jueves, 6 de febrero de 2014

Racing Club - Un sentimiento inexplicable

Por Martín Estévez

Cuando Racing cumplió 100 años, en 2003, parecía haber escapado de las tinieblas. El equipo había roto el hechizo de los 35 años sin títulos y hasta se daba el lujo de soñar con la Copa Libertadores. Sin embargo, fue sólo un espejismo, porque los desmanejos de la empresa que gerenció el fútbol del club, Blanquiceleste S.A., lo hicieron retroceder a viejos problemas institucionales, económicos y deportivos.

Diez años después, otra vez hay esperanzas. Por fin, Racing Club volvió a ser una asociación civil manejada por sus socios y empezó una lenta, pero firme reconstrucción, que incluye sus sedes, su estadio, sus actividades extrafutbolísticas y, claro, el equipo. La Academia peleó el descenso en 2001, 2006, 2008, 2009 y 2010. Demasiadas veces estuvo al borde de la B Nacional, de repetir la pesadilla de 1983, pero en los últimos torneos ha demostrado grandeza: fue subcampeona en el Apertura 2011 y en la Copa Argentina 2012, y sumó 33 puntos durante el Inicial 2012, la mejor campaña desde el título de 2001. 

Los números parecen una frivolidad, pero acompañados de otros datos no lo son: desde su regreso a la democracia, Racing aumentó su número de socios, recuperó actividades deportivas que agonizaban, revalorizó a sus divisiones inferiores, potenció el predio Tita Mattiussi, intentó (a veces con éxito y otras, no tanto) alcanzar la unidad política y evitar luchas internas que debilitaran a la institución.

Hasta aquí, la parte formal de esta bienvenida. Los hinchas saben que detrás de las estadísticas, los datos y la información existe el verdadero Racing, un Racing que vive enreverado en una pasión a veces hermosa y a veces sin sentido, un poco placentera y casi siempre dolorosa. 

Racing dejó de ser un simple club desde que Ohaco empezó a meter goles cada vez que respiraba, desde que los hermanos Perinetti se saludaban desde los extremos del ataque, desde que Olazar lideró a una tropa de argentinos, con nombres y apellidos argentinos, hacia la conquista de un deporte que se pretendía inglés. Racing es mucho más desde que rompió 24 años sin títulos con un tricampeonato memorable, desde que Salvini, Méndez, Bravo, Simes y Sued se paraban en fila para la foto y le metían miedo a cualquier defensa, desde que Corbatta, Pizzuti, Manfredini, Sosa y Belén los imitaron poco tiempo después. Racing se transformó en algo inconmensurable desde que el mismo Pizzuti se encontró con un grupo de jugadores y los transformó en un equipo, su equipo, y los llevó a ganar la Copa Intercontinental. Y Racing también es tan maravilloso como es por tanta desdicha acumulada durante 46 años en los que Barbas, Costas, Fillol, Rubén Paz, el Turco García, el Piojo López, Milito, Chatruc, el Chanchi Estévez, Licha López y muchos valientes más honraron la camiseta, años en los que sufrió descensos, quiebras y promociones, pero se mantuvo de pie, apoyándose en sus hinchas y en su historia. Esta historia que hoy, 110 años después de aquel bendito 25 de marzo de 1903, los invitamos a recorrer a través de las páginas de El Gráfico.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO: 110 AÑOS DE RACING (MARZO DE 2013)

martes, 4 de febrero de 2014

El medallero (febrero de 2013)

Por Martín Estévez

Oro: Horacio Zeballos
Primero aportó lo suyo en la Copa Davis, al ganar el dobles con Nalbandian. Y luego obtuvo su primer torneo ATP, nada menos que ante Rafa Nadal en el polvo de ladrillo de Viña del Mar. A los 27 años, el marplatense volvió a ubicarse entre los 50 mejores del mundo.

Plata: Juan Martín Del Potro
Más allá de la polémica que lo envuelve en la Copa Davis, su carrera individual sigue acumulando méritos. En febrero ganó, sin ceder sets, el Abierto de Rotterdam, su título ATP número 15. ¿Era un torneo sencillo? Ja: entre los rivales estaba un tal Roger Federer.

Bronce: Pablo Prigioni
Mal acostumbrados a las glorias de Ginóbili, algunos no valoran lo del cordobés, que llegó a la NBA a los 35 años y está consiguiendo estadísticas positivas en un equipo fuerte, los New York Knicks: promedia 3,4 puntos, 3 asistencias y 14,7 minutos por partido. Genio.

Plomo: Diego Milito
Durísimo: a los 33 años se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda y estará seis meses fuera de las canchas. Uno de los tres argentinos activos con más goles (suma 234), héroe del Inter, ve su carrera cortada en un buen momento. ¡Fuerza, Diego!

Lata: Emanuel Brítez
En su debut en Primera, el defensor de Unión provocó la primera expulsión en 242 partidos del bueno de Pablo Lugüercio metiéndole el dedo en el culo. Para peor, después declaró: “En el fútbol vale todo porque es para los vivos“. El fútbol es otra cosa, Brítez. Aprendelo.

Cartón: Mauro Vigliano
Cobrar mal un penal, puede pasar. Pero cobrar un penal que no vio nadie, a poco del final, para el equipo local y contra otro que pelea el descenso genera una bronca inmensa. Los de San Martín de San Juan aún no pueden creer los dos puntos que perdieron ante Colón por el error del juez.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4432 (MARZO DE 2013)

domingo, 2 de febrero de 2014

UFC - ¿Vale todo?

Por Martín Estévez

Los combates de la UFC tienen cada vez más seguidores en todo el planeta. La polémica de un gran negocio que combina artes marciales, una jaula gigante, preparación física y violencia extrema.

Dos personas agarrándose a trompadas hasta que uno queda inconsciente. O la más perfecta combinación de distintas artes marciales. Una jaula gigante, morbo, una riña de gallos con seres humanos. O un fenómeno que capta la atención de millones de espectadores. Es bastante fácil saber cuál es tu punto de vista respecto de la UFC: sentate cinco minutos a ver una pelea y la sensación te va a invadir. Te generará repulsión ver a dos tipos pegándose hasta sangrar, con el mínimo de protección, para entretener a los voyeurs de la violencia que gritan de la jaula para afuera. O te encantará el vértigo, la intensidad, la determinación de luchadores dispuestos a arriesgar su cuerpo con tal de no ser derrotados.

Vale tudo, MMA, UFC
Para explicar qué es la UFC es necesario retroceder hasta principios del siglo XX. En Brasil, las escuelas de artes marciales comenzaron a vincularse para intercambiar información, técnicas, aprendizajes, y decidieron organizar retos entre sus mejores luchadores. Como practicaban distintas disciplinas (karate, kick boxing, lucha libre, kung fu, jiu jitsu) se creó una nueva que permitía la competencia: el Vale Tudo. Era sencillamente una lucha abierta, libre, sobre un ring en el que cada peleador elegía su técnica. Se establecieron mínimas reglas: no valía meter los dedos en los ojos ni los golpes en la nuca o en los testículos.

Lejos estaban de ser combates sanguinarios: el objetivo era inmovilizar al rival, dejarlo indefenso. En definitiva, demostrar la superioridad de un arte marcial sobre otro ante la mirada de los maestros. En ese duelo de disciplinas, el jiu jitsu impuso su dominio gracias a la familia Gracie, un verdadero clan de luchadores que pasaron el cetro de generación en generación.

La popularidad de sus peleas creció hasta el punto que, a principios de la década de 1990, un grupo de empresarios de (qué sorpresa) Estados Unidos les propuso transformar esas luchas en un espectáculo televisivo. Así nació el Ultimate Fighting Championship (UFC).

