miércoles, 29 de julio de 2015

Argentina-Uruguay: el primer clásico

Por Martín Estévez

Hace 90 años, el 2 de noviembre de 1924, Uruguay y Argentina definieron el Sudamericano. Ya protagonizaban un duelo con tribunas repletas, escenas violentas y el premio de ser la mejor selección del planeta.

Algún fanatico europeo podría oponerse a esta idea argumentando que Francia-Inglaterra, por ejemplo, fue un partido tradicional en el siglo XIX. Pero nosotros vivimos en Sudamérica y nos animamos a afirmarlo: Argentina-Uruguay fue más que un “partido tradicional”, y en la década de 1920 se convirtió en el primer gran clásico de la historia del fútbol. Uno de los picos de la rivalidad existió en 1924 y, como es más que probable que ninguno de quienes presenciaron esos partidos esté vivo, repasaremos los eventos a través de las páginas de El Gráfico.

Un poco de historia
El clásico rioplatense se jugó por primera en vez en 1901: Argentina ganó 3-2 en Montevideo. Hasta 1923 se habían enfrentado en 83 ocasiones, con 34 triunfos uruguayos, 32 argentinos y 17 empates. A esa ventaja mínima en el historial, los celestes le sumaban su dominio en el Campeonato Sudamericano, cuya primera edición había sido en 1916: tres títulos contra uno albiceleste. La rivalidad creció en 1924. Jugaron dos partidos el mismo día (25 de mayo), uno en Barracas y otro en Montevideo, con un triunfo para cada bando. 

El 9 de junio, Uruguay ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, que era el equivalente al título mundial. Entonces, con los uruguayos consagrados como los mejores del planeta, cada partido contra ellos se transformó en una virtual final del mundo, un intento de demostrar que el fútbol argentino era el mejor de todos.

El siguiente partido fue el 21 de septiembre, en Montevideo: empataron 1-1. “Nos permitimos recalcar -escribió El Gráfico tras el empate- el punto aquel de que entre argentinos y uruguayos, sean o no campeones de tal o cual concurso, subsistirá siempre la igualdad de fuerzas que desde hace quince años viene constatándose en las luchas internacionales. Mañana, nosotros podremos ser campeones olímpicos y perder frente a los uruguayos (...) Se esperaba una superioridad manifiesta de los uruguayos. No ocurrió así sin embargo”. Y ante la alegría de algunas personas por haber igualado con el campeón olímpico, se preguntó: “¿Cuándo nos hemos considerado tan poco, que un empate con los uruguayos constituya una victoria argentina?”.

Una semana después, el clásico iba a jugarse en la cancha de Sportivo Barracas, pero... “Mentiríamos si dijésemos que nos ha sorprendido lo que ocurrió. Aún más, nos animamos a afirmar que cada uno de los asistentes al salir de su respectivo domicilio para encaminarse a la cancha preveía los acontecimientos. Se culpa a más de una autoridad el desborde de público. Hay quienes acusan a las autoridades de la Asociación de vender un número excesivo de localidades dando rienda suelta al deseo de lucrar. Otros atribuyen a la policía falta de vigilancia en la tarea de contener al público ubicado en las proximidades del estadio y que, en un momento dado, atropelló las puertas y escaló las paredes”. Fue un verdadero escándalo, con combates a pedradas que dejaron varios heridos, público dentro del campo de juego y partido suspendido antes de que los futbolistas pisaran la cancha.

Finalmente se jugó el 4 de octubre, y resultó histórico. Argentina ganó 2-1 con un gol de Tarascone y otro de Cesáreo Onzari, que la metió directo desde un tiro de esquina. Fue el primer gol hecho de ese modo, no porque nadie lo hubiera logrado antes, sino porque previamente no era reglamentario. Por ser ante el campeón olímpico, es conocido desde ese momento como “gol olímpico”. 

