domingo, 30 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – Diego Simeone: la liga menos pensada

Por Martín Estévez

La liga española es la más despareja del mundo. La gana siempre el Barcelona, perseguido por Real Madrid; o la gana Real Madrid, perseguido por Barcelona. Con ellos no es posiblecompetir. Pueden perder algún punto, pero en 38 fechas terminan sacando un mundo de distancia. Uno tiene a Messi, Neymar, Xavi e Iniesta; el otro, a Cristiano Ronaldo, Bale, Benzema y Di María. En la liga española, todos los demás equipos juegan por el tercer puesto.

Antes del comienzo de la temporada 2013/14, eso es lo que se decía sobre la liga. Y no lo decía solamente la mayoría: casi todos pensaban lo mismo. Y con razón. En 2013, el Barça le había sacado 24 puntos al tercero (el Aleti). En 2012, el Real terminó 39 puntos encima de Valencia. En 2011, Barcelona aventajó por 25 a ese mismo equipo, otra vez tercero. En 2010... bueno, ya se entendió. Los dos gigantes dominaron los últimos nueve torneos. Justamente Valencia fue el último que había roto esa polaridad, al ser campeón en la temporada 2003/04.

Toda esta larguísima introducción es suficiente para comprender lo magnífica que resultó la campaña del Atlético de Madrid durante la temporada 2013/14. ¿Y por qué le otorgamos tanto mérito a Diego Simeone? No se lo damos nosotros, se lo dan jugadores, hinchas y dirigentes del Aleti, que reconocen al Cholo como responsable de una verdadera revolución futbolistica. 

Asumió el cargo a principios de 2012, cuando el equipo estaba 10º en aquella liga, a 19 puntos del Real. Comenzó en ese momento una seguidilla de éxitos nunca vista en la historia del club: ganó la Europa League, la Supercopa Europea y la Copa del Rey, todas ante poderosos rivales. En la liga, el Aleti venía de sumar 60, 64, 67, 47, 58 y 56 puntos. Con Simeone, sumó 76 en la 2012/13 y nada menos que 90 (¡noventa!) en la 2013/14, para ganarles por tres unidades a los dos gigantes. Y la definición incluyó un épico partido final ante Barcelona, de visitante: si perdía, se quedaba con las manos vacías. El 1-1 conseguido en el Camp Nou, el 17 de mayo, elevó un escalón más a Simeone, no sólo en la historia del Aleti, sino en la del fútbol español.

Jugadores que como mucho eran respetados se convirtieron en megaestrellas: el arquero Thibaut Courtois, los defensores Diego Godín y Juanfran, los volantes Arda Turán, Koke y Raúl García, y el delantero Diego Costa se potenciaron con Simeone como nunca lo habían logrado en sus carreras.

La temporada hubiera sido perfecta si la excelente campaña en la Champions League terminaba con un triunfo ante el Real Madrid, y faltó sólo un minuto para que lo fuera (se lo empataron en tiempo de descuento y lo perdió en el suplementario), pero esos son detalles que les sirven a los injustos para criticar y poner peros. Los que entienden el mérito de liderar a un grupo de futbolistas que parecen del montón, unirlos y derrotar al poder, recordarán para siempre al valiente Atlético de Madrid de Diego Simeone.

7 Los títulos que ganó Simeone con el Atlético de Madrid: 2 como jugador (en 1996) y 5 como técnico. Sin él, en los últimos 22 años, el club logró apenas 2 títulos.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

sábado, 29 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – Emanuel Ginóbili: la superestrella argentina

Por Martín Estévez

Había una vez un país en el que se televisaba un programa llamado La magia de la NBA. A la medianoche, o al mediodía, dependiendo de las decisiones de los programadores, los argentinos se sentaban a observar cómo Michael Jordan, Magic Johnson y compañía jugaban a algo muy parecido a lo que se conocía como básquet, pero a otro nivel: a un nivel intergaláctico, hipnotizante, inalcanzable.

