y comida. Sonó el celular de mi mamá, que estaba en una bolsa. Atendí y era mi abuela. Al otro día me fueron a buscar, pero mi mamá y mi hermana siguieron perdidas. Cuando las encontraron, estaban en un refugio. Dormimos en la casa de otros familiares hasta que bajó el agua y pudimos volver a limpiar, porque había barro hasta en el techo. Perdimos todo: ropa, muebles. Es un momento que no te podés olvidar nunca en la vida, te marca mucho. Es traumático”. 

Tayavek Gallizzi habla de la inundación que sufrió Santa Fe, y su familia, entre el 29 de abril y el 3 de mayo de 2003. Y aunque esta es una revista sobre deportes, nos pareció importante dejar el relato entero. 

En aquella tragedia hubo entre 60 y 160 muertos, dependiendo de la fuente a la que se recurra, pero lo más terrible es que muchas de ellas eran evitables. Tayavek, hoy, lo puede contar. Otros y otras, lamentablemente, no.

-¿Mejoró algo en Santa Fe, o sigue inundándose si llueve?
-Recién ahora están empezando a hacer cloacas, el agua no queda tan estancada y se inunda un poco menos. Mi mamá todavía vive en el mismo lugar, pero, por suerte, la pude ayudar para arreglar bastante la casa.

Tayavek era un basquetbolista con buen futuro hasta 2014, cuando se convirtió en algo más: en la sorpresa del plantel que jugó el Mundial. Pivote alto (2,05) y con simpatía por el juego fuerte, luego de almorzar todos los días con Scola, Nocioni y Prigioni durante aquel torneo en España, volvió a luchar por cada minuto en cancha en Quilmes de Mar del Plata. Llegó ahí a los 17 años. Antes, había vivido en Santa Fe Capital.

-¿De dónde surge el nombre Tayavek?
-Les pregunté a mi mamá y a mi papá, pero no tienen idea. Lo eligieron sólo porque es raro. Lo quise buscar, pero no apareció ningún significado. Sólo apareció un tipo que se llama igual que yo y que debe plata, así que no busqué más (risas). El segundo nombre, Ismael, es por mi abuelo.

-¿Tus viejos tienen nombres raros?
-¡Fabiana y Jorge! Uno de mis hermanos se llama Jorge, pero a los demás también les pusieron nombres raros: Ayrton, Atenas y Nayibé.

-¿Cómo te iba en la escuela?
-Regular. Tenía años muy buenos y otros, medio bajos. Hasta 7º grado fui a la escuela Bialik, de la comunidad judía, por eso después llegué a Maccabi. Los profesores se portaron excelente conmigo. Me acuerdo de que tenía una bicicleta medio vieja y se rompía todo el tiempo, pero la usaba para ir al club. Siempre que salía, no sabía si iba a volver caminando, o peor: con la bicicleta en el hombro. Y mis amigos me prestaban su bicicleta, o me ayudaban a arreglarla, porque plata para otra bici no había. En Maccabi tuve dos entrenadores: Javier Martínez y Fernando Esquivel, que me regaló una bicicleta que era suya.

-¿Cuánto tenías de viaje en bici?
-Veinte, treinta cuadras. Me pasaban cosas insólitas. ¡Hasta se me salió la rueda entera! Se me cortó la cadena, la rueda se descentraba, se trababa y no podía pedalear más. También me he enojado y la he cagado a patadas a la bicicleta… Pero más de una vez me salvó.

-¿El secundario lo pudiste terminar?
-Sí, lo terminé. La última materia que rendí fue... ay, es una que me tuvo... ¿Cuál era?... Me tenía loco, me tenía mal. No me acuerdo...

Se queda un poco molesto, pero le decimos que no importa, que siga contando. “También tuve apoyo de los entrenadores. Yo no tenía plata para los viajes, y ellos la juntaban para que pudiera ir. Jugué desde los 5 años hasta los 12, cuando dejé durante casi dos años. Javier Martínez llamaba todos los días a mi casa, le mandaba mensajes a mi mamá. Me estaba todo el día encima. Al final me convenció y volví para quedarme con el básquet ”.

-Le debés una. ¿Le regalaste una camiseta?
-Todavía no. Supe que dejó de dirigir por un problema de salud, pero me imagino la cantidad de tarjetas que debe haber gastado llamándome. Le voy a regalar alguna importante.

-¿Con la religión cómo te llevás?
-No le presto mucha atención. Iba a una escuela judía y siempre me trataron muy bien, pese a no ser judío. Incluso les dieron una mano a mis padres en la inundación. Si tuviera que pagar todas mis deudas, no terminaría más. Lo único que me queda es agradecer.

El de 2014 no fue el primer Mundial para Tayavek. En 2010 jugó el Sub 17 (9º puesto en Alemania) y en 2011, el Sub 19 (4º en Letonia).