El 12 de noviembre de 1993, en Colorado, ocho luchadores pelearon por un premio de 50 mil dólares. No había límite de peso ni de rounds. Nada de puntos o fallos de jueces: se luchaba hasta que uno se rendía o quedaba nocaut. Para agregar impacto visual, se cambió el ring por una jaula gigante. Ante seis estadounidenses y un holandés, se impuso el brasileño Royce Gracie, continuando la tradición familiar.

Mientras los combates de artes marciales mixtas (MMA, según sus siglas en inglés) evolucionaron a través de reglas más específicas y protección para los luchadores, la UFC impulsó un estilo más parecido a las peleas callejeras que a un duelo filosófico entre disciplinas.

Éxito peligroso
La buena repercusión del primer evento permitió la continuidad de los UFC. Royce Gracie ganó tres de los primeros cuatro. No logró el UFC 3 porque terminó extenuado en su triunfo de cuartos de final ante Kimo Leopoldo y no pudo seguir en el torneo.

En las siguientes ediciones (4 en 1995, 5 en 1996) se fueron sumando luchadores de España, Japón, Canadá, Rusia, Venezuela, Israel, Irán y Puerto Rico, donde se efectuó el UFC 8. En el UFC 12 se introdujeron categorías según el peso de los luchadores, por lo que ya no había un campeón único (actualmente son ocho categorías en hombres y una en mujeres). Luego se agregaron las Superfights (combates especiales fuera del torneo) y otras peleas anexas a las principales. En 1997 hubo un evento especial en Japón y en 1998, otro en Brasil. Ken Shamrock, Dan Severn y Mark Coleman fueron algunos luchadores emblemáticos.

Sin embargo, en 2000 (cuando se disputaron los UFC 24 a 28), las ganancias comenzaron a bajar. Varios estados habían prohibido el evento por su salvajismo y una muerte en la jaula podía transformar el meganegocio en un problema judicial enorme.

La UFC comenzó a modificar poco a poco los reglamentos para mejorar su imagen, acercándose más al estilo MMA. Las peleas tenían límite de rounds y, si los dos luchadores terminaban de pie, decidían los jueces, como en el boxeo. Dejaron de valer los cabezazos y se convirtió en obligatorio el uso de guantes, aunque muy finos, para evitar los permanentes cortes. Además, el luchador que pierde por nocaut no puede volver a combatir durante 90 días.

El furor
Muy rápido, la UFC se convirtió en la principal empresa organizadora de peleas de MMA. El número de eventos creció notablemente: 5 en 2004, 10 en 2005, 18 en 2006, 27 en 2011, 32 en 2012. El número de espectadores se potenció y el negocio aumentó gracias a los suscriptores al pay per view (aquellos que pagan para ver las peleas en vivo). No sólo en Estados Unidos: la UFC se expandió por el planeta y llegó también a la Argentina. Probablemente la mayoría de nuestros lectores ya se cruzó, casual o intencionalmente, con alguna pelea dentro de la jaula. Los luchadores, totalmente profesionalizados, poseen cada vez más resistencia y ansias de destrozar el cuerpo del rival. Las tomas y repeticiones en cámara lenta muestran los golpes y la sangre en detalle. Los premios a los combatientes pasaron de aquellos 50 mil dólares de 1993 a 600 mil en 2004 y más de un millón en 2012. Ya hubo eventos en Gran Bretaña, Irlanda, Alemania, Australia, Suecia, China y Emiratos Árabes. En Estados Unidos tiene más televidentes en cable que el golf y el boxeo. Y algunos hasta se animan a pedir que la UFC sea considerada un deporte.

¿Quién gana?
Las reglas actuales generan que no sea fácil saber quién gana una pelea y por qué. Veamos los detalles. Igual que en el boxeo, existen cinco maneras de triunfar: por sumisión, por KO, por KO técnico, por decisión de los jueces o por descalificación.

Sumisión o abandono: no sólo sucede cuando el luchador no quiere seguir peleando, sino cuando demuestra dolor o no tiene posibilidad de defenderse de una toma de su rival. Por ejemplo, cuando se inmovilizan sus extremidades o es estrangulado.
KO (knock out): sucede cuando un luchador queda inconsciente o sin reacción. No es necesario el conteo hasta diez, el árbitro puede decretar el KO de modo inmediato.
KOT (knock out técnico): se decreta cuando el árbitro considera que uno de los luchadores no está en condiciones de seguir y que hacerlo pondría en riesgo su vida.
Decisión de los jueces: igual que en el boxeo, si al terminar los rounds (de dos a cinco, según la pelea) no hay ganador, tres jueces votan para decidir quién se impuso. Puede haber empate.
Descalificación: se le da por perdida la pelea al luchador que realiza un movimiento ilegal (golpe en los testículos, en los ojos, en la nuca) que ponga en riesgo la salud del rival.

No vale todo
Aunque la idea de dos personas golpeándose para alimentar un negocio que favorece a señores de traje y corbata resulta muy antipática, los organizadores intentan quitarse esa imagen de encima. Permanentemente se insiste en separar los eventos oficiales de la UFC en particular y de las MMA en general de los eventos no oficiales, que es un modo amable de llamar a las peleas clandestinas, a los combates ilegales en los que existe nula protección para la salud de los luchadores y que se financian a través de apuestas. Es evidente que eso no sucede en los eventos profesionales. 

En la actualidad, las peleas organizadas por la UFC tienen altos niveles de seguridad. A los peleadores se les realizan análisis previos, los árbitros están preparados para detener las peleas cuando existe riesgo de muerte y el octógono (construido con metal alambrado revestido de vinilo) se encuentra acolchonado en varios sectores para evitar golpes fatales.

Los organizadores se enorgullecen de la poca cantidad de muertes que las MMA generaron. Los números se discuten, porque no termina de quedar claro qué competencias pueden considerarse oficiales y cuáles no, pero serían seis: Douglas Dedge en 1998, Sam Vásquez en 2007, Michael Kirkman en 2010, y Mike Mitelmeier, Dustin Jenson y Tyrone Mimms en 2012. El argumento es que en comparación con otros deportes (como el boxeo o el automovilismo) la cifra es baja.

Aun así, la violencia como espectáculo sigue siendo mirada de reojo y con desconfianza desde varios sectores. Mientras tanto, la UFC acumula dinero y seguidores, indemne ante las críticas. El fenómeno de este vale todo un poco más reglamentado parece estar en expansión en un siglo XXI que denigra a la violencia social, pero le da legitimidad jurídica a la violencia dentro de una jaula de metal alambrado, donde dos personas intentan desmayarse a las piñas ante las expectantes miradas ajenas.

La situación en Argentina
A nivel internacional, el papel de nuestro país dentro de las artes marciales mixtas es secundario. La principal entidad nacional es la Federación Argentina de Deportes de Combate y Freestyle. Se realizan numerosas peleas amateurs y no oficiales, pero pocas a nivel profesional. El primer evento oficial se organizó en 2003 bajo el nombre de Argentina Fighting Championship, pero no tuvo continuidad. A partir de 2007 comenzaron a realizarse luchas profesionales bajo el nombre de Real Fights, aunque de modo esporádico. En cuanto a los luchadores, ningún argentino ha combatido en las peleas principales de la UFC y son muy pocos los que participan en eventos internacionales de MMA. Uno de los principales representantes actuales es Cristian La Serpiente Bosch. El campeón mundial de kick boxing debutó en enero de este año con una victoria sobre el misionero Cristian Zamudio en Mar del Plata y es muy probable que vuelva a pelear en MMA. Otros argentinos con trayectoria relevante son Alex Schoenauer (nacionalizado estadounidense, llegó a competir en UFC), Luciano Correa (ganó importantes peleas en Brasil), Fernando Pitbull Martínez, Diego Toro Visotzky, Emiliano Vatti, Favio Martino, Patricio Reilly, Guido Canetti y Ángel Orellana.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4432 (MARZO DE 2013)

sábado, 1 de febrero de 2014

Tres días en la montaña

Por Martín Estévez

A los que no corremos ni el colectivo nos cuesta entenderlo, pero miles de personas son felices atravesando más de cien kilómetros en la cordillera de los Andes bajo un sol abrasador. Intentamos entender el porqué.