Cuando, en el año 2000, Juan Ignacio Pepe Sánchez iba a debutar en la NBA, los amantes del básquet se sentaron a medianoche frente a la televisión, no tanto para seguir el espectáculo (se sabía que Pepe jugaría pocos minutos), sino para comprobar que fuera cierto: que al show intergaláctico había llegado un argentino.

Ese país, que parece tan lejano, está a poco más de una década de distancia, pero los que no lo vivieron no terminan de entender por qué los que tenemos más de 25 años seguimos la carrera de Emanuel Ginóbili como si se tratara del más perfecto cuento de hadas del deporte argentino.

No se trata de ser ingenuos: sabemos que si el número de argentinos en la NBA creció tan rotundamente (cero entre 1946 y 2000, nueve en los últimos 14 años) es porque la NBA descubrió que abriendo las fronteras, el negocio económico se multiplicaba. Pero mucho más indiscutible que eso es que Ginóbili no está de relleno en la liga más importante del mundo: es pieza clave, vital, ídolo, referente. 

Forma parte, junto a Tim Duncan y Tony Parker, del trío que quedará en la historia del básquet por haber llevado a San Antonio a la cima, con la solidaridad y el trabajo en equipo como estandartes.

Manu debutó con la camiseta de los Spurs en 2002 y desde entonces promedia 27 minutos; 14,7 puntos; y 4 asistencias por partido. Se consagró campeón en 2003, 2005, 2007 y (el motivo por el que finalmente existe este texto) también en 2014.

Los Spurs habían comenzado la temporada cascoteados por los seis años sin títulos, la edad de sus figuras (36 de Manu, 37 de Duncan, 31 de Parker) y, especialmente, por la final perdida por mínimos detalles, semanas antes, ante Miami Heat. Sin embargo, todo eso les sirvió de motivación: sabían que no les quedaba mucho tiempo para volver a ser campeones con sus tres estrellas juntas. 

Su temporada regular fue excelente (récord de 62 triunfos y 20 derrotas), pero en los playoffs comenzaron sufriendo: Dallas los llevó hasta el séptimo partido en la primera ronda. Se consolidaron ante Portland (4-1) y Oklahoma (4-2), pero lo mejor llegó en la gran final, otra vez ante Miami, con el conjunto entero jugando a máximo nivel y destrozando a un equipo que dependía de LeBron James: fue 4-1, en una lección de básquet.

A los 37 años, Ginóbili sigue teniendo un rol protagónico mientras los argentinos lo miramos caminar entre las superestrellas, sin terminar de entender que no es sólo que Manu camine, sino que se transformó, sin que nos diéramos cuenta, en una superestrella.

1168 Los puntos que anotó Ginóbili en la temporada 2013/14, sumando la fase regular y los playoffs. En toda su carrera en los Spurs, acumula 14.554.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

viernes, 28 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – Las Águilas: el único título mundial

Por Martín Estévez

En el año de los Mundiales (fútbol, básquet, vóley, hockey sobre césped...), el único título para el deporte argentino lo trajo la selección femenina de hockey sobre patines, más conocida como Las Águilas.

Aunque no sea un deporte popular en nuestro país, sí posee una larga tradición de buenas jugadoras (y jugadores) y de éxitos, especialmente gracias al aporte de San Juan (8 de las 10 campeonas son sanjuaninas).

Esta fue la 12ª edición del Mundial, en el que la Argentina celebró cinco veces: en 1998, 2002, 2004, 2010 y este año. Las chicas llegaban con un frustrante antecedente: en Recife 2012 habían terminado séptimas, posición más baja desde 1994. 

El trayecto hacia la cima no dejó dudas: le ganaron 7-1 a España, 9-0 a Japón, 8-0 a Sudáfrica, 4-0 a Italia y 3-0 a Alemania para llegar al partido decisivo. Y ante Francia (local y último campeón) continuaron con su paso demoledor y golearon 3-0 con tantos de la experimentada Adriana Gutiérrez, Salomé Rodríguez y Luciana Agudo, figura del equipo.