-¿Cómo llegaste a la selección juvenil?
-Yo ni celular tenía. Como siempre estaba con Leonardo Galarza, que es como un hermano para mí, ponía su número en todos lados. Entonces lo llamaron a él y después me mandaron un mail. En la preselección yo no sabía ni dónde estaba parado, era algo hermoso, pero esperanzas de quedar no tenía.

-¿Qué recordás de la primera copa?
-Era la primera vez que viajaba en avión, y al lado tenía a una chica con más miedo que yo. Había turbulencias y estaba asustadísimo, pero copiaba a los demás. Si estaban tranquilos, hacía como que estaba tranquilo. También me acuerdo de que debutamos contra Estados Unidos, y hasta el tercer cuarto íbamos ganando. Perdimos por poco y, después, Estados Unidos arrasó con todos los demás.

-¿Y del Sub 19?
-En esa tenía 18 años y yo decía: “No hay chances, hay chicos de 19”. Los entrenamientos eran asperísimos, todos queríamos un lugar.

-Eso a vos no te molesta...
-No, si jugamos callados, me gusta jugar fuerte. Vos jugás fuerte y yo juego fuerte, pero no te quejés. Me molesta cuando el otro se queja, me hace calentar. En Letonia, jugar iba a ser difícil, porque estaban Marcos D’Elía y Matías Bortolín. Yo iba a ser tercer pivote, pero Matías se lesionó, así que el titular fue D’Elía y yo le daba minutos de descanso. Terminamos cuartos y casi jugamos la final.

-Relevo, recambio, dar descanso. Es la función que te tocó hasta ahora. ¿Lo vivís tranquilo, porque sos joven, o no tanto?
-Es muy difícil. Me molesta, pero bueno, tengo que aceptar que no es el momento todavía. El día que me toque, tendré que demostrar cómo me estaba preparando. Con el tiempo fui sumando minutos, así que no puedo decir que esa fórmula no funciona. Hace dos años, en el TNA, estaba remal porque había partidos en los que no jugaba, o jugaba un minuto. Llegué a pensar que estaba perdiendo el tiempo. Pero si estás rodeado de gente que te quiere, te va a decir que te sigas entrenando. Cuando me dejó afuera del Sudamericano 2014, Nicolás Casalánguida me dijo que lo que me faltó fue más oficio en la posición, que eso me lo iban a dar los años. Y es verdad. Cada vez que entro, se me cierra todo, no puedo ver más allá de la pintura. A veces me siento cómodo, pero son más los partidos en los que se me nubla todo.

-¿A Quilmes cómo llegaste?
-En la preselección Sub 17 me vio el que terminó siendo mi representante. Un día apareció y me dijo que había una oferta para ir a Quilmes, que estaba en liga A. Justó descendió, así que arranqué en el TNA 2010/11, me fui con la Sub 19 y el equipo terminó ascendiendo. De ahí, un año a Unión Progresista, de Chaco, en el TNA 2011/12, donde volvimos a ascender. Pasé de promediar un minuto a promediar 3. Pero Quilmes descendió, así que jugué otra vez el TNA en la 2012/13. Tuve altas, bajas y muy bajas. Pero en las finales, contra San Martín, tuve una participación muy importante desde el primer partido, cuando metí 16 puntos, hasta el último. Pensé que la temporada iba a ser un desperdicio, pero terminó siendo buena. Y ahora vengo promediando pocos minutos, pero estoy contento por lo que me viene pasando.

-¿En qué momento te apareció la primera esperanza de jugar el Mundial?
-Cuando quedábamos Nicolás Richotti, Franco Giorgetti y yo; de nosotros tres iba a quedar uno. Los cortaron a ellos, pero nadie me vino a decir que había quedado. Tuve que aguantar el festejo por respeto. Recién cuando viajamos pude decir: qué feliz que soy.

-¿Quién te ayudó a adaptarte?
-Con el tema del entrenamiento, Scola. Pero para integrarme no había diferencias, todos me hicieron sentir parte. A Manu, lo miraba de reojo y decía: “Estoy con Manu Ginóbili, no lo puedo creer”. Con los demás, después de tanto tiempo, me terminé acostumbrando.

-¿Cómo es convivir con Nocioni, tu ídolo?
-Lo miraba todo el tiempo. Contra España, se quería postear Ibaka, y el Chapu peleaba, peleaba, peleaba, no lo dejaba recibir la pelota. Después, lo buscaban a Ibaka para darle la pelota en el poste bajo, y él mismo no quería saber nada. Pedía que dieran vuelta la pelota. Chapu siempre sigue peleando, tiene mucha actitud, se la banca contra todos. Si tiene que pegar, pega. Si se tiene que chocar la cabeza contra la pared, choca. Y a la vez es inteligente. Me gusta que sea cabrón, aguerrido.

