lunes, 29 de diciembre de 2008

Ronaldo: a tres goles de la leyenda


NACIÓ EN UNA HUMILDE COLONIA DE RÍO DE JANEIRO, PERO RECORRIÓ EL MUNDO SENTENCIANDO PORTEROS. BRILLÓ EN SU PAÍS, EN HOLANDA, EN ITALIA Y EN ESPAÑA. GANÓ DOS MUNDIALES, PERO IGUAL EN ALEMANIA 2006 PERSEGUIRÁ UN SUEÑO: SER EL MÁXIMO GOLEADOR DE LA HISTORIA DE LAS COPAS DEL MUNDO.

Es un privilegio ver jugar en vivo a Ronaldo. Un privilegio que los amantes del fútbol lamentan no haber tenido con el francés Just Fontaine o --los más jóvenes-- con el alemán Gerd Muller. Un goleador de ese nivel es Ronaldo: mítico. Las críticas que se le pueden hacer por acciones puntuales se desvanecen ante la trascendencia de sus números, su talento, sus dos títulos y doce goles en Mundiales… Y, en Alemania, quiere dar un paso más, el definitivo, el que lo mantendría en las páginas más gloriosas del fútbol: ser el máximo goleador de la Copa del Mundo. Para cualquiera, una hazaña. Para Ronaldo, un objetivo.

De Bento Ribeiro a la Selección

En Bento Ribeiro --una de las colonias más pobres de Río de Janeiro--, Ronaldo metió sus primeros goles mientras su madre trabajaba catorce horas diarias para mantener a sus niños. “Nunca pasé hambre, pero tuve una infancia difícil --recuerda el brasileño--. Tenía problemas para hacer lo que me gustaba, pero no dejé de ir a la escuela ni a los entrenamientos”.
De pequeño era aficionado al Flamengo. Su padre lo llevaba al estadio Maracaná para ver a su ídolo: Zico. A los 14 años realizó una prueba futbolística en ese club y la aprobó. Su sueño de jugar para “el Fla” estuvo por cumplirse, pero sus padres no tenían dinero para pagarle los viajes en autobús. Y el sueño se esfumó.
Entonces se puso la camisa de Sao Cristovao. Se destacó rápidamente y fue convocado por la Selección Sub 17 de Brasil: metió 59 tantos en 57 encuentros. Lo contrató Cruzeiro de Minas Gerais y, un año después, ganaba su primer título y era convocado a la Selección Mayor. Ya era una estrella. Y tenía 17 años.

Estrella fugaz
Su pase a Europa no se demoró. Después de ganar el Mundial 1994 con Brasil, el PSV Eindhoven de Holanda compró su pase. Cuando llegó, se sintió incómodo: no conocía el idioma y sufría el frío. Cuando se fue, se sintió amado: la afición se enamoró de sus goles. Fueron 54 en 58 partidos. Su alejamiento se aceleró cuando, en la final de la Copa de Holanda, el entrenador lo dejó en la banca hasta los minutos finales. Ronaldo no lo soportó y pidió el traspaso.
Lo contrató el gigante Barcelona, pero al principio no se hablaba de sus goles sino de su personalidad introvertida: Ronaldo respondía “no sé” a casi todas las preguntas de la prensa. Los 20 millones de dólares que había costado su pase (hasta entonces, el más caro en España) y la responsabilidad de jugar en uno de los equipos más importantes de la Tierra parecían pesarle. Pero demostró que no era así. Se ganó el apodo de “O Fenómeno” por su rendimiento anormal: 47 goles en 49 partidos, y un juego inolvidable ante Valencia. Había metido dos goles, iban 2-2. Valencia arrinconó a Barcelona. En el último minuto, Ronaldo --virtuoso, sensacional-- tomó el balón en el mediocampo y corrió a toda velocidad. Superó a dos jugadores y definió con clase ante el arquero. Golazo. 3-2. La tarde más recordada de Ronaldo en Barcelona.
La temporada 1996/97 hubiera sido perfecta si no fuera porque a los catalanes se les escapó la Liga Española. El contrato con el club duraba ocho años; se extendió a diez. Parecía que Ronaldo se quedaría eternamente, pero la unión se extinguió de pronto. Una pelea con el presidente hizo que O Fenómeno dijera adiós.