Con este campeonato conseguido en la ciudad de Tourcoing, Las Águilas se convierten en la selección con más títulos: superaron a España, que tiene 4. Como mínimo reconocimiento ante un gran logro, mencionamos a las otras siete Águilas que, dirigidas por Jorge Otiñano, celebraron el 1º de noviembre: María Rodríguez, Daiana Silva, Daiana Gordillo, Verónica Dieguez, Valentina Fernández, María José Gioja y Romina Julián.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

jueves, 27 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – Leonardo Mayer: en Hamburgo brilló nuestro Nº1

Por Martín Estévez

A los 27 años, Leonardo Mayer vivió su temporada consagratoria. La ausencia de Juan Martín Del Potro, lesionado durante casi todo el año, le permitió ser el número 1 argentino, honor que el Yacaré supo mantener con muy buenos resultados.

Mayer había debutado como profesional en 2003. Ingresó por primera vez al Top 100 del ranking mundial en 2009 y llegó a estar entre los mejores 40, pero en 2011 quedó fuera de los 200 primeros y su carrera parecía estancada. Sin embargo, rápidamente volvió al Top 100 y se mantuvo rondando esa posición hasta 2014. En su carrera sólo había ganado un Future y ocho Challengers, sin llegar jamás a la final de un torneo ATP.

Este año, cuando pocos lo esperaban, la rompió. En torneos de Grand Slam sumó 8 triunfos (todos los demás argentinos lograron apenas 6) y sólo perdió contra verdaderos monstruos: ante Novak Djokovic (2ª ronda de Australia), Rafa Nadal (3ª de Roland Garros), Grigor Dimitrov (octavos de final de Wimbledon) y Kei Nishikori (3ª del US Open). Además, en febrero derrotó a Tommy Robredo (16º) y llegó a la final en Viña del Mar. 

Pero el gran logro lo consiguió en el ATP 500 de Hamburgo, disputado en julio. Avanzó hasta la final sin ceder sets, tras derrotar a algunos rivales fuertes (el español Guillermo García López y el alemán Philipp Kohlschreiber). En el partido decisivo se las vio con David Ferrer, 7º del mundo y una verdadera bestia sobre polvo de ladrillo. No importó: el correntino se impuso 6-7, 6-1 y 7-6, ganó así su primer título y el único de tan alto nivel conseguido por un argentino durante este año. 

Gracias a eso, alcanzó el mejor ranking de su carrera (25º) y, como si fuera poco, también ganó sus dos partidos (ante Botzer y Sela) en la serie contra Israel que le permitió a la Argentina mantenerse en la Primera División de la Copa Davis. Un año inolvidable para él.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

miércoles, 26 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – UPCN de San Juan: en la elite internacional

Por Martín Estévez

“Fue fantastico haber estado entre los mejores cuatro equipos en el Mundial de Clubes 2013. Igual, ahí me quedó la sensación de que podíamos haber quedado terceros”, contaba el rumano Bogdan Olteanu en una entrevista que El Gráfico le hizo este año. Lo decía como integrante de UPCN Vóley, club fundado en 2007 que entre 2009 y 2013 había ganado tres Ligas Argentinas, un Sudamericano de Clubes, dos Copas ACLAV, tres Copas Master y un Súper 8. “El secreto de UPCN es el gran trabajo que se hace –explicaba Olteanu–. No sé si hay otro equipo en el mundo que haya logrado tantas cosas en tan poco tiempo”. 

En 2014, los éxitos continuaron para los sanjuaninos: ganaron otra vez la liga, al derrotar a Lomas en la final, y fueron subcampeones sudamericanos (caída ante Sada Cruzeiro), lo que les dio acceso a disputar otra vez el Mundial de Clubes, con sede en Belo Horizonte. Y aquel tercer puesto que Olteanu lamentó no haber conseguido un año antes, llegó en mayo. 