-¿Y con Leo Gutiérrez cómo fue?
-Con Leo me había peleado en el último Quilmes-Peñarol. Cuando me sumé al plantel, lo saludé pensando “capaz que ahora viene la piña”. Pero me saludó bien. Después, contra Brasil, yo había errado cuatro tiros libres y, en el entretiempo, Leo se puso al lado y me empezó a pasar la pelota. “Tranquilo, aflojate un poquito, la mano más derecha, el codo más arriba -me decía-. Andá a la línea de tres puntos y volvé”. Me la pasaba, me la pasaba, me la pasaba. Y en el segundo tiempo metí cuatro tiros libres seguidos.

-Parecía que no ibas a jugar pero jugaste: dos minutos ante Senegal. ¿Qué sentiste?
-Era un momento maravilloso, no quería que se arruinara por mis nervios. Entré contento, feliz. Y yo, que siempre tuve problemas con los tiros libres, metí los dos.

-¿Se puede pensar antes de un tiro libre?
-En el receso de la temporada 2013/14, me junté con Esquivel a entrenar tiros libres, porque erraba un montón. El me decía: “Los hombros derechos, los pies derechos, no flexiones tanto”. En el Mundial, en ese momento, sólo pensé en tener los hombros derechos, los pies derechos y no flexionar tanto. Tiempo hay. Eso sí, si estás muy nervioso, hay que pensar en otra cosa: en un pato, en cualquier cosa.

-¿Te cambió la vida después del Mundial?
-Cambió porque me reconocen. En Santa Fe, antes decían: “Mirá ese chico, qué alto”. Ahora es: “Taya, ¿me puedo sacar una foto?”. Y también ahora esperan que haga 20 puntos y 20 rebotes en todos los partidos. Y es algo que nunca hice y que todavía no lo voy a hacer.

-¿Quién lo espera: los hinchas, la prensa, los rivales, tus amigos?
-Un poco todos. Pero si la temporada pasada no lo hice, ahora tampoco. No es que de repente soy bueno (risas). Si yo pienso en que tengo que hacer 20 puntos y 20 rebotes, no voy a poder jugar bien nunca.

-¿Qué te ayuda a soportar la presión?
-Hablarlo con amigos, con compañeros, con mi novia. Yo soy medio cerrado, no me gusta contar mis problemas. Pero eso me hace mal y lo veo reflejado en el básquet. Todo lo que me pasa me afecta en el básquet. Cuando estoy bien, tengo buenos juegos. Si no, no.

La entrevista, de casi una hora, terminó. Las fotos se hicieron días después, en la previa de un partido de Quilmes. Tayavek mostró mucha predisposición y se despidió con una sonrisa. Cinco minutos después, volvió para decir algo: “Me acordé, me acordé: la última materia que di fue derecho”. Y ahí sí respiró aliviado.


El maestro Scola
“En uno de los primeros entrenamientos previos al Mundial -cuenta Gallizzi-, Scola se me acerca con la pelota abajo del brazo. Me la da y me dice: ‘Mostrame tu mejor movimiento’. ¡A mí no se me ocurría nada, no sabía qué hacer! La agarré y pensé: ¿qué hago? Hice un pique, giré y me la defendió. Giré de nuevo y me la volvió a defender. ‘Listo, tiro’, pensé. Y tiré cualquier cosa. Se me puso la mente en blanco y no sabía qué mierda hacer. El abrió los ojos y me dijo: ‘A ver, vení, hacé esto’. Y me enseñó otros movimientos, me los hizo repetir, me mostró cosas que yo ni tenía en cuenta. Un grande”.

62% La efectividad de Gallizzi en tiros libres durante los últimos tres años de su carrera. En la temporada 2012/13, metió 33 de 51. En la 2013/14, 87 de 142. Y en la actual acertó 15 de 24. En el Mundial 2014, jugó un solo partido: ingresó dos minutos ante Senegal. Le cometieron una infracción y fue a la línea y tuvo efectividad perfecta: metió los dos.

Publicado en El Gráfico N°4453 (enero de 2015)

sábado, 10 de octubre de 2015

Tabla histórica del fútbol argentino (1891-1900)

Tabla histórica de Primera División. Aparecen los equipos que actualmente continúan existiendo.

Quilmes 13
Banfield 1

jueves, 8 de octubre de 2015

Tenis 2015 - Choque de generaciones

Por Martín Estévez

En el Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada, los ganadores de siempre competirán con jóvenes que han irrumpido con fuerza en el circuito.

Ahora sí. La lenta transición que el tenis masculino ha vivido durante los últimos años ha llegado a su fin. En esta temporada 2015, los viejos y queridos maestros (Roger Federer, Novak Djokovic, Rafael Nadal y, a esta altura, Andy Murray) ya estarán completamente mezclados, en ránking e instancias decisivas, con la nueva generación. 

Jóvenes como Kei Nishikori, Milos Raonic, Grigor Dimitrov y Bernard Tomic dejaron de ser promesas para ser rivales serios y formados, candidatos en cada torneo y aspirantes a la cima del tenis mundial. El Abierto de Australia, primer Grand Slam del año, servirá como muestra de lujo del nuevo panorama que tendrá el deporte de la raqueta.