El juego de las lágrimas
Ronaldo había sido elegido mejor jugador del mundo en 1996. Comprar el pase no sería fácil para el Inter de Italia. Mantener su nivel no sería fácil para el delantero. Ambos cumplieron: el club pagó 27 millones de dólares; Ronaldo fue elegido otra vez como el mejor. En su primera temporada hizo 34 goles y obtuvo la Copa UEFA.
Estaba en la cima, pero el Mundial de Francia 1998 fue un golpe entre los dientes para él. Llegaba como candidato al botín de oro y pese a molestias en sus rodillas --que lo obligaban a jugar infiltrado--, todo fue bien hasta el partido decisivo. Ronaldo había anotado cuatro veces y Brasil estaba firme. Pero la final, para él, fue un principio: el principio de su etapa más oscura.
Tenía presión, mucha. Sintió la responsabilidad. Horas antes de la final sufrió convulsiones. Fiebre. Malestar estomacal. Los médicos lo revisaron y el diagnóstico fue terminante: no tenía nada que pudiera generar esos síntomas. ¿Qué pasó? Ronaldo estaba nervioso. Nadie lo recordaba, pero tenía sólo 21 años y no paraban de exigírsele goles, simpatía, imagen perfecta. Aun así --o quizá por eso-- lo arrojaron al campo para alegría de los sponsors. Jugó mal. Francia derrotó 3-0 a Brasil. Casi todos dudaron de su grandeza. Y los problemas recién empezaban.
En 1999 se rompió parcialmente el tendón rotuliano de la rodilla derecha. Entonces comenzó una seguidilla de lesiones que pondría a su carrera al borde del precipicio. Jugó ocho partidos en dos años y medio. La imagen más triste se vio ante Lazio, en abril de 2000, cuando recién retornaba. Intentó correr un balón y se desvaneció: se le habían destrozado los tendones de la misma rodilla que le habían operado.
Mientras muchos decían que era un jugador retirado, Ronaldo pasaba seis horas diarias haciendo ejercicios y natación. Aquella final en Francia y la sensación de que su físico no resistía más lo desprestigiaron. En noviembre de 2001 hubo otro retorno. ¿Uno de tantos, el prólogo de otra lesión? No. Esta vez fue definitivo. Fue un prólogo, sí: el de la resurrección de un crack.

Un goleador mundial
En Estados Unidos 1994, Ronaldo formó parte del plantel campeón aunque no jugó ni un minuto. Y, si Francia 1998 había sido doloroso, Corea-Japón 2002 fue la cumbre de su carrera. Siete meses después de su recuperación, debía demostrar que había vuelto el verdadero Ronaldo. Lo hizo con goles. Empezó con seis en seis juegos (uno pareció en contra, pero la FIFA se lo dio a él). En la final, la misma instancia que lo había sentenciado cuatro años antes, Ronaldo brilló. Fue el partido más importante de su vida. Anotó los dos goles para el 2-0 sobre Alemania. Sus ocho tantos lo elevaron a goleador de la Copa y a ser elegido el mejor del mundo por tercera vez. ¿Y las acusaciones de cobardía? ¿Las voces que decían que no volvería al primer nivel? Tapadas por aplausos, miles de aplausos. Ronaldo había vuelto.
Su nivel sideral no podía ser ignorado por Los Galácticos, y Real Madrid lo sumó a cambio de 40 millones de euros. Desde 2002 su aporte en la red es intenso: promedia más de 24 goles por temporada. Sin embargo, lo que empezó como una exhibición de los mejores futbolistas del mundo (ganando Liga Española, Copa Intercontinental y Supercopa Española en la temporada 2002/2003) terminó siendo un fracaso ideológico: tener a los jugadores más cotizados no significa tener al mejor equipo. Los Merengues llevan tres temporadas sin títulos. Ronaldo es de los pocos que muestran un nivel acorde a sus antecedentes. Sigue haciendo lo suyo: goles, goles, goles. Y se viene el Mundial…