En su zona, UPCN venció a Esperance (Túnez) y Al Rayyan (Qatar), y perdió contra Trentino (Italia). Se clasificó así para las semifinales, en las que cayó ante Belgorie Belgorod (Rusia); y terminó su participación con un triunfo 3-2 sobre el Sada Cruzeiro. Dirigido por Fabián Armoa, y con figuras como Olteanu, Javier Filardi, Theo López y Demián González, se convirtió en el único equipo argentino que terminó entre los tres mejores en las diez ediciones que se han disputado del Mundial.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

martes, 25 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – Germán Lauro: lo difícil es mantenerse

Por Martín Estévez

Es el mejor representante argentino de la década en pruebas de atletismo. Esa fuerte presentación corresponde a Germán Lauro. Sólo Jennifer Dahlgren y (tomando en cuenta su edad) Braian Toledo entran en la misma escala de medición que el lanzador de Trenque Lauquen. 

Lauro comenzó a brillar en 2006, cuando terminó primero en lanzamiento de bala en el Sudamericano, competencia en la que acumula cuatro medallas, más tres en el Iberoamericano. Su mayor logro lo consiguió en los Juegos Olímpicos de 2012, cuando terminó 6º en bala (también lanza disco). En 2013 sumó un 2º puesto en la Diamond League (principal competencia anual de atletismo) y fue 7º en el Mundial de Moscú. 

En 2014 no generó sólo un impacto, sino tres. En febrero, batió el récord sudamericano bajo techo, lanzando 21,04 metros en Praga. En marzo, finalizó 6º en el Mundial, también bajo techo, de Sopot, Polonia. Y en julio volvió a terminar 6º, pero en la Diamond League.

A los 30 años, el gran mérito de Lauro es mantenerse desde hace tres años entre los diez mejores lanzadores de bala del planeta, cuando ningún otro atleta argentino, por cuestiones económicas y culturales, puede conseguirlo. ¿Cuánto hace que en carreras de velocidad, de resistencia o en saltos no disfrutamos de un argentino peleando mano a mano con los mejores? En lanzamiento de bala, en cambio, y desde hace un lustro, Germán Lauro mantiene en alto la bandera celeste y blanca.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)

lunes, 24 de agosto de 2015

Impactos del 2014 – José Pekerman: héroe de Colombia

Por Martín Estévez

Los entrenadores argentinos gozan de prestigio en la actualidad. Simeone en el Atlético de Madrid, Marcelo Bielsa en Olympique de Marsella, Jorge Sampaoli en la selección de Chile, Mauricio Pochettino en el Tottenham inglés y el paso de Gerardo Martino por el Barcelona son algunas muestras. Por eso no sorprendió cuando, en enero de 2012, Pekerman asumió como seleccionador de Colombia. 

José tenía entonces 62 años y una trayectoria casi impecable: éxito absoluto con los juveniles argentinos entre 1995 y 2002, prolijo paso por la Selección Mayor entre 2005 y 2006 (eliminado en cuartos de final del Mundial al caer por penales ante el local, Alemania), y dos temporadas en el fútbol mexicano. 

Colombia había arrancado mal las Eliminatorias, pero con Pekerman repuntó y consiguió clasificarse a una Copa del Mundo después de 16 años. ¿Cuál fue el gran impacto conseguido por José en este 2014? Uno aún mayor: con James Rodríguez como figura y goleador, arrasó en el Grupo C del Mundial (3-0 a Grecia, 2-1 a Costa de Marfil y 4-1 a Japón) y, al vencer 2-0 a Uruguay en octavos de final, consiguió la mejor actuación colombiana de la historia. 

La ajustada derrota 1-2 ante Brasil puso fin a la estadía del equipo en la copa, pero inició una serie de reconocimientos y de agradecimientos que Pekerman recibirá no sólo mientras siga dirigiendo al país (estará presente en la Copa América 2015), sino durante el resto de su vida.

Publicado en El Gráfico N°4452 (diciembre de 2014)

domingo, 23 de agosto de 2015

Cuando el fútbol alivió la guerra

Por Martín Estévez

Hace un siglo, en la Navidad de 1914, soldados ingleses y alemanes pactaron una tregua ¡y jugaron a la pelota!