¿Salió todo bien, entonces? Claro que no. Volvamos a las palabras de El Gráfico: “Pocas veces hemos experimentado en un campo de juego la impresión dolorosa, de desconcierto, que sufrimos ante el epílogo que tuvo el encuentro. Las escenas de guerrillas entre los campeones olímpicos y el público, aquella otra de Scarone luchando a brazo partido con los agentes de policía, procurando impedirle que abandonase el field, no tienen precedente en las luchas internacionales rioplatenses. De cómo se pudo llegar a esa exaltación y falta de buen tino, es lo que no nos explicamos, y si buscamos su origen debemos decir en honor a la verdad, que lo encontraríamos por igual en la conducta de ambas partes (...) No de otra manera se explica el juego algo brusco de los visitantes cuando comprobaron el poder del team argentino, como tampoco se explican las botellas y piedras que por tal causa les fueron arrojadas, sobre todo aquellas primeras dirigidas al arquero Mazali, que ninguna participación tenía en las violentas intervenciones de sus compañeros. La nota máxima de la locura diéronla la casi totalidad de los campeones olímpicos dejando de jugar para entregarse a una verdadera batalla con el público (...) Cuando los uruguayos abandonaron la cancha, los hombres del team argentino fueron detrás de ellos a fin de pedirles que cambiaran de actitud. No habiendo obtenido resultado su intervención, volvieron para cumplir con el reglamento que obliga a permanecer en el field hasta expirado el tiempo de juego”. Sí: el público invadió la cancha, se agarró a trompadas con los jugadores y el partido no llegó a terminarse. ¿Así que la violencia en el fútbol empezó en los últimos años?

El campeonato sudamericano
Días después se iniciaba el Sudamericano, un cuadrangular que se jugaría en Uruguay. Los futbolistas argentinos tenían miedo de que hubiera revancha luego de las agresiones en Barracas. El estallido de violencia parecía a la vuelta de la esquina. El torneo lo abrieron Argentina y Paraguay el 12 de octubre. Las cercanías del estadio estaban repletas de carteles con frases como “El que arroja una piedra a un jugador indefenso, es un cobarde”; “El que ataca escudado en el anonimato es un cobarde”; y “Todos los uruguayos deben ser celosos de su cultura”. Finalmente, no hubo incidentes. 

“El cuadro argentino no ha sido molestado; cuanto más algunos silbidos de las populares y frialdad para las incidencias de un juego favorable. No esperábamos otra cosa del pueblo uruguayo. Su prensa, procediendo con el buen criterio que aconsejaba la situación, publicó sueltos recomendando calma, compostura y que se recordase que los fines de un campeonato sudamericano son estrechar lazos y propender al progreso del deporte”. El partido terminó 0-0. “El team argentino perdió un punto por la influencia del público”, fue la conclusión de El Gráfico.

Uruguay derrotó 5-0 a Chile y 3-1 a Paraguay en sus primeros partidos. Argentina, en su segunda presentación, le ganó 2-0 a Chile (goles de Sosa y Layarte). “Los argentinos se adjudicaron un triunfo contra los chilenos y contra el público (...) El triunfo estaba descontado de antemano, y nada hacía pensar que los chilenos pudiesen apurar el match. Sin embargo, esto ocurrió y –posiblemente- si Sosa no hubiese hecho un goal a tiempo, que calmó en algo los entusiasmos y la ofensiva del team chileno, el ‘batacazo’ se habría producido”.

El último partido se jugó el 2 de noviembre. Uruguay llegó con 4 puntos, uno más que Argentina, y un empate le alcanzaba para ser campeón. “Los uruguayos ganarán la Copa América -aseguraba El Gráfico-. Sólo lo imprevisto puede torcer el pronóstico. De los cuatro teams, indudablemente el del Uruguay es el más completo”. Ya que mantuvimos el misterio del resultado hasta acá, leamos directamente desde el archivo de El Gráfico la crónica del clásico, jugado ante 30 mil espectadores, incluido el presidente uruguayo José Serrato.

* “El match se inició con muy buen cariz para los argentinos, que cargaron resueltamente, obligando las primeras jugadas de Zibechi. Este tuvo que emplear sus mejores recursos para pasar a Sosa y a Seoane y cooperar con Alzugaray. Pasados los diez minutos, el juego se equilibró, y los uruguayos, estimulados por el público, organizaban sucesivos avances, llegando hasta las últimas líneas argentinas. Entonces hubo un hombre que se destacó netamente, y fue Cockrane, que interceptó tantas veces cuantas fue necesario, las combinaciones de Cea y Petrone”.