¿Llegará?
La carrera de Ronaldo está completa. Ganó dos Copas del Mundo, 12 campeonatos más, fue tres veces mejor jugador del mundo… Sólo le faltan lograr esos detalles que únicamente los más grandes consiguen. Y una hazaña: puede ser el máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo. El dato estremece. Ni Pelé, ni Maradona, ni Lineker, ni Paolo Rossi. Si anota tres tantos en Alemania 2006, Ronaldo se ubicará por encima de todos. La marca de 14 goles de Gerd Muller ya no parece imbatible. Ronaldo es un delantero de alma, que vive por y para el gol. Es un futbolista con clase, potencia y precisión. Es un ganador, un hombre que quedará en la historia del fútbol. Pero, además, Ronaldo está cerca de ser algo más. Está a tres goles de la leyenda.

El hombre de los 365 goles
Durante su carrera, Ronaldo no paró de anotar. Sus números son buenos en todos los equipos: 41 goles en 46 partidos en Cruzeiro; 54 en 58 en PSV Eindhoven; 47 en 49 en Barcelona; 59 en 99 en Inter; 97 en 157 en Real Madrid; y 68 en 105 en Brasil. En total, suma 366 en 514 juegos. Fue goleador de la Liga Holandesa 1994/1995; Liga Española 1996/1997 y 2003/2004; y del Mundial 2002. Una carrera fabulosa.

Expediente
Nombre completo:
Ronaldo Luis Nazario de Lima.
Fecha y lugar de nacimiento: 22 de septiembre de 1976 en Bento Ribeiro, Río de Janeiro (Brasil).
Trayectoria: Sao Cristovao (1991-1993); Cruzeiro (1993-1994); PSV Eindhoven -Holanda- (1994-1996); Barcelona -España- (1996-1997); Inter -Italia- (1997-2002); Real Madrid -España- (2002-2006); Selección de Brasil (1997-2006).
Titulos: Copa de Brasil 1993 (con Cruzeiro); Copa de Holanda 1996 (con PSV Eindhoven); Copa del Rey 1996/97, Supercopa Española 1996, Recopa Europea 1997 (con Barcelona); Copa UEFA 1997/1998 (con Inter); Liga Española 2002/03, Copa Intercontinental 2002, Supercopa Española 2003 (con Real Madrid); Copa del Mundo 1994 y 2002, Copa América 1997 y 1999 y Copa de las Confederaciones 1997 (con Brasil).
Ronaldo íntimo
*En abril de 1999, se casó con Milene Domíngues. Tuvieron un hijo, Ronald, y se separaron en 2003.
*Volvió a casarse en 2005, esta vez con Daniela Cicarelli, en un lujoso castillo francés. Pero se separó 86 días después.

ARTÍCULO PUBLICADO EN FOX SPORTS Nº5 (EDICIÓN EL SALVADOR) Y Nº2 (EDICIÓN URUGUAY), JUNIO DE 2006

Nota de 2008: En el Mundial 2006, Ronaldo le anotó dos goles a Japón y uno a Ghana. Brasil fue eliminado en cuartos de final, pero él se consagró máximo goleador de la historia de los Mundiales.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Bill Tilden, la leyenda prohibida

BILL TILDEN FUE EL MEJOR TENISTA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX Y, QUIZÁ, EL MEJOR DE LA HISTORIA. GANÓ 21 GRAND SLAMS, PERO SUS RELACIONES CON HOMBRES MENORES DE EDAD LO LLEVARON A PRISIÓN Y A SER PROHIBIDO EN LOS CLUBES. SIN EMBARGO, EL MUNDO DEL TENIS NO LO OLVIDA.