“Antes que nada, sepan que vienen acá para sufrir”. Esas son las alentadoras palabras que escuchan los corredores en la charla de bienvenida, la noche previa a empezar el Cruce Columbia. ¿Qué es el Cruce Columbia? Una competencia en la que durante tres días hay que correr más de 100 kilómetros sobre montañas, uniendo simbólicamente Chile y la Argentina. ¿Gana alguien? Sí, el que completa el trayecto en menos tiempo. ¿Hay que pagar para competir? Claro: 4.600 pesos los argentinos; 900 dólares los extranjeros. ¿Pagar para sufrir? Algo así. Es difícil de explicar para los que no vamos al gimnasio ni cuidamos nuestro cuerpo con devoción, pero algunos viven el cruce como unas vacaciones, un momento único para el que se preparan durante meses y del que disfrutan sin importar tiempos y resultados. Es probable que algunos de nuestros lectores sí los entiendan, nos disculpamos rápidamente con ellos por la falta de empatía.

Para llegar al punto de partida, en Chile, los periodistas caminamos tres kilómetros en subida hasta la base del volcán Villarrica. Hace mucho calor. Mucho. El sol es un látigo. Arriba buscamos sombra, pero no aparece. Lo que aparece son centenas de personas que van a correr 31,5 kilómetros. Sobre montañas. Para arriba y para abajo. Hace calor. Mucho calor. Y nadie les paga por esto. No sólo no les pagan: ¡ellos pagan por estar acá! Y están felices.

“Muchos nos dicen que estamos locos”, reconocen los competidores. Pero no podemos quedarnos con una explicación tan torpe. Tampoco limitarnos a “superarse a uno mismo” y esas definiciones de libro de autoayuda. Estamos en Chile ante una organización gigantesca que montó campamentos para miles de personas. Con comida, bebida, baños, carpas, médicos y masajistas para todos. Hay corredores de 30 países que viajaron durante horas para estar acá. Están exultantes, se sacan fotos, se dan ánimo unos a otros. Casi ninguno tiene menos de 35 años. Definitivamente, sucede algo que no terminamos de entender.

¿Por qué? ¿Por qué toda esta gente está acá, y tan feliz? Vos, el de allá, ¿por qué estás en Chile un jueves a las 9 de la mañana para correr durante seis horas? “Venís para mejorar tu vida –explica Luis, que tiene 43 años y vive en Gerli–. Yo soy taxista. Imaginate: casi doce horas arriba del auto, vida sedentaria, te das cuenta y pesás cien kilos. Tenés que bajar. ‘¿Qué hago?’, te preguntás. ‘Y bueno, corro’. Y después te acostumbrás a correr, te gusta, y decís ‘corro para algo’. Te anotás en la primera carrera y no parás más”. Luis nos obliga a comernos los prejuicios: no todos son adinerados de vida fácil que no saben qué hacer. Este tipo sale de su casa a las 8 de la mañana, se baja del taxi a las 18.30 y se va a correr. “Diez, veinte, treinta kilómetros, depende del tiempo que tenga”.

Vemos partir a Elisa, de 78 años, lista para correr durante tres días y dormir en carpa. Vemos al Loco de la corneta, un habitué de las carreras de aventura que se la pasa tocando su instrumento. Vemos a un recolector de residuos que, luego de quemarse los pies, empezó a hacer la recolección en alpargatas para evitar lastimarse, y se acostumbró tanto que ahora corre sobre montañas con alpargatas. Chilenos, brasileños, colombianos, todos saliendo a correr como si correr fuera un premio.

La obligación periodística obliga a contar que el segundo día de competencia llegaron al volcán Quetrupillán, en Chile, y que durante el último atravesaron la Aduana corriendo, mostraron los documentos y siguieron hasta la base del volcán Lanín, en Neuquén. Que el ganador en individuales fue el estadounidense Max King (ya conocido dentro del ambiente) con 7h 56m, y que el mejor argentino fue Gustavo Reyes, 4° con 8h 27m. Completaron la carrera 696 personas en individuales y 1.348 en pareja, categoría en la que triunfaron los argentinos Pablo Ureta y Ezequiel Morales. Ah: Elisa llegó a la meta.

Ya en la entrega de premios, los cruzamos a todos. Ahí está Luis, que corrió en pareja con Leonel. “Me descompuse, fui de cuerpo, me quedé sin fuerzas en la mitad de la carrera”, cuenta Leonel con cara de destruido. “¿Terrible, no?”, lo compadecemos. “No, ¡fue genial! –sonríe–. Yo pensaba ‘tengo que llegar, tengo que llegar, tengo que llegar’. Y llegué”. No puede decir que no se lo advirtieron: “Sepan que vienen acá para sufrir”.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4432 (MARZO DE 2013)

13 historias de Carlos Bianchi

Por Martín Estévez

1) El abuelo italiano, anarquista, deportado e hincha de Vélez
Había una vez un niño llamado Juan Francisco, nacido en Poliano, Italia. En 1886, cuando tenía 14 años, huyó de su país escapando de la opresión económica y de la miseria. Viajando a escondidas e ilegalmente en un barco, llegó hasta la Argentina junto a su hermana menor. Desde joven se abrazó a los ideales anarquistas y luchó por la liberación de la clase obrera. Se hacía llamar “ingenieri”, aunque todos sabían que sólo era maestro mayor de obras. Cuando se sancionó la Ley de Residencia que permitía deportar a los extranjeros por motivos ideológicos, Juan Francisco fue expulsado varias veces del país... pero se iba hasta Montevideo y siempre volvía. Atento a no limitarse a lo impuesto incluso en los nombres de sus hijos, los llamó Vir, Cholo, Luz, Amor, Alba y Porvenir. Uno de ellos, Amor, tuvo un hijo al que le puso Carlos, en homenaje a Gardel. Y el pequeño Carlos se dedicó a jugar a la pelota. Su abuelo Juan Francisco, que jamás se había interesado en el fútbol, se hizo hincha de Vélez y, cuando Carlitos metía un gol, se los contaba una y otra vez a los vecinos de Villa Real. El día que llamaron a su nieto para que visitara el diario Crónica luego de su segundo gol en Primera, Juan Francisco lo acompañó. Apenas vio a un periodista, se adelantó y le dijo orgulloso: “Aquí le traigo a mi nieto, que es mejor que Pelé”. Su nieto, Carlos Bianchi, se puso rojo de la vergüenza.