La vieja guardia
Señoras y señores, preparen las palmas para comenzar a despedir a algunos genios. David Ferrer, por ejemplo. Tuvo un pequeño declive en 2014 (terminó 10º) y, a los 32 años, existen indicios de que esa disminución de triunfos se intensificará este año. Más allá de que, por talento y mentalidad, hasta puede ganar Roland Garros, a largo plazo su juego, basado en el esfuerzo físico, sentirá el desgaste. Será casi imposible volver a ver una temporada en la que el español gane 60 partidos y se mantenga cómodo en el Top Ten.

En el mismo contexto podemos enmarcar a otros tres españoles, Feliciano López (33 años, terminó 14º en 2014), Tommy Robredo (32 años) y Fernando Verdasco (31), al francés Julien Benneteau (32), al croata Ivo Karlovic (35) y al australiano Lleyton Hewitt (33). A menos que atenten contra la lógica, sus mejores años ya quedaron atrás y flotarán entre la subsistencia en el Top 50 y, sencillamente, el retiro.

En un universo aparte vive el suizo Roger Federer. Aunque llegará a los 34 años durante la temporada, será un rival durísimo para todos. Luego de un gran 2014 en el que terminó 2º en el ránking, lo suyo será seguir batiendo récords partido a partido. Y, si su cuerpo no sufre ninguna lesión despiadada, casi podemos confirmar su presencia hasta 2016 inclusive.

La edad perfecta
Los tenistas profesionales suelen alcanzar su mejor nivel entre los 26 y los 29 años. En ese grupo encontramos a muchos jugadores que están en condiciones de quedarse con los espacios que los mayores vayan cediendo, o manteniéndose arriba de todos.

Entre ellos, claro, Novak Djokovic y Rafael Nadal. El serbio, líder del ránking mundial, lleva un lustro entero como gran protagonista del circuito y volverá a serlo en este 2015. De hecho, es el principal candidato a ganar el Abierto de Australia. El español sufrió por sus lesiones durante el año pasado, sin embargo terminó 3º. Tal vez en el inicio de la temporada no encuentre su mejor forma física, pero en Roland Garros ya lo veremos en plenitud.

El suizo Stanislas Wawrinka, el checo Tomas Berdych, el francés Jo-Wilfried Tsonga (todos con 29 años), el sudafricano Kevin Anderson, el estadounidense John Isner (28), el italiano Fabio Fognini (27), el croata y campeón del US Open, Marin Cilic, y el letón Ernests Gulbis (26) también están en su punto justo: madurez mental y fortaleza física. Mención aparte merece el escocés Andy Murray, que a los 27 años es una especie de bisagra que une a los gigantes (Federer-Djokovic-Nadal) con los “terrenales”.

Sangre nueva
Desde hace ya cuatro años que, desde Access DirecTV, veníamos repitiendo constantemente sus nombres, y finalmente las amenazas se concretaron: la nueva generación del tenis dio el salto en 2014 y acecha los primeros lugares del ránking.

El japonés Kei Nishikori fue nada menos que finalista del último US Open y terminó en el 5º puesto. Tiene apenas 25 años, los mismos que el eslovaco Martin Klizan (finalizó 34º). De ellos dos se esperan todavía mejores resultados en 2015. Y ya podemos imaginar que, si Nishikori supera su temporada pasada, será porque ganó un Grand Slam o porque ingresó entre los cuatro mejores.

El polaco Jerzy Janowicz (43º) y el argentino Federico Delbonis (61º) poseen todavía mayor margen. Ambos tienen 24 años y un potencial muy grande que los llevará a ser protagonistas de la temporada.

Y luego asoma el grupo de los revoltosos de 22 y 23 años, pequeños que, con toda la carrera por delante, tienen derecho a cierta irregularidad: el belga David Goffin (22º), el estadounidense Jack Sock (42º), el español Pablo Carreño Busta (51º) y el australiano Bernard Tomic (55º).

Por último, mención detallada para cuatro: Milos Raonic, Grigor Dimitrov, Dominic Thiem y Nick Kyrgios. 

El canadiense Raonic es el Top Ten más joven (23 años) y tiene un estilo de juego similar al de Federer que alucina a los aficionados. 

El búlgaro Dimitrov tiene su misma edad y terminó 11º en 2014: su techo todavía no se ha descubierto y posiblemente pelee por ser número 1 a corto plazo. 

El austríaco Thiem sorprendió a todos durante la última temporada y, con apenas 21 años, ingresó entre los cuarenta mejores. 

Y el que viene ahora, claro, es el nombre que oiremos repetir cientos de veces en la próxima década: el australiano Nick Kyrgios, de adolescentes 19 años, maduró de golpe y tiene mucho, muchísimo tiempo para seguir progresando.