Para sus espectadores, un artista. Para sus rivales, un hombre odioso. Para los homofóbicos, un enfermo. Para muchos especialistas, el mejor tenista de la historia. Todo eso, y más, fue Bill Tilden.

El tenista
Luego de una infancia tranquila, sufrió duros golpes en su juventud: las muertes de sus padres lo marcaron de modo irreparable. Encontró en el tenis el modo de canalizar el dolor. Y lo hizo mejor que nadie. Perfeccionó su técnica, se concentró en cada detalle y, cuando su brazo derecho alcanzó el nivel que pretendía, se lanzó en busca de la gloria. Y la consiguió. El año 1920 fue el de la magnificencia: obtuvo el US Open, Wimbledon y la Copa Davis. El tenis conocía a quien lo dominaría durante una década. En 1930 ya había ganado todo, menos dinero: recién ese año se hizo profesional. Pero su talento era opacado por su personalidad. Tilden fue el primer tenista incorrecto: revoleaba raquetas y se quejaba contra árbitros y rivales. Y ellos se quejaban de él. William Johnston (perdió seis finales consecutivas del US Open contra Tilden) fue claro: “Nunca pude derrotar a ese hijo de perra”.
Él mismo explicó su intensidad: “El tenis es un arte, es como el ballet clásico. En la cancha me siento una bailarina. Escucho los reclamos de la gente y siento un estremecimiento: ¡Ganar o morir! ¡Ahora o nunca! Ésa es la crisis de mi vida”.

El ser humano
Parte del reconocimiento que consiguió, lo perdió por sus problemas personales. Le fascinaban los hombres jóvenes. Lo acusaron de realizarles propuestas sexuales a los ball-boys y de intimar con jóvenes a los que entrenaba; aunque ellos lo negaron. Varios clubes le prohibieron usar sus instalaciones.
Alejado del tenis, perdió el modo de descargar sus traumas. Todo empeoró en 1946. Los periódicos fueron terminantes: “Tilden fue arrestado y condenado por contribuir a la delincuencia de un menor de edad”. Estuvo con un joven que se había prostituido y pasó siete meses en prisión. Salió y escribió su autobiografía: My Story (Mi Historia). Allí confesó su homosexualidad y exigió tolerancia para los gays: “La lista de celebridades que se han desviado de las normas habituales es un signo de que no se trata de una ‘degeneración’. Una mayor educación sobre esta forma de relación sexual es una de las necesidades de estos tiempos”.
En 1949 volvió a ser arrestado por relacionarse con un menor. En los momentos difíciles, Charles Chaplin fue uno de sus pocos amigos. Su nombre se prohibió en la Universidad de Pennsylvania. Su foto fue retirada de clubes y asociaciones de tenis. Pero nada derrumbó su pasado: en una encuesta realizada semanas después de salir de prisión fue elegido mejor tenista de la primera mitad del Siglo XX.

La leyenda
Las imágenes de Bill Tilden se superponen. Sus momentos gloriosos se funden con aquel día en que una enfermedad coronaria le quitó la vida en Los Angeles, cuando tenía 50 años y 88 dólares como capital. Al entierro fueron unos pocos amigos. No dejó herederos ni herencias. Sólo esas maravillosas exhibiciones que lo convirtieron, para muchos, en el mejor de todos los tiempos.

***EXPEDIENTE
William Tatem Tilden

>>Fecha de nacimiento: 10 de febrero de 1893
>>Lugar de nacimiento: Philadelphia, Estados Unidos.
>>Títulos
•Ganó 16 veces el US Open (7 en singles, 5 en dobles y 4 en mixto); 4 Wimbledon (3 en singles, una en dobles); y una vez Roland Garros (mixto).
•Obtuvo 7 años consecutivos la Copa Davis, jugando para su país.
•Triunfó en los torneos de Cincinatti 1926 y Los Angeles 1927 (singles y dobles).
>>Anecdotario
•Una vez ingresó a jugar vestido con un saco de pelo de camello.
•Le enseñó tenis a dos estrellas del cine: Katharine Hepburn y Greta Garbo.
•Escribió dos libros sobre tenis: “Cómo jugar mejor al tenis” y “El partido y el efecto de la pelota”.