2) La primera tarjeta roja se la mostró el cura Román
Mientras Carlitos aprendía secretos del fútbol gracias al padre Anselmo, cura, pero también director técnico del equipo del Colegio San Rafael, su mamá, Julia Nélida, tenía muchos planes para él. El mayor deseo era que se recibiera de doctor en Ciencias Económicas. Por eso, apenas terminó la primaria, lo anotó en el Comercial. Las cosas no salieron como lo había soñado. Carlitos se peleaba con los libros y con la autoridad, al punto que pocos meses después de haber empezado primer año ya tenía 24 amonestaciones. Quiso portarse bien y zafar, pero hubo guerra de tizas en su curso, recibió unos cuantos proyectiles certeros y no soportó la tentación: agarró el borrador y lo arrojó con violencia contra sus agresores. Con tanta mala suerte, que le pegó a una persona que justo entraba: Román, el cura del colegio, que tenía bien claro que Carlitos estaba al límite. “Tiene dos amonestaciones más”, le dijo. Era la primera tarjeta roja de su vida: expulsado del colegio. Cuando Julia Nélida supo la noticia, se largó a llorar y fue corriendo al colegio a suplicar otra chance. Román la miró firme y le aconsejó: “Señora, créame lo que le digo. Deje que su hijo haga lo que realmente quiere hacer. El tiene una pelota en la cabeza”. Décadas después, en 1996, Carlitos estaba por viajar a Italia para dirigir a la Roma, y el padre Román se le apareció en una misa con la única intención de felicitarlo por su brillante carrera.

3) Tristeza por la tragedia de un amigo
Los Bianchi vivieron en Cortina y Nazarre. Luego se mudaron a Tinogasta y Bruselas, en Villa Real, barrio ubicado entre Versalles y Villa Devoto. Carlos jugaba a la pelota en todas partes, especialmente en el potrero de la calle Yrigoyen y en dos clubes de baby: El Ciclón de Jonte, y Unión y Paz. “¡Se llamaba Unión y Paz, pero siempre terminábamos a las patadas!”, recuerda. Al equipo lo organizaba el Coco Melli, un señor bajito de alrededor de 30 años. Los martes y los jueves practicaban en el potrero; y un día antes de los partidos, el Coco pasaba a buscar a Carlitos con su bicicleta, lo subía al portaequipaje e iban casa por casa a avisarles a los compañeros. Un 24 de mayo, Coco llegó con su bicicleta. Carlitos, que iba a la primaria, estaba muy cansado para recorrer el barrio. “No puedo, Coquito, tengo que hacer los deberes”, le dijo. “Andá vos y nos vemos mañana”. Al día siguiente, bien temprano, Carlitos se preparaba para el acto del 25 de Mayo mientras pensaba en el partido de la tarde. La ventana de su pieza daba a la calle y entonces escuchó la conversación de su mamá con una vecina, que dijo: “¿Vio que se murió el muchacho bajito, el que le decían Coco?”. Carlitos, y sus compañeros, pasaron días enteros llorando. Aun más impactante resultó el motivo: un colectivo de la línea 47 lo tocó en Nogoyá y Bruselas, lo hizo caer de la bicicleta, y se golpeó la cabeza contra el cordón de la vereda.

4) “¡Clarín, Nación, Crónica, diariooos!”
El 7 de noviembre de 1999, después de un triunfo 2-1 contra Newell’s, Bianchi comenzó la conferencia de prensa diciendo con una sonrisa: “Buenas noches a todos y felicitaciones por el día del periodista deportivo. Me podrían haber saludado a mí también porque es el día del canillita, pero el ego de ustedes es tan grande... Qué le vamos a hacer...”. De esa forma, muchos años después se enorgullecía recordando el día en que su papá supo que lo habían expulsado del colegio y le dijo: “Si no estudiás, tenés que trabajar”. Entonces, Carlitos empezó a ayudarlo en el puesto de diarios. “Yo bondeaba –le contó a El Gráfico alguna vez–. Me levantaba a las cinco de la mañana, subía al colectivo 171, o al 111, y gritaba: ‘¡Clarín, Nación, Crónica, diaaariooos!’. Era amigo de todos los choferes, de los pasajeros que viajaban siempre a la misma hora. Subía y bajaba de los colectivos sin medir el peligro. Con el tiempo me di cuenta de lo importante que fue para mí haber arrancado así. No sé si soy reo, pero aprendí desde pibe la importancia de las palabras, de los hechos y de la verdad o la mentira. El día que más vendí fue cuando renunció el presidente Arturo Illia. Esa vez fue increíble: doscientos cincuenta diarios en media hora, y tuve que volver para pedirle más diarios al viejo”. El viejo, Amor, murió justo antes de que Carlos comenzará a acumular títulos como entrenador de Boca.

5) Su primer ídolo fue un arquero millonario
Dos de los hermanos Bianchi duermen en la misma habitación. Del lado de la cama de Eduardo, las paredes están cubiertas por posters de cuatro ingleses que hacen ruidos hermosos: Los Beatles. Del lado de la cama de Carlos, no hay imágenes de cuatro hombres, sino de uno solo, argentino, elegante, arquero: Amadeo Carrizo. Su admiración por él trascendía camisetas. “Cuando era pibe iba a ver a River para verlo a Amadeo –le contó Bianchi a la revista Gente en 1972–. Es el más grande jugador de fútbol que vi en mi vida. ¡Y cómo le pega a la pelota! ¿Vieron esas que vienen a la altura del pecho, en las que Pinino Mas revolea la zurda y saca un cañonazo bárbaro? Esa jugada, Amadeo la hace como si tal cosa”. Como si tal cosa significa sin esfuerzo, como si fuera sencillo. “Amadeo siempre será un referente del fútbol argentino, era la perfección en el arco”, le aseguró a El Gráfico en 1999, año en el que tuvo el honor de entregarle un premio en un evento realizado en Mar del Plata. Es cierto: fue grande Amadeo. De hecho, en su momento batió el récord de minutos con la valla invicta en el fútbol argentino; estuvo nada menos que 770 minutos sin recibir goles. La racha terminó el 14 de julio de 1968, cuando un remate reventó el travesaño de su valla, y un joven delantero empujó con la cabeza, casi con la nariz, la pelota a la red. Se llamaba Carlos Bianchi.

6) La familia Bianchi, una historia de Osvaldo Ardizzone
Podríamos recrear la vida de Bianchi cuando era joven a través de nuestra imaginación. Pero para qué hacerlo si en mayo de 1970 un periodista de El Gráfico, el prestigioso Osvaldo Ardizzone, lo hizo en vivo y en directo, y lo dejó impreso en la revista. ¿Cómo era la casa de Carlitos, don Osvaldo? “Bianchi tiene recién diecinueve años. Vive en Versalles, a pocas cuadras de Vélez. Donde Tinogasta se cruza con Bruselas. Calle de tierra. Arboles quietos, maleza y zanjón como en los barrios de Manzi... Casa baja, con el frente cargado de años y de llagas... Adentro, el mismo sosiego de la calle. La sinceridad de los hábitos simples. La hora del mate. Doña Nélida, la madre, ordena un tejido entre las manos... La abuela sentada en la penumbra como si no quisiera denunciar la presencia. El padre, don Amor Bianchi. Un hermano y una hermana menores. Una mesa, media docena de sillas, es todo el decorado. En las paredes, las fotos de todos con la cronología de todas las edades... Y las de fútbol con la casaca de Vélez que ya constituyen la mayor preocupación de Carlos (...) Estoy aquí, en esta casa, mientras el padre de Carlitos toma mate, mientras la madre teje silenciosamente, mientras la hermanita hojea un libro, todo con ese hábito manso de todos los días que nunca se turba. Sólo Carlitos habla vertiginosamente, con un relato desordenado y risueño, pero cuidadoso en la prolijidad de los detalles”.