Primer round: Australia
Sobre la veloz superficie australiana se disputará la primera gran batalla de la temporada, la misma en la que Wawrinka conmocionó al levantar el trofeo en 2014. Claro que el suizo no será el principal favorito. Djokovic, Federer y Nishikori parten a la cabeza, con Murray y Nadal (en caso de que su cuerpo lo permita) como los mayores rivales. 

Sudamérica, por suerte, contará con varios tenistas que llegarán con ansias de superar la primera semana: los argentinos Leonardo Mayer, Delbonis y Juan Martín Del Potro; el colombiano Santiago Giraldo; el uruguayo Pablo Cuevas; y el brasileño Joao Souza.

Desde el 19 de enero hasta el 1º de febrero, todos, desde los que tienen 19 hasta los de 35 años, se mezclarán en un punto de Oceanía para comenzar a delinear la temporada 2015. ¿Experiencia o juventud? ¿Quién reinará?

Recuadro -  Ellas comparten la gloria
En 2014, el circuito femenino evitó el potencial dominio de Serena Williams, que a los 33 años es una verdadera leyenda contemporánea. Aunque la estadounidense fue la que ganó más títulos (7) y finalizó primera en el ránking, los cuatro torneos de Grand Slam tuvieron campeonas diferentes. La china Na Li festejó en Australia; la rusa Maria Sharapova se impuso en Roland Garros; la checa Petra Kvitova conquistó Wimbledon; y justamente Serena se quedó con el trofeo del US Open. Además de ellas, la serbia Ana Ivanovic (4 títulos) y la italiana Flavia Pennetta (obtuvo Indian Wells) también vivieron una temporada exitosa.

Las candidatas en Australia serán ocho, porque hay que sumar dos nombres más: la rumana Simona Halep (23 años) y la canadiense Eugenie Bouchard (20), potenciales número 1 del mundo en el futuro cercano. ¿Posibles revelaciones de la temporada? La española Garbiñe Muguruza (21), la ucraniana Elina Svitolina (20) y la estadounidense Madison Keys (19).

Publicado en Access DirecTV N°74 (enero de 2015)

miércoles, 7 de octubre de 2015

Racing campeón 2014 - Racing está de vuelta

Por Martín Estévez

La vuelta de Milito generó la vuelta de Racing a los primeros planos y la vuelta olímpica en Avellaneda. Trece años después, otra vez campeón.

Este texto debería ser una crónica del partido que, el 14 de diciembre de 2014, jugaron Racing Club y Godoy Cruz. Pero qué les importa a estos 55.000 tipos que están acá, y a los millones que festejan por el mundo, lo que pasó a los 9, 42 o 73 minutos de un partido. Qué les importa el orden táctico, la concentración en la pelota parada o el modo en que se hicieron los relevos. Es 14 de diciembre de 2014, y Racing es campeón del fútbol argentino. No importa nada más.

¿Qué es Racing?
No existen clubes mejores ni peores, pero existen particularidades que hacen especial a cada club. Y, por eso, no es lo mismo un título de River que uno de Huracán, no es igual que el próximo torneo lo gane Vélez o que sea el primero de Gimnasia en el profesionalismo.

En la Argentina, Racing es la suma de las excepciones, el club particular por excelencia, lo inexplicable que intenta ser explicado todos los días. Porque sí, es cierto, todos los clubes tienen particularidades. Pero en Racing todo es particular, impredecible. O el éxtasis o la catástrofe. O la gloria o la humillación.

La gran mayoría de los equipos del planeta tienen una tendencia estadística. En Primera, por ejemplo, Boca o River ganan más partidos de los que pierden, más allá de alguna mala racha. Y otros equipos, como Banfield, Tigre u Olimpo, saben que terminar arriba es difícil, y que perder más partidos de los que se ganan no es terrible.

Racing no tiene tendencia. No la tiene, en serio. Ir a ver un partido de Racing es, para los matemáticos, el espacio perfecto para lo imprevisible. Acá va el dato: desde la creación de los torneos cortos en 1991, sumando campeonatos locales, internacionales, copas, amistosos, todo lo que quieran sumar, la Academia jugó 1108 partidos, de los cuales ganó 381, empató 342 y perdió 385. Así de parejos (y de desparejos) fueron, en los últimos 24 años, los resultados de Racing.

Nada se sostiene demasiado: en el año 2000 hizo la peor suma de su historia (26 puntos en 38 fechas) y en 2001, la mejor (71 en 38). En la temporada 2013/14 terminó último (33 en 38) y en este torneo, primero (41 en 19).