* “Ya para la mitad de este tiempo estaban perfectamente definidas las tácticas; una, la de los argentinos, defensa libre, con ofensiva por los wings, casi siempre por intermedio de Onzari; otra, la de los uruguayos, defensa más científica, sobre todo donde entraba a intervenir Zibechi, y ofensiva organizada por los hombres centrales”.

* “Mientras los uruguayos buscaban afanosamente el arco y tiraban con más o menos buena dirección, los forwards argentinos frustraban sus mejores empeños por la carencia absoluta de shots, al punto que en los primeros treinta minutos de este tiempo se anotó un solo shot de Tarascone, que resultó excesivamente alto”.

* “Hasta llegar a los cuarenta y cinco minutos de este tiempo, los uruguayos presidieron las acciones. Sólo el comportamiento brillante de Cockrane y Tesorieri (en realidad su apellido era Tesoriere), y a veces el entusiasmo de Médici, pudieron evitarle ulterioridades al team argentino”.

* “El último período de juego se inició en forma amenazante para los argentinos, al punto que antes del minuto de juego, Petrone consiguió escaparse, colocando desde cerca un shot que pegó en el costado de la red”.

* “Los locales siguieron empeñados en buscar ventajas y a los trece minutos la hubiesen obtenido si una circunstancia casual no interviene. Un shot fortísimo de Petrone, hecho de voleo a cuatro metros de Tesorieri, dio en la cabeza de Barlocco cuando el tanto parecía seguro. El jugador cayó desmayado”.

* “Por los treinta y cinco minutos, Seoane realizó una escapada, siendo despojado de la pelota cuando estaba dentro del área penal, en una forma por demás dudosa. El juego se volvió a equilibrar y los uruguayos organizaron nuevos esfuerzos cuando estuvimos en la hora”.

* “La última jornada del Campeonato de América fue brillante, más que por la exhibición de juego por las emociones que se produjeron, provocadas éstas casi siempre por las situaciones creadas frente a las vallas”.

* “En el campo argentino hubo hombres que llamaron justamente la atención. Tesorieri tuvo tres interceptaciones (sic) maravillosas, como para probar que vale. Y, sin temor a equivocarse, se puede decir que de no mediar su actuación, el team argentino habría sufrido una derrota de proporciones. El que no convence a nadie es Loyarte; le falta clase para matches de tanta importancia”.

* “Si nos atenemos a la ofensiva de los locales, mantenida en sesenta minutos sobre noventa de juego, y si fijamos el recuerdo en las innumerables veces que actuó Tesorieri, convendremos en que los uruguayos merecieron ganar por más de un gol”.

* “Es verdad que el público uruguayo se comportó razonablemente, pero eso no garantiza que continuemos en paz con nuevos partidos internacionales. Resulta bochornoso para el sport que una ciudad necesite distraer centenares de policías y bomberos para asegurar el desarrollo más o menos normal de un encuentro de football. Debería caérsenos la cara de vergüenza a los que presenciamos el desfile y despliegue de fuerzas de a pie y a caballo en el Parque Central de Montevideo”.

El empate 0-0 les dio a los uruguayos su cuarto título sudamericano. Luego, las dos selecciones demostrarían ser las mejores del mundo en los Juegos Olímpicos de 1928 y en el Mundial de 1930. En ambas ocasiones jugaron la final y se agigantó la supremacía de Uruguay, que se impuso 2-1 y 4-2. Es que, en sus inicios, el primer gran clásico de la historia del fútbol se vistió de celeste.


183 Son las veces que se enfrentaron Argentina y Uruguay. La albiceleste ganó 82 partidos, los uruguayos 59 y empataron 42. Jugaron dos partidos en Mundiales: en Uruguay 1930 (ganó 4-2 el local) y en México 1986 (1-0 para Argentina).

Publicado en El Gráfico Nº4451 (noviembre de 2014)

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