PUBLICADO EN FOX SPORTS EDICIÓN EL SALVADOR (Nº4), CHILE (Nº1), COLOMBIA (Nº1) Y PUERTO RICO (Nº14)

martes, 25 de noviembre de 2008

David Beckham: Joga Bonito



AUNQUE HOY SEA UNO DE LOS HOMBRES MÁS FAMOSOS DEL PLANETA, AL MEDIOCAMPISTA DE REAL MADRID LO RECHAZARON TRES CLUBES ANTES DE LLEGAR A MANCHESTER. CRITICADO POR GENERAR DINERO CON SU IMAGEN, LIDERA A LA SELECCIÓN INGLESA RUMBO A ALEMANIA 2006 Y PROMETE MÁS DE LO SUYO: FÚTBOL Y GOLES.

Junio de 1998. Se juega el Mundial de Francia, e Inglaterra avanza con buen paso. En octavos de final el cruce es ante Argentina. Los roces entre ambas selecciones crecen desde 1966. Es “el” partido. El mundo, expectante. Las esperanzas inglesas están puestas en su goleador --Alan Shearer--, su joven promesa --Michael Owen-- y su figura --David Beckham--. El partido es intenso, épico. Shearer y Owen anotan, pero Argentina hace lo suyo y el encuentro queda 2-2. Cuando los ingleses parecen desequilibrar la balanza en su favor, Beckham se deja llevar por sus impulsos y golpea a Diego Simeone. Su expulsión marca el fin del dominio de Inglaterra, que acabaría perdiendo por penales. Y el peor momento en la vida de David Beckham.
Todo Inglaterra lo culpó de la eliminación. Entonces, no hubo marketing que sirviera. Portadas de diarios con gigantes “Stupid Boy” en los titulares, mensajes agresivos en las paredes de la casa de sus padres y alguna amenaza de muerte decoraron la terrorífica escena que vivía. ¿Cómo salió de ese pozo? ¿Campañas en su favor, publicidad, nuevo corte de pelo? No. Resurgió como surgió: jugando al fútbol. Es que Beckham es, ante todo, futbolista.
Es difícil hablar de él sin ser repetitivo. Treinta mil páginas de Internet, cientos de biografías, producciones fotográficas y publicidades lo transforman en tema común. Común, sí, pero que puede ser tratado de un modo distinto, sin focalizar en sus tatuajes ni en qué marca de ropa interior usa.

Amor por el balón
Beckham no es deportista porque serlo es un buen negocio. Lo es porque su padre –David Edgard, empleado de una compañía de gas- le transmitió su pasión por el fútbol. Y, particularmente, por el Manchester United. “Amo al fútbol. Lo más importante para mí es la familia, pero sin el fútbol estaría perdido”, explica el mediocampista del Real Madrid.
El pequeño David empezó a jugar a los 8 años en el Ridgeway Rovers, donde metió 101 goles en tres temporadas. En 1986 ganó un concurso de habilidades futbolísticas organizado por el legendario Bobby Charlton. El premio: entrenar con las promesas del Barcelona. Allí conoció al finlandés Jari Litmanen, y también a la frustración: Barcelona decidió no ficharlo. Poco después, tampoco superó las pruebas en Tottenham Hotspur y en el humilde Leyton Orient.
En ese momento, cuando parecía que ser futbolista no era su destino, apareció su orgullo, su entereza. Continuó en el Leytonstone dando lo mejor de sí, y tuvo premio. Sin que él lo supiera, los ojeadores del Manchester espiaron su carrera y sus logros llegaron a oídos del entrenador Alex Ferguson: el 8 de julio de 1991 fue incorporado al equipo filial.