Son décadas enteras de inestabilidad. En el 93, Racing le ganó al campeón River, pero perdió el título por su derrota ante Newell’s y su empate con Ferro. En el 99, cayó 7-0 contra Palmeiras y, días después, le empató al Boca de Bianchi, en la Bombonera, con un jugador menos. Ese mismo año, le ganó 3-2 al River de Ramón Díaz y lo dejó sin título; pero, a la semana siguiente, perdió 3-0 de local contra Estudiantes. En el 2001, le ganó 2-1 al Boca campeón del mundo, pero luego cayó 4-0 en Avellaneda contra Almagro. En el 2005 era puntero, pero perdió el Clausura por empates contra Huracán de Tres Arroyos y Almagro. Y un larguísimo, larguísimo etcétera.

No existen clubes mejores ni peores, pero a estos tipos que cantan desaforados, hoy, acá, vestidos de celeste y blanco, les ha tocado (o han elegido) subirse a uno de los trenes más particulares, formar parte de una de las historias con más puntos altos y bajos del fútbol argentino. Estos tipos son de Racing.

Diario de una pasión
¿Por qué lloran y ríen a la vez, si son campeones? ¿En qué piensan estos 55.000 tipos (y tipas), qué es lo que los lleva a soltar tanta angustia acumulada?

Lo que piensan es que, en el 84, jugaban en la B mientras su clásico rival era campeón del mundo. Que, en el 86, tuvieron que alquilarle su plantel a Argentino de Mendoza, porque no tenían ningún torneo que jugar. Que en el 88, cuando iban rumbo a cortar la racha de 22 años sin títulos, un injusto le tiró una bomba de estruendo a Navarro Montoya, y Racing perdió ese partido, dos puntos más y el rumbo.

Piensan que, con Rubén Paz, soñaban con el título en el 91, pero el uruguayo se lesionó al meter un gol en el partido anterior, y no jugó el encuentro clave, ante Boca: Racing perdió 6-1. Que cuando era único puntero y le ganaba a Ferro, en el 93, el Loco Dalla Líbera festejó el gol del 2-0 (¡ni siquiera lo había hecho él!) sacándose la camiseta, y lo expulsaron. A partir de ahí, le empataron el partido y todo se derrumbó.

¿En serio hay que escribir sobre el partido, contar que Racing utilizó su esquema tradicional, un 4-4-2 vertiginoso, con Centurión dispuesto a romperlo a la velocidad del rayo, Bou moviéndose por todo el frente de ataque y Milito haciendo siempre lo que le pide la jugada? La realidad es que tal vez ellos, los de Racing, olviden pronto estos noventa minutos, pero evidentemente, antes de que empezara el partido, no se podían olvidar de otras cosas.

De que llegaron con chances la última fecha del Apertura 95 y necesitaban que perdiera Vélez, pero el rival de Vélez era Independiente. Que los del Rojo festejaron como propios los goles del 3-0 del Fortín, porque significaba que Racing seguiría sumando años a sus 29 sin festejos. O que el primer gol de cabeza de un arquero en el fútbol argentino fue de Chiquito Bossio, de Estudiantes, en el Cilindro, para un 1-1 que los alejó de la punta del Clausura 96.

La previa
Tres horas antes de que arranque el encuentro, el estadio ya muestra cubierta más de la mitad de su capacidad. Ninguno de los que tienen menos de 55 años vio a Racing festejar un título en su cancha: la última vez fue en 1961. La atmósfera invade: pareciera que el destino de la humanidad está en juego en estos noventa minutos.

¿Tan difícil es para Racing el desafío de ganarle de local a Godoy Cruz, el equipo más goleado del campeonato? Puf: ¿no alcanzó con lo anterior para entender?

En el 97, casi no se juega un partido de la Supercopa en Avellaneda por las deudas que el club tenía con sus empleados. Mientras los jugadores viajaban rumbo al estadio, se llegó a un arreglo.

En el 98 se hizo un exorcismo en el estadio, pero seis meses después, Racing consumó la segunda peor campaña de su historia, y Daniel Lalín declaró la quiebra del club. Ese mismo año, llegó invicto a los cuartos de final de la Copa Mercosur, definió por penales contra San Lorenzo… y erró los cuatro que pateó.

Ellos escucharon lo que ningún otro grande de la Argentina escuchó alguna vez. “Racing Club Asociación Civil ha dejado de existir”, dijo Liliana Ripoll en marzo de 1999. Los que tienen más de 20 años se acuerdan bien de ese momento. Por todo eso es que ahora, que son campeones, ríen y lloran a la vez los hinchas de Racing. Pero está bien: no nos adelantemos y hablemos sobre lo que pasó en el encuentro final del campeonato.

El partido
Después de un recibimiento tan espectacular como podía esperarse, y también un poco más, llegó el pitazo inicial. Racing salió feroz, nada de esperar, nada de cuidar el cero y esperar el momento justo. Racing salió a ser campeón.

A los 4 minutos, Gastón Díaz ya había hecho amonestar a un rival que frenó con violencia su desborde por derecha. A los 6, conexión entre Bou, que la mató de pecho, Milito y Díaz, cuyo buen centro terminó en córner. A los 8, el que desbordó, pero por izquierda, fue Centurión. Y lo hizo de nuevo un minuto después: Milito conectó su centro con sutileza y el arquero la mandó al tiro de esquina.