7) El día que Bianchi jugó para el Cruz Azul
Lo tienen decidido. Los dirigentes del Cruz Azul de México van a hacer todo lo necesario para contratar al delantero de 22 años cuyos goles no paran de crecer en la Argentina: 9 en 1968, 17 en 1969, 20 en 1970, 41 en 1971. Hablan directamente con él. “Señor Bianchi, queremos que sea jugador de Cruz Azul y no estamos dispuestos a recibir un no como respuesta”. Carlos les explica que gana 350 mil pesos por mes, que Vélez no está dispuesto a venderlo por poco dinero, que tiene que consultarlo con su novia Margarita porque están por casarse. Ellos cantan retruco con cartas fuertes: cerca de dos millones de pesos mensuales, dinero suficiente para el club y hasta prometen regalarle una lujosa luna de miel para él y su futura esposa. La plata, evidentemente, no es problema: arreglan con Vélez y con el vuelto se llevan también a un compañero de Bianchi, el arquero Miguel José Marín. Está todo arreglado de palabra, entonces Carlos viaja y debuta metiendo un gol en un amistoso. Se vislumbra una temporada de gloria. De pronto, la AFA dicta una resolución que prohibe la venta de futbolistas menores de 23 años para proteger el proyecto “Selección Nacional”. Cruz Azul intenta acelerar los trámites, pero ya es tarde: el pase se frustra, Bianchi sigue en Vélez. Los dirigentes mexicanos, igual, cumplen su palabra: Carlos y Margarita disfrutan de una luna de miel en Acapulco.

8) La celeste y blanca, esa espina que nunca se pudo sacar
Debutó en la Seleccion en octubre de 1970. Fue un 1-1 contra Paraguay; al equipo lo dirigía Juan José Pizzuti. Bianchi entró a los 23 del segundo tiempo por Daniel Willington, su compañero en Vélez. Tenía 21 años y se le vaticinaba una larga trayectoria con la celeste y blanca. Luego jugó contra Francia (3-4), Paraguay (1-1 y 1-0) y Uruguay (1-0). Su primer gol llegó ante los uruguayos por la Copa Lipton: fue 1-0, en julio del 71. En el siguiente partido, hizo los dos en un 2-2 con Chile. Parecía consolidado: ese año también enfrentó a Brasil (1-1 y 2-2) y a Chile (1-0). En el 72 hizo un gol en el amistoso no oficial contra un combinado de la Concacaf, metió tres ante Colombia (4-1) y jugó contra Francia (0-0) y Portugal (1-3). De pronto, la nada. Oscar Mas, Fischer, Brindisi, Rubén Ayala, Kempes y más delanteros ocuparon su puesto. Se fue Pezzuti y llegó Sívori, se fue Sívori y llegó Vladislao Cap. Pero Bianchi nunca volvió a la Selección. La decisión de Menotti de priorizar a los jugadores locales terminó de frustrar sus esperanzas. Sus números quedaron congelados: 6 goles (ninguno como local) en 13 partidos oficiales. “En mi carrera sólo me quedó una espina: jugar un Mundial”, reconoce. “Lo merecía, en el 74 y en el 78 era el goleador del momento, pero los técnicos no pensaron lo mismo. En Vélez hice 206 goles y en Francia, 179. Por ahí si hacía dos o tres más, jugaba una Copa”, ironizó alguna vez.

9) Los 73 puntos que no sumaron en ninguna tabla
Como entrenador, Bianchi fue vital en los 81 puntos que sumó Vélez en la temporada 1995/96 y en los 89 de Boca en la 1998/99. Y tiene otros 73 puntos memorables, aunque repartidos por todo su cuerpo. Veintidós son por operaciones en los meniscos: nueve en la rodilla derecha y trece en la izquierda. Otros treinta por una cirugía en los aductores y dos más en la ceja derecha. Los más famosos son los 19 que le hicieron en 1974. El 9 de octubre, se jugó en París un amistoso entre el Barcelona de Johan Cruyff y el Stade Reims. A los 7 minutos del segundo tiempo, Gallego, marcador central del Barça, salió con vehemencia a cortar un avance rival y cayó encima de la pierna izquierda de Bianchi. La escena fue violenta. El padre de Carlos, Amor, estaba en el estadio e ingresó a la cancha para agredir a Gallego. Lo frenó otro argentino, Cucurucho Santamaría, que también jugaba en Reims. El diagnóstico fue terrible: triple fractura de tibia y peroné. Bianchi estuvo 160 días sin jugar, pero volvió como nuevo. ¿A partir de entonces cuidó su físico? Ja: en el 82, cuando ya estaba de vuelta en Vélez, se venía un choque clave contra Racing y él lo quiso jugar aunque tenía una costilla fisurada. El médico se negó a darle el permiso, y Bianchi tuvo que firmar un documento en el que se hacía responsable de lo que le sucediera. ¿El partido? El Beto Alonso le metió un lindo pase y él, como casi siempre, lo transformó en gol.

10) Hallazgo del archivo: una semana con Carlitos
Wikipedia da dos definiciones de la palabra infinito. Uno es “concepto que hace referencia a una cantidad sin límite o final”. El otro, “archivo de la revista El Gráfico”. Es que buceando entre centenas de páginas, papeles y fotos, encontramos un texto inédito y tipeado a máquina sobre Bianchi. Al parecer, en 1972 un periodista compartió una semana con él, lo dejó registrado y, décadas después, nosotros lo publicamos. Con ustedes, extractos de la vida del Virrey hace cuarenta años. “‘¡Flaca, despertate que se me hace tarde! Así comienza el día Carlitos Bianchi. Zamarreando suavemente a Margarita, su esposa. Y la Flaca va, se levanta y le ceba el mate. ‘La verdad es que me lo prepara dulce, como me gusta a mí’. Desayuna hasta las 8. Luego se higieniza, se viste (‘me gusta andar de sport, odio el saco y la corbata’) y se va a la práctica. Baja al garage y controla su Peugeot 504. ‘No entiendo nada y ni sé cambiar una goma, pero me gusta manejar’ (...) En la utilería, Lelo (Oscar García, ‘el mejor utilero del mundo’) y su ayudante Antonio Méndez le alcanzan la ropa. ‘Soy de los primeros en llegar porque me gusta cambiarme despacito’ (...) A las 12.30 termina la práctica y regresa a su casa. ‘Vivo en Condarco al 3100, un barrio de futbolistas, tengo cerca a Carnevali, Sinatra, Petrocelli (...) Una tarde, a Margarita se le antojó andar en bote. Carlitos le tiene pánico al agua, y tuvo que acceder. Pero apenas pedaleó un poco y ni por broma se alejó del embarcadero”.

11) El día que salió en las páginas policiales
“Quedó en libertad el jugador Carlos Bianchi”, dice el título de La Nación del 16/8/1983. “Fue liberado tras permanecer detenido en la comisaría 44ª, a la que fue trasladado al finalizar el encuentro entre Vélez y Huracán”. La historia podría ser sombría, pero ya que tiene final feliz, la recordaremos a través del extravagante dictamen del juez, publicado en La Razón cuando fue absuelto: “Se le enrostró haber efectuado un ‘corte de manga’ contra la hinchada luego de convertir un tanto. Dicha acción, colocando un brazo en posición de 90 grados y el otro cruzado sobre el ángulo, no es más que una expresión grosera que contiene el mismo insulto que si hubiera gritado: váyanse todos la p... que los p... Ello es reprochable, grosero, pero no delito criminal. Podremos decir que Bianchi es un exaltado, o un grosero, pero no es un delincuente (...) El otro hecho ofensivo que se imputa a Bianchi es haberse tomado con ambas manos zonas púdicas y efectuar ademán contorsivo hacia la misma hinchada (...) Sólo la exhibición de las partes pudendas que con las manos se tomó pudieron haber constituido delito. En la Argentina de hoy, aplicando el criterio que la denuncia sostiene, debiéramos detener a todos los jovencitos de ambos sexos que con sus pantalones vaqueros ajustados muestran los contornos con que la naturaleza los dotó, y parece que ello está de moda. En Buenos Aires ni uno solo de los Fiscales del Crimen se ha escandalizado por sinnúmero de revistas de aparición reciente y cuyo contenido principal consiste en fotos de partes pudendas y terminaciones del recto apenas cubierto por un hilo”.