El equipo de sus sueños
Beckham formó parte de la mejor camada juvenil de Manchester, junto a Micky Butt, Ryan Giggs y Paul Sholes. Los llamaban los “Fergie Babes”, pero el arribo a Primera fue complicado. Los más grandes mantenían un gran nivel y, en 1995, David debió marcharse --cuando ni había debutado en la Premier League-- al Preston North, de la Tercera División.
Volvió cinco meses después, dispuesto a pelear por un lugar. Y festejó su primer título, la Premier League 1995/1996, como protagonista. Un gol desde mitad del campo en el primer partido de la temporada 96/97, ante Wimbledon, le abrió algunas puertas más de las miles que se le abrirían a partir de ese momento. La ola Beckham ya no pararía de crecer. Debutó en la selección a los 21 años y los campeonatos con Manchester llegaron a 14. Su remate se perfeccionó de tal modo que en Inglaterra lo consideraban el mejor del mundo.

Beckham S.A.
¿Por qué, entonces, pese a sus méritos deportivos, se lo acusa de ser más una empresa que un futbolista? O lo que es lo mismo: ¿por qué Beckham es más famoso que jugadores de su nivel --o incluso superiores-- como Zinedine Zidane, Thierry Henry o hasta Ronaldo? Aquí la respuesta se encuentra fuera del campo de juego: marketing. Una campaña muy bien desarrollada a su alrededor potencia su imagen. Beckham es un excelente futbolista, pero no se destaca sólo por eso. Es un referente para los jóvenes del mundo y tanto él como los clubes que lo contrataron explotaron esa faceta.
Si al producto casi perfecto del deportista exitoso, lindo y joven se le suma una mujer exitosa, linda y joven, el impacto comercial se multiplica. Así ocurrió cuando -en 1997- David se puso en pareja con Victoria Adams, entonces estrella de las Spice Girls. Desde hace nueve años la prensa no los deja en paz, aunque a ellos no parece caerles mal. Se habla de su casamiento en una mansión de Dublin; de sus tres hijos (Brooklyn, Romeo y Cruz); de sus problemas domésticos… La realidad alimentó su imagen excéntrica: luego de que en 2000 intentaran secuestrar a Brooklyn, David aumentó sus medidas de seguridad. Hoy, entrar a su casa es tan difícil como entrar al Palacio Real.


Fútbol, fútbol, fútbol
Si un desinformado ve a Beckham en medio de un encuentro, puede maravillarse. Pero no porque lleve joyas de oro, sino por su clase, su estampa, su pegada, su regate… En el campo de juego no hay dinero que valga: gana el que mejor juega. Y Beckham juega muy bien.
Pese a llenarse de gloria con el Manchester, nadie --ni él mismo-- podía olvidar el fatídico Mundial ’98. Tenía una cuenta pendiente. Empezó a saldarla en las Eliminatorias 2002, cuando su selección se estaba quedando afuera: hizo un golazo sobre el final para empatarle 2-2 a Grecia. Pero había más: el sorteo del Mundial de Japón-Corea puso a Inglaterra en el mismo grupo que Argentina. Cuatro años después, otra vez el planeta paralizado. Un partido trabado, una corrida de Owen, un penal. Y Beckham frente a la pelota, con el riego de fracasar por segunda vez. Estupor. El grito desaforado de David cuando la pelota golpeó a la red anunció la muerte de los fantasmas que lo habían perseguido durante cuatro años. Inglaterra ganó 1-0. Beckham, esta vez, fue héroe.
La eliminación en cuartos de final ante Brasil y un penal errado en la Eurocopa 2004 no le quitaron el respeto de los aficionados ingleses. Saben que su capitán --lo es desde 1999-- no falló en el partido en el que no tenía que fallar.