Los jugadores de Godoy Cruz casi no llamaban la atención. Apenas hubo silbidos intensos para Rubén Ramírez, de mal estado físico cuando jugó en la Academia, y respeto por lo que podía hacer José Luis Fernández, capitán rival surgido de las inferiores académicas.

Los que no pasaban desapercibidos eran los propios: a los 13 minutos, cuando Videla ganó una pelota en mitad de cancha luego de batallar contra tres rivales, bajó la ovación para un volante que hacía seis meses se había ido al descenso y ahora… ahora nada, porque el partido todavía estaba 0-0.

Las posibilidades de sacarse la presión de encima, de meter el gol que desatara el vendaval, continuaron con un cabezazo desviado de Bou tras centro de Pillud, el único bueno que tiró el lateral derecho durante el partido. Godoy Cruz pateó al arco por primera vez a los 15 minutos, pero en un partido así, el cero en el arco propio no alcanzaba.

Racing tenía que ganar y siguió yendo a buscar ese triunfo. A los 18, escapó Bou, movedizo, pero remató demasiado cruzado, cerca del palo derecho de Moyano. Y a los 20, parecida chance para Centurión, y similar también la definición: cruzado y cerca del poste derecho.

De a poco, el optimismo se convirtió en obligación. Los 55.000 que gritaban no querían meter presión ni querían quedarse callados; los jugadores simulaban mostrar calma, pero por dentro, lógicamente, les corría fuego.

Milito asumió un tiro libre cerca del área, a los 30, y se le fue alta por poquito. Centurión volvió a escapar a los 37, pero el buscapié terminó en el “uuuuuuhhh” de las jugadas que pasan cerca. Se extinguieron demasiado rápido los minutos del primer tiempo, y la historia no era como Racing la imaginaba: 0-0, pero ahora quedaban sólo 45 minutos para cambiar la historia. Qué difícil.

Entretiempo
Difícil, en realidad, era ser de Racing cuando, en la Copa Mercosur 99, Palmeiras le ganó 7-0, River lo derrotó 4-0 y Cruzeiro también le regaló un 4-0. Ese mismo año, por el torneo local, la Academia perdió 4-0 contra Boca y 4-0 contra San Lorenzo. Todo en sólo un año.

Era difícil ser de Racing, pero los 55.000 que están acá lo siguieron siendo, con orgullo, contra cargadas inocentes, pero también durante momentos de tristeza real, de angustia profunda, de desesperación.

¿Sabés lo que es despertarte todos los días y escuchar una y otra vez que la deuda no baja, que quieren cerrar tu club, que los jugadores se van por falta de pago, que el promedio acecha, que los demás ganan y golean y festejan mientras tu equipo sólo pierde y sufre, y vuelve a perder y vuelve a sufrir?

Ellos, estos 55.000, y los millones que están por ahí, lo saben. Lo saben demasiado bien. Por eso ríen y lloran a la vez cuando, al ratito de empezado el segundo tiempo, Centurión peleó la pelota como si fuera Videla, Milito recibió y la abrió como si fuera Milito, y Gastón Díaz desbordó como si fuera Walter Fernández: enganche hermoso hacia adentro, marcador desairado y centro perfectísimo para que Centurión, que siguió la jugada, como pide el manual, metiera el cabezazo, también como pide el manual: cruzado, a contrapierna del arquero. La tocó un defensor antes de que entrara, pero dénselo, denle todo el gol a Centurión. El que surgió de inferiores, brilló enseguida, lo vendieron, se cayó el pase, se lesionó feo, bajó su nivel, fue vendido de nuevo y volvió por falta de pago. Todo eso en dos años. El pibe de 21 años que se bancó la 10 de Racing y que, ahora, corre medio estadio mirando a las tribunas para terminar abrazado con todo el banco de suplentes.

Gol de Racing. Gol de Racing, gol de Racing, gol de Racing.

La costumbre de sufrir
Ahora, cuando el partido está 1-0 y el vendaval se desató, recién ahora los hinchas se permiten olvidar por un momento de todo aquello que les hace contener tantas cosas en la garganta, en el pecho, en el alma.

Por algunos minutos dejan de recordar que, en el 2000, Fernando Quiroz era el capitán de un Racing que había perdido 3 partidos de sus últimos 22, pero Teté sintió que su estado físico no era el mejor, que el equipo sufría su lentitud, y se retiró para dejarle lugar a los más jóvenes. Minutos después de que dijera adiós, ovacionado, comenzó una larga racha oscura: de los siguientes 37 partidos, Racing ganó 3.

Que, ese año, 14 jugadores de Racing fueron rematados. Sí: un martillero les ponía un precio de base e iban al mejor postor. Nadie tuvo la crueldad de realizar ofertas, y todos quedaron libres.