12) ¡La camiseta del Paris Saint Germain se tiene que transpirar!
La trayectoria de Bianchi en Francia fue muy exitosa. Stade Reims pagó 125 mil dólares por su pase en 1973; jugó cuatro temporadas en ese equipo, dos en Paris Saint Germain y una en Racing de Estrasburgo. Fue cinco veces goleador, y sus 179 tantos en 220 partidos lo ubican entre los diez máximos anotadores de la liga francesa. Pero siempre hay un pero. En febrero de 1979, Paris Saint Germain tenía 21 puntos en 25 partidos y estaba a tres de la zona de descenso. Tras un empate contra Niza, el director técnico Velibor Vasovic decidió excluirlo del equipo. “¡Sacan a Bianchi porque golea y no transpira!”, tituló el diario Crónica. Sí: pese a que había hecho un gol en ese partido, el yugoslavo acusó a Bianchi y al capitán del equipo, Mustapha Dahleb, de no poner lo que había que poner. “No mojaron sus camisetas el pasado domingo frente al colista Niza, y eso nos costó dejar un punto”, decía el comunicado del DT. Bianchi, que sumaba 18 tantos, le respondió con ironía: “Vasovic es el patrón y no discuto lo que hace. Lo que me parece extraño es que los que me siguen en la tabla de goleadores anoten menos que yo aunque empapan de sudor sus camisetas”.

13) El mayor miedo: perder el respeto de quienes lo adoran
Aun sin jugar a ser psicólogos baratos, es posible afirmar que el temor al maltrato, a perder la idolatría conseguida, es una constante en la carrera de Bianchi. A partir de 1980, cuando retornó a Vélez luego de jugar en Francia, amagó con retirarse una y otra vez. Cumplía 31, 32, 33 años y se sentía entero físicamente, pero quería (aquí va un lugar común) dejar el fútbol antes de que el fútbol lo dejara. “Yo sé que en Vélez me quieren, pero también sé que no soy un superdotado para jugar siempre bien –declaró en 1981–. Va a llegar el día en que convertir goles se me haga difícil y, como no estoy exento de eso, no quiero que me griten ‘andate, no robés más’”. En 1983 decidió jugar durante un año más. “Compruebo que el tiempo del ridículo, del Bianchi grotesco, todavía no llegó”, dijo, pero en el 84 llegó el adiós final: “Es mejor que me vaya ahora, cuando todavía me quieren, y no que empiecen a insultarme porque no la meto adentro. Largo, esta vez sí... Bueno, lo mismo vengo diciendo desde el 81 y acá estoy. Lo que pasa es que llega fin de año, miro la tabla de goleadores y estoy siempre ahí. Entonces me pregunto... ¿por qué voy a largar si todavía puedo?”. Meses después comenzó a dirigir al Reims francés y cuando le preguntaron si sería DT de Vélez, ¿a que no saben qué respondió? “Creo que nunca dirigiría a Vélez porque lo quiero demasiado, conozco a toda su gente. Y no quisiera irme insultado un domingo cualquiera de la misma cancha donde viví las cosas más lindas de mi carrera”.  Diez años después, fue campeón del mundo con el Fortín. Por eso, también, lo meditó tanto antes de volver a dirigir a Boca en 2003. Por eso, también, tardó tanto en empezar este flamante tercer ciclo: para no perder la gloria obtenida.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4430 (ENERO DE 2013)

viernes, 31 de enero de 2014

Los hits (diciembre de 2012)

Los futbolistas que se destacaron en el mes – por Martín Estévez

Se nos fue el año de los goleadores: los primeros puestos están gobernados por ellos. Después de mucho tiempo, el fútbol argentino tiene un Top Ten. El peruano Guerrero, en la gloria.

1) Lionel Messi (Barcelona)
El mejor de 2012. Ocho goles en el mes, 14 en 8 partidos, 90 en el año.

2) Cristiano Ronaldo (Real Madrid)
Merece más reconocimiento. Cuatro gritos en el mes y 63 en el año.

3) Zlatan Ibrahimovic (Paris Saint Germain)
Les hizo goles a Niza, a Evian y tres a Valenciennes; sumó 49 en 2012.

4) Robin van Persie  (Manchester United)
Le ganó sobre la hora el clásico a Manchester City. Goles en el año: 37.

5) Radamel Falcao García (Atlético de Madrid)
¡Cinco goles en un partido de liga española! Total en 2012: 49 gritos.

6) Edinson Cavani (Napoli)
El uruguayo suma 14 goles en sus últimos 11 partidos. Totalizó 44 en el año.

7) Paolo Guerrero (Corinthians)
Hizo el gol con el que Corinthians se consagró en el Mundial de Clubes.

8) Oscar Cardozo (Benfica)
¡Dos hat tricks en un mes! Doce goles en 9 partidos, para llegar a 33 en 2012.

9) Xavi Hernández (Barcelona)
Entre tantos goleadores es justo reconocer al mejor volante del planeta.

10) Facundo Ferreyra (Vélez Sarsfield)
¡Él también hizo dos hat tricks en un mes! La rompió en el Vélez campeón.

Del 11 al 20: 11 Roberto Soldado (Valencia), 12 Burak Yilmaz (Galatasaray), 13 Wayne Rooney (Manchester United), 14 Neymar (Santos), 15 Stephan El Shaarawy (Milan), 16 Jordi Alba (Barcelona), 17 Manuel Neuer (Bayern Munich), 18 Mezut Ozil (Real Madrid), 19 Tim Matavz (PSV Eindhoven) y 20 Ignacio Scocco (Newell's).

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4430 (ENERO DE 2013)

jueves, 30 de enero de 2014

El medallero (diciembre de 2012)

Por Martín Estévez

Oro: Lionel Messi
Sí, otra vez él. ¿Pero con qué argumento podríamos borrarlo del medallero? Se la pasa metiendo de a dos goles por partido y llegó a 90 este año, récord de todos los tiempos. Suma 342 en su carrera: ya está 83º en la historia, a 2 de Bebeto y a 3 de Mario Kempes.

Plata: Gerardo Martino
Había llegado a cuartos de final del Mundial 2010 y a la final de la Copa América 2011 con la selección de Paraguay. Asumió como DT de Newell's en un momento difícil y sumó 68 puntos en dos campeonatos. En el Torneo Inicial, la Lepra logró un meritorio subcampeonato.

Bronce: Juan Ignacio Chela
Prohibido olvidar que, antes de ser Nº1 del ranking de twitteros, fue un gran tenista: ganó 6 títulos ATP, llegó a ser Nº15 del planeta y es, junto a Vilas, Clerc y Nalbandian, uno de los cuatro argentinos con más triunfos en la historia. A los 34 años, anunció su retiro.

Plomo: Instituto (Córdoba)
En seis meses se le vino el mundo abajo. En junio de 2012 tenía el ascenso a Primera al alcance de sus manos, pero se le escapó increíblemente. En diciembre, terminó en los últimos puestos del Nacional B. Con nuevo DT, Frank Kudelka, la Gloria intentará resurgir.

Lata: Daniel Vega
Su larga estadía en River llegó al final: Ramón Díaz le bajó el pulgar y lo dejó sin equipo. El Indio se había sumado al club en 2007 y tuvo que esperar mucho tiempo para ganarse un lugar. Sufrió el descenso, festejó el ascenso y terminó yéndose por la puerta de atrás.