Realmente Beckham
Cumplió un ciclo en Manchester, después de la andanada de títulos y de tener problemas personales con Alex Ferguson. Aun enojado, reconoció la ayuda que le brindó el entrenador: “Me ha enseñado a ser el futbolista que soy”.
¿Qué otro club podía requerirlo tanto como el Real Madrid? Desesperados por adquirir figuras para seguir su intensa campaña de marketing (sí, otra vez esa palabra), los Merengues lo unieron a Ronaldo, Raúl, Roberto Carlos… Pese a lo que indudablemente puede aportar Beckham en el campo, también es indudable que Florentino Pérez (entonces presidente del Madrid) apuntó más al negocio que a lo deportivo. Si no, ¿para qué contratar a un futbolista cuya posición ya estaba cubierta por Figo? ¿Para qué generar diversos eventos públicos alrededor de su llegada? Y, especialmente, ¿para qué imponer en su contrato una cláusula para quedarse con un porcentaje de sus ganancias por imagen?
Desde su llegada, cada vez que el Madrid viaja a Japón, David es furor en Asia. Incluso, un templo budista en Bangkok tiene imágenes suyas que se veneran tanto como las de Buda. Sin embargo, los resultados futbolísticos no fueron los esperados: en tres años, el Real Madrid apenas ganó una Supercopa Española. “Beckham no debería mezclar el fútbol con la moda si quiere explotar su potencial”, advirtió Johan Cruyff tiempo atrás. Los Galácticos no terminan de funcionar, pero el Real siguió con su estrategia de sumar estrellas: Owen, Robinho, Cicinho… Porque aunque el Madrid pierda en la cancha, gana en la billetera. Entrada a los mercados internacionales, giras por China, Japón y Malasia, ventas de camisetas, gorras, entrevistas exclusivas… En este caso, el negocio no lo monta Beckham, lo monta el Madrid.
¿Qué hace él para ayudar a ese negocio? Cuida su imagen y no oculta sus excentricidades: tatuajes, prácticas de golf, botines de piel de canguro con el nombre de sus hijos… Durante el Mundial 2002, por ejemplo, quiso cortarse el cabello en forma de cresta. ¿Fue a una peluquería? No. Le pagó un pasaje Londres-Seúl a su peluquero personal. Waltham Forest, la colonia donde vivió David hasta los 13 años, se lleva su parte: las autoridades organizan visitas guiadas por el hospital donde nació, el club donde empezó a jugar, la escuela…
Su futuro también relacionará al fútbol con el dinero. Se dedicará a la “David Beckham Academy” de Greenwich, su academia de fútbol para niños. “Será para jóvenes con todo tipo de habilidades, porque no hay que ser el mejor del mundo para jugar. Yo no lo era”, cuenta. Es cierto: cuesta saber si su frase tiene que ver con la humildad o con un consejo de su asesor de imagen. Creerle es cuestión de fe.


Presente y futuro
Beckham atraviesa otra temporada complicada con el Madrid, porque Barcelona va camino a ganar la liga, y a los Merengues se los devoraron el Arsenal en la Champions y el fantástico Diego Milito junto al Zaragoza en la Copa del Rey. Él no es tratado con cariño por una parte de la afición. “Las críticas son excesivas –lo defiende el técnico del Arsenal, Arsene Wenger-. Es el mayor asistidor en España. Un jugador corriente no es capaz de eso. Me recuerda a lo que pasó con Platini: cuando se retiró reconocieron lo gran jugador que era”.
Sin chances de festejos en Madrid, la mente de David está en el Mundial. Su imagen pública seguirá generando polémicas, y él insistirá con sus dichos: “Soy futbolista, no showman. La fama no me atrae, pero aprendí a vivir con ella”. Una vez, el ilustre Alfredo Di Stéfano se preguntó si Beckham pensaba en los fotógrafos cuando pateaba los corners. La respuesta no es conocida, pero no importa. Porque en el campo de juego, piense o no en su imagen, David Beckham demuestra que es un crack.