Que sí, que hubo un festejo: el del Apertura 2001. Pero justo cuando estaban por celebrar, la Argentina estalló tras doce años de corrupción y desidia, y el torneo se suspendió. Hubo que esperar hasta el 27 de diciembre para festejar. Y, claro, sufriendo hasta el último minuto: hasta el arquero de Vélez, Gastón Sessa, fue a cabecear al área de Racing para arruinar el 1-1 que le daba el primer título después de 35 años. Y el último hasta hoy.

Pero volvamos, volvamos al partido, que de eso se trata este texto. Al momento posterior al gol de Centurión: parece que será un título tranquilo, nada de agonía, nada de sufrir. River empata ante Quilmes, la Academia saca cuatro de ventaja, aunque todavía quedan 34 minutos cuando Godoy Cruz hace sonar la alarma por segunda vez, con un centro peligroso que nadie puede empujar.

El estadio Juan Domingo Perón se mueve, canta, explota, saborea un campeonato del que sólo lo separa media hora. Pero la siguiente llegada de Godoy Cruz es demasiado rápida, a los 19 minutos, y mucho más peligrosa que las anteriores. Si no hubiera sido por Lollo, el empate habría llegado.

Ahí, claro, los hinchas volvieron a recordar algunas cosas. Por ejemplo que, desde el 2003, hubo cuatro partidos en los que Racing empezó ganando 3-0 y en los que terminó empatando o perdiendo. Y que en ese lapso, a ninguno de los otros equipos grandes les pasó ni una sola vez.

Basta, basta: nada de maldiciones, nada de pensamiento negativo. Pero Ayoví gana un cabezazo en el área a los 28 y los hinchas gritan y se atragantan a la vez. Y se atragantan mucho más a los 33 minutos, cuando Milito habilita con delicadeza a Hauche, que había entrado tres minutos antes para liquidar la historia, y Hauche la liquidó: gran definición cruzada y Racing camp…

No, no, nada de eso: bandera levantada, finísimo offside y, encima, malas noticias desde Quilmes. El gol de River obliga a Racing a sostener el triunfo para no regalar lo construido durante 18 fechas.

Ahí sí, a esos 55.000 y a todos los demás se les vino la memoria encima. El gerenciamiento, que terminó vaciando al club y llevándolo a la debacle deportiva; la Promoción que tuvieron que atravesar en 2008 para defender su lugar en Primera; los tres años, 36 meses enteros, en los que debieron calcular su promedio y el de otra decena de equipos para esquivar una y otra vez el Nacional B; las resurrecciones momentáneas con Juan Manuel Llop, con Caruso Lombardi, con Miguel Russo, con el Cholo Simeone, con Luis Zubeldía. Resurrecciones que eran sucedidas por otra caída, otro pozo, otra tristeza.

River gana y Godoy Cruz se viene, y la crónica de este partido, que no tenía que importarle a nadie, empieza a importar. A siete minutos del final, la gran Racing se hace presente: barullo en el área, se viene el empate, se viene la caída del imperio de Cocca, pero Lollo, Lollo querido, Lollo vestido de Loeschbor, Costas y Basile, todos juntos, salva por segunda vez en el partido, por centésima vez en el campeonato. Sufrimiento estilo Racing, para honrar la historia.

No volverá a haber ninguna cornisa más que atravesar. Los restantes minutos pasarán despacio, pero sin falta de aire. Existió todo un año, entre julio de 2013 y junio de 2014, en el que no salió nada bien, y Racing vio pasar técnicos, jugadores y dirigentes sin lograr levantarse, y terminó último, debajo de todos en la temporada.

Eso fue hace menos de seis meses. Y ahí, en ese momento peligroso, Diego Milito, al que todos siguieron por la tele durante una década, decidió volver. Y también volvieron Centurión y Grimi. Y llegaron Cocca, y Lollo, y Nico Sánchez, y Gastón Díaz, y Acuña, y Videla, y Acevedo, y Castillón, y Bou. Y cuando llegó Bou, todos se preguntaban cómo, cómo Racing había dejado ir al colombiano Roger Martínez, promesa de inferiores, para traer a un delantero del montón. Y terminó siendo del montón de goles. Perdón, Bou.

Saja siguió teniendo el alto nivel de siempre, Aued dejó de tener el flojo nivel de siempre (si en algo colaboró Mostaza Merlo en este título, fue en sacar al volante del ropero), Cabral se ganó el puesto en la defensa y Hauche aprendió que es mejor no hacer todo más o menos, sino algunas cuantas cosas bien.

Un título local en 48 años, malas rachas increíbles, sufrimientos, quiebras, promociones. Y estadio lleno, no sólo en esta última fecha, sino siempre, desde el debut ante San Lorenzo hasta este final, el final del 14 de diciembre de 2014. El final del día en el que, por fin, por segunda vez en medio siglo, Racing es campeón del fútbol argentino

Publicado en El Gráfico: Racing campeón (diciembre de 2014)