Cartón: Víctor Zapata
Otro borrado. Independiente se había reforzado muy bien antes del Torneo Inicial y él era una de las cartas fuertes para mejorar el promedio: llegaba tras un interesante paso por Vélez que incluyó dos títulos. Pero el equipo fue una lágrima, y el Tolo Gallego no lo quiere más en el plantel.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO Nº4430 (ENERO DE 2013)

domingo, 29 de diciembre de 2013

¡Show time!

Por Martín Estévez

El deporte estadounidense, tan amante de los grandes espectáculos, vivirá este mes el Super Bowl y el All-Star Game de la NBA.

La cultura estadounidense es invasiva. Sus modas, su música, su idioma intentan expandirse por el planeta, ocupar lugares, aprovechar la globalización para transformar la mayor cantidad de regiones posibles en un ‘estado unido’ más, en pequeñas ciudades norteamericanas esparcidas por el mundo. Esa es la explicación para que aquí, en América Latina, estemos escribiendo y leyendo sobre el Super Bowl, uno de los dos grandes sucesos que conmocionarán al deporte durante febrero. El otro será el tradicional y siempre atractivo All-Star Game de la NBA.

¡Touch down!
El Super Bowl, también conocido como Súper Tazón entre los hispanos, es mucho más que un partido de fútbol americano. En Estados Unidos lo consideran un gigantesco evento social: buena parte de la población digita ese día en función del juego. O, en realidad, del show que rodea al juego. Estadio lleno, famosos artistas cantando en cada interrupción, cientos de millones de televidentes, rituales en los bares... 

Las estadísticas abruman tanto que es difícil comprender su magnitud: es transmitido a más de 120 países y en más de treinta idiomas diferentes; treinta segundos de publicidad cuestan nada menos que dos millones de dólares; en 2011, sólo en Estados Unidos, fue visto por 110 millones de personas.

Para aquellos que no lo saben, la aclaración necesaria: el Super Bowl es la final de la NFL (National Football League), el enfrentamiento que define quién es el campeón de la temporada de fútbol americano. Y por si aún existe alguien que no sepa qué es el fútbol americano, es ese deporte con pelota ovalada y jugadores con cascos, extremadamente popular en Estados Unidos, que suele aparece en numerosísimas películas de Hollywood.

Aclarado esto, hablemos del All-Star Game. Durante un fin de semana, la NBA, principal liga de básquet del mundo, congela su programa de partidos para que sus mejores jugadores participen de actividades que, al igual que el Super Bowl, están más relacionadas con el espectáculo que con la competencia deportiva. Lanzamientos de triples, volcadas monstruosas y un partido entre los mejores jugadores de la Conferencia Este enfrentando a los mejores de la Conferencia Oeste son tres de los principales hechos organizados para potenciar a la NBA y, claro, generar una interesante recaudación de dólares.

El juego de las diferencias
Sin embargo, más allá de las similitudes, existe una diferencia clave entre uno y otro: su trascendencia deportiva. El Super Bowl, aun si no tuviera montado un gran circo alrededor, sería el partido más importante de la temporada para los amantes del fútbol americano. En el campo de juego, no hay marketing que valga y ganar es un objetivo sin atenuantes.

Este mes se realizará la 47ª edición. Será el 3 de febrero en el estadio Mercedes-Benz Superdome de New Orleans. Es un producto económicamente tan potente que, al igual que sucede con los Juegos Olímpicos, las ciudades se postulan para ser la sede. Este año, por ejemplo, las otras candidatas fueron Phoenix y Miami. Para New Orleans tendrá un importante contenido emocional: será la primera vez que reciba al Super Bowl desde que el huracán Katrina arrasó con parte de la ciudad en 2005.

Al cierre de esta edición aun no estaban definidos los nombres de las franquicias finalistas, e intentar adivinar suele ser inútil: en las últimas ocho ediciones hubo seis campeones distintos. Los únicos que repitieron festejo fueron los Pittsburgh Steelers y los populares New York Giants.

El All-Star Game, por su parte, significa muy poco deportivamente. Los basquetbolistas de la NBA se juegan las tripas durante la temporada regular y durante los playoffs, que son las instancias que permiten llegar a las finales. El Juego de las Estrellas, en cambio, les representa casi unas minivacaciones, horas de relajación para divertirse y divertir al público.

Desde 1951, los mejores de la historia han sido protagonistas. Entre los que ganaron el premio al jugador más valioso de un All-Star Game están Bill Russell, Julius Erving, Larry Bird, Michael Jordan (1988, 1996 y 1998), Magic Johnson (1990 y 1992), Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. En 2012, el Oeste derrotó 152-149 al Este y Kevin Durant fue el MVP.

En 1984 se agregó como atractivo al partido principal una exhibición de volcadas (Jordan lo ganó dos veces con movimientos memorables); y en 1986, el concurso de lanzamientos triples (el actual campeón es Kevin Love, un gigante de 2,08 que juega en Minnesota). La última gran innovación sucedió en 1994, cuando comenzó a jugarse un partido entre los mejores novatos, ahora transformado en un choque entre jugadores debutantes contra aquellos que transitan su segunda temporada en la liga. El 16 y 17 de este mes, en Houston, las estrellas volverán a brillar.

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº52 (MARZO DE 2013)

viernes, 27 de diciembre de 2013

Oklahoma: truenos y estrellas

Por Martín Estévez 

A Oklahoma City Thunder, el equipo de la NBA que más ha crecido en los últimos años, le sobra futuro: sus figuras son jóvenes que no superan los 24 años.

Algunas veces, las nubes y el viento amenazan con una gran tormenta que nunca llega y se extingue antes de nacer. Otras veces, el agua cae, los relámpagos cubren el cielo y los truenos invaden el silencio. Algo similar está sucediendo en la NBA, la mejor liga de básquetbol del planeta. Comienzan a unirse las nubes del talento, los vientos arrastran triunfos y los truenos aumentan su intensidad. Son los Truenos de Oklahoma, que amenazan con una gran tormenta de títulos; con dominar la NBA en los próximos años. ¿Lo lograrán?

Prehistoria supersónica
Antes de ser truenos, fueron supersónicos. Es que la franquicia, hoy denominada Oklahoma City Thunder, se fundó en 1967 bajo el nombre de Seattle Supersonics. ¿El motivo? La ciudad se preparaba entonces para la construcción del Boeing 2707, primer avión supersónico de América, que finalmente quedó en proyecto. Allí brilló Lenny Wilkens a finales de la década del ’60, y también cuando regresó como entrenador. Con él dando indicaciones, los Supersonics fueron finalistas en la temporada 77/78 y consiguieron el único título de su historia en la 78/79.

Tras un período de declive, tres nombres iluminaron la historia de Seattle: Shawn Kemp (arribó en 1989), el “guante” Gary Payton (en 1990) y el coach George Karl (1992). Ellos transformaron a los Supersonics en un gran equipo que alcanzó las finales en la temporada 95/96. Y si no ganaron fue solo porque enfrente estuvo uno de los mejores deportistas de la historia: Michael Jordan, junto a sus Chicago Bulls.

El siglo XXI conoció una débil versión de Seattle. Las reconstrucciones fallaron una y otra vez, la franquicia cambió de dueños y el pésimo récord de 20 triunfos y 62 derrotas en la temporada 2007/08 fue el golpe final para un proyecto que no generaba ganancias ni dentro ni fuera del rectángulo de juego. Adiós, Seattle.