EXPEDIENTE FÚTBOL
Nombre completo: David Robert Joseph Beckham.
Fecha de nacimiento: 2 de mayo de 1975, en Leytonstone, Inglaterra.
Altura: 1,80m
Peso: 67 kg.
Debut profesional: 23 de septiembre de 1992, en Manchester-Brighton por la FA Cup.
Primer gol: Ante Galatasaray (Turquía), el 7 de diciembre de 1994 por la Champions League.
Trayectoria: Divisiones Juveniles de Leytonstone (1984-1991); Manchester United (1991-1994 y 1995-2003); Preston North (1995); Real Madrid (2003-2006); Selección de Inglaterra (1996-2006).
Titulos: 6 Premier League (1995/96, 96/97, 98/99, 99/2000, 2000/01 y 02/03); 2 FA Cup (1995/96 y 98/99); 2 Charity Shield (96 y 97); 2 Supercopas de Inglaterra (96 y 97); Liga de Campeones 98/99 y la Copa Intercontinental 1999, todos con Manchester. Supercopa Española 2003, con Real Madrid.
Premios: Jugador joven inglés 1996 y 1997; Balón de Plata Europeo 1999 y 2001; Mejor Deportista Británico 2001; Balón de Bronce Europeo 2002.

EXPEDIENTE BUSINESS
Marca registrada
: David Beckham S.A.
Ganancias en Manchester: Recibió un promedio de 15 millones de euros anuales en el club inglés, entre contrato y publicidades.
Valor de su pase: Real Madrid pagó 35 millones de euros por él. Según los especialistas, actualmente vale 45 millones.
Ganancias en Real Madrid: El club le paga 6,5 millones de euros anuales.
Ganancias publicitarias: Tiene contratos con ocho prestigiosas marcas. Su ingreso por vender su imagen es de más de 10 millones de euros por año.
Contando dinero
• Para impulsar uno de los discos de su esposa Victoria, cantó en la canción 'Out of Your Mind'.
• Su mansión en Inglaterra es denominada Beckingham Palace. Cuando jugaba en Manchester, organizaba fiestas a las que asistían Elton John y Phil Collins. Allí construyó su propio campo de golf.
• Le habrían ofrecido 15 millones de euros por los derechos de una película sobre su vida. No aceptó.
• Tiene catorce automóviles lujosos.
• Algunas de las cartas que escribió de joven fueron subastadas: pagaron 1.500 dólares.
• Viste diseños de Versace, Dolce&Gabbana y Armani.

118 Los goles que lleva en 617 partidos. Jugó en Manchester (397 encuentros, 86 goles), Preston (5/2), Real Madrid (128/14) e Inglaterra (87/16).

PUBLICADO EN FOX SPORTS (EDICIÓN EL SALVADOR) Nº4, MAYO DE 2006

lunes, 24 de noviembre de 2008

Mundo Messi


DETRÁS DE LA MAYOR APARICIÓN ARGENTINA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS, EXISTE UN UNIVERSO APARTE: SU BARRIO, SU ESCUELA, SU PRIMER CLUB Y SUS AMIGOS SON EL PUNTO DE PARTIDA INELUDIBLE PARA CONOCER AL VERDADERO ORIGEN DE LIONEL.

La historia, como casi todas las historias, comenzó en un hospital, la Clínica Italiana de Rosario. Pero esta historia, como casi ninguna de las historias, haría precioso cada lugar que el protagonista iluminó.
Lionel Andrés Messi nació el 24 de junio de 1987. Jugó en Newell’s Old Boys. Sufrió un desajuste hormonal. Viajó a España. Lo contrató Barcelona y se convirtió en una estrella. La historia es conocida, sí. Pero la verdadera historia, escondida entre la timidez de algunos protagonistas y el silencio de otros, asoma, reluce, se alimenta. Se transforma en una leyenda que suma páginas cada día.

El doctor Norberto Luis Odetto atendió el parto en el que Celia Cuccittini y Jorge Messi vieron nacer a su tercer hijo, que pesó