Todas las palabritas vacías que podamos escribir en esta página no pueden describir absolutamente nada de lo que significa una guerra. Imaginate a una persona asesinando a otra con un disparo. Su sangre, sus últimas respiraciones, el dolor de toda una familia que nunca más la volverá a ver. Repetí esa imagen una, dos, tres, nueve millones de veces. Nueve millones de veces. Esa masacre fue apenas una de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué tiene que ver con esto con una revista deportiva? Acá va la historia.

En diciembre de 1914, la Guerra llevaba cinco meses de duración. Uno de los principales puntos de batalla era en Ypres, Bélgica, donde soldados alemanes combatían contra ingleses y franceses, aliados ante el enemigo común. El 24 de diciembre, los alemanes frenaron la planificación de nuevos ataques para decorar sus trincheras y cantar canciones navideñas. Esa acción, que puede parecer infantil o ingenua, desató una de las pocas situaciones felices de aquella Guerra. Las trincheras estaban lo suficientemente cerca como para que ingleses y franceses escucharan los cantos. ¿Qué hicieron? Empezaron a gritarles una frase en distintos idiomas: “Feliz Nochebuena”. Los alemanes hicieron lo mismo. Los gritos siguieron, hasta que los alemanes se atrevieron a enviar un mensajero para realizar la propuesta más absurda y hermosa: juntarse para celebrar la Navidad.

Esos tipos, que horas antes planificaban matarse, guardaron las armas, confiaron los unos en los otros y se unieron. No tardaron mucho tiempo sus jefes, los ideólogos de la Guerra, en enterarse y enviar una orden: nada de tregua, todos a combatir de nuevo. Pero a veces no hay obediencia debida que valga, y esos soldados, esos seres humanos, se negaron a asesinarse durante la Navidad. Y además de comida, bebida y canciones, y de permitirse enterrar a sus compañeros muertos, compartieron algo más: un partido de fútbol. 

La Guerra detuvo casi todas las ligas de Europa (dejó de jugarse en Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Croacia, Checoslovaquia, Dinamarca, Rumania), pero no pudo matar al fútbol. Nada de mito hay en esta historia: existen fotos de los soldados posando juntos y hasta alguna del partido en el que, con alrededor de cincuenta jugadores por equipo, los alemanes derrotaron 3-2 a los aliados, pero todos festejaron. Conocida ahora como la Tregua de Navidad, no se sabe cuánto duró la detención de la Guerra: algunas versiones afirman que fue sólo hasta el día 26; y otras, que llegó hasta enero de 1915. Luego, la Guerra se extendió durante cuatro terribles años.

El último protagonista que quedaba de aquella tregua murió en 2005, el mismo año que en Francia se estrenó una película sobre el tema: Feliz Navidad. También fueron escritos varios libros y una canción (All Together Now, del grupo The Farm). El 17 de diciembre, en Ypres, la UEFA levantará un monumento para conmemorar el centenario de aquella vez en la que el fútbol alivió la guerra.

Recuadro - La Primera Guerra Mundial
Conocida tambien como la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial fue una de las máximas masacres en la historia de la humanidad, acontecida entre julio de 1914 y noviembre de 1918. Inicialmente, combatieron el Imperio Alemán y el Imperio Austro-húngaro contra los Aliados (Gran Bretaña, Francia y Rusia), aunque luego se vieron envueltos en el conflicto, entre otro países, Italia, Japón, Estados Unidos, Bulgaria y el Imperio Otomano. La excusa para el inicio de la Guerra fue el asesinato del Archiduque de Austria por parte de un militar serbio y, tras nueve millones de muertes, el final llegó tras un “triunfo” de los Aliados (que puso fin al Imperio Alemán y al Austro-húngaro) y a la firma del Tratado de Versalles. Más de 70 millones de seres humanos combatieron en la Guerra.

Publicado en El Gráfico Nº4452 (diciembre de 2014)