Malvenidos a Oklahoma
Después del huracán Katrina, que azotó parte de Estados Unidos en 2005, los New Orleans Hornets tuvieron que mudarse temporalmente y jugaron algunos partidos en el estadio Ford Center de Oklahoma. La buena recepción de la ciudad generó la idea de tener un equipo propio. Y así, la franquicia cambió de ciudad y de sobrenombre: se decidió guardar el ‘Supersonics’ por si alguna vez Seattle volvía a tener equipo, y modificar la denominación por completo. Nacía Oklahoma City Thunder.

Como suele suceder en la NBA, se planificó un proyecto a largo plazo y nadie esperaba que el equipo peleara con los mejores de un día para otro. Pero tampoco se vaticinaba un comienzo tan frustrante: 17 derrotas en los primeros 18 partidos. En medio de la lluvia de caídas, el entrenador PJ Carlesimo tuvo que hacer sus valijas y dejarle el lugar a su ayudante Scott Brooks, que viviría su primera experiencia liderando un grupo NBA. Las derrotas siguieron acumulándose hasta quedar con un récord de 3-29. El jovencísimo Kevin Durant (20 años) y dos desconocidos novatos, Russell Westbrook y Serge Ibaka, veían a sus carreras desplomarse de a poco. El panorama era desolador.

Crecimiento acelerado
Aquella primera temporada terminó con dignidad. El equipo, ya sin presiones, se raspó las rodillas para arañar triunfos cada noche. El esfuerzo sirvió para decorar el récord: 23 triunfos y 59 caídas. Con ese pequeño logro, Brooks ganó un año más de confianza.

Los números financieros eran mejores que los deportivos y la franquicia aprovechó su tercer lugar en el Draft (la elección anual de jugadores menores de 23 años) para sumar en la temporada 2009/10 al interesante escolta James Harden, proveniente de la Universidad de Arizona. 

Kevin Durant, que apenas atravesaba su tercera temporada en la NBA, asumió que todo lo que no hiciera el equipo, tendría que intentar hacerlo él. Sus números explotaron: de 6,5 a 7,6 rebotes de promedio; de 25 a 30 puntos, que lo llevaron a ser el goleador más joven de la historia de la liga. Nueve triunfos consecutivos y un récord de 50-32 impulsaron al equipo hasta los playoffs, donde cayeron ajustadamente ante Los Angeles Lakers. Scott Brooks tuvo premio: fue elegido mejor entrenador de la temporada.

Aquella campaña no fue un espejismo: en la 2010/11 incluso mejoraron sus números. Ibaka se afianzó como titular y a mitad de la temporada llegó Kendrick Perkins, un pivote de 2,08 que reforzó la lucha bajo los tableros. La marca fue de 55 triunfos y 27 derrotas, y esta vez los playoffs fueron un camino más largo: Durant eliminó a Denver, marcando 41 puntos en dos juegos distintos; y a Memphis, clavando 39 en el séptimo y decisivo partido. Perdieron la final de la Conferencia Oeste contra Dallas, pero se habían convertido en una preocupación para el resto de los equipos de la liga.

En la última temporada, la 2011/12, Durant fue el goleador de la NBA por tercera vez consecutiva, Ibaka figuró en el equipo defensivo ideal y la efectividad fue altísima: 71% de triunfos (47, contra apenas 19 derrotas). Llegaron hasta la final de la NBA, donde perdieron ante Miami, un equipo sostenido por jugadores mayores de 30 años y llenos de experiencia.

El plantel
Lejos de tomar ese resultado como una demostración de que los experimentados valen más que las jóvenes promesas, los Thunders aumentaron su apuesta: afuera los veteranos Derek Fisher (37 años), Nazr Mohammed (34) y Royal Ivey (30). Y adiós incluso a Harden, que había sido elegido mejor sexto hombre de la liga.

Al inicio de esta temporada 2012/13, Kevin Durant ya se había transformado en una superestrella de 24 años, un gigante de 2,06 metros con puntería celestial, líder del Dream Team campeón olímpico en Londres 2012 y MVP (jugador más valioso) del último Juego de las Estrellas. 

Él lidera un plantel con apenas cuatro mayores de 25 años: el ala-pivot Nick Collison (32); Kevin Martin (29), buen lanzador de triples que promedia más de 18 puntos en su carrera; el suizo Thabo Sefolosha (28), escolta de brazos largos y gran defensa; y Kendrick Perkins (28), pivot titular que promedió más de 6,5 rebotes en cada temporada con los Thunders.

El resto tiene un largo futuro en la NBA, como Eric Maynor (25), base suplente, y Hasheem Thabeet (25), gigante de 2,21 nacido en Tanzania con poco protagonismo hasta ahora. Russell Westbrook (24) ya es un jugador respetado: dos temporadas elegido en el segundo mejor quinteto de la liga, integrante del Dream Team, con su 1,98 metro promedia más de 19 puntos y casi 7 asistencias en su carrera. 

El ala-pivot Serge Ibaka (23), congoleño nacionalizado español, figuró en el equipo defensivo ideal en 2012, y es uno de los mejores bloqueadores de la liga (promedió 3,6 tapas en la temporada pasada). DeAndre Liggins (24), Reggie Jackson (22) y los novatos Perry Jones III (21) y Jeremy Lamb (20), en tanto, pelearán por algunos minutos en cancha.

Oklahoma tiene el camino hacia los playoffs allanado. ¿Comenzarán Durant y compañía a coleccionar anillos, o serán solo truenos de una tormenta pasajera?

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº51 (ENERO DE 2013)

martes, 24 de diciembre de 2013

Polo – Como si fuera Wimbledon

Por Martín Estévez

Sobre césped, pero de una cancha de polo, Nalbandian fue campeón.

Había buenos jugadores. Sin ir más lejos, Eduardo Heguy y Matías Magrini, dos 8 goles que hicieron diferencia sobre el resto. Sin embargo, la séptima edición de la Copa Zafiro, que se juega en los campos de La Dolfina, tenía un atractivo imposible de obviar: la presencia del talentoso tenista David Nalbandian. Y no como espectador: el cordobés se animó, dejó por un rato las raquetas y agarró el taco. Mal no le fue: junto a sus compañeros de Imperial terminó consagrándose campeón.

A diferencia del otro torneo fuerte que se juega en Cañuelas, la Copa Diamante, la Zafiro apuesta a un fixture más liviano: cuatro equipos de hasta 15 goles en formato de eliminación directa. La primera jornada se jugó el 15 de noviembre. En el partido inaugural, Imperial no tuvo problemas para deshacerse de Mangrullo (Lucas Torales, Alejandro Selva, Federico Teves y Santiago Squinoni). El resultado fue amplio: 14-8. En el segundo turno se disputó la otra semifinal, en la que también hubo un marcador contundente: Totos (Guillermo y Gustavo Usandizaga, Patricio Cieza y Amanda Pearson) derrotó 12-8 a La Ensenada (Fermín Gutiérrez, Matías Magrini, Franco Veronesi y Tomás Garbarini).

Nalbandian, que se acercó al polo gracias a su amistad con Adolfito Cambiaso, ya estaba en las vísperas de una final. Mucho menos importante que otras que protagonizó, como la de Wimbledon 2002 (derrota ante Lleyton Hewitt) o la del Masters 2005 (triunfo ante Roger Federer), pero no dejaba de ser una final. Empezó complicada: Totos se puso 7-4, casi un triple match point para llevarse la Copa. Imperial reaccionó y dio vuelta el resultado: 9-8 a favor. Pero, sobre el final, llegó el empate 9-9 que forzó un chukker suplementario, lo más parecido a un tie-break tenístico. El triunfo de Imperial se concretó gracias al gol decisivo marcado de penal por Eduardo Heguy. Así, en su primera experiencia importante en el polo competitivo, Nalbandian terminó festejando.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO POLO Nº331 (DICIEMBRE DE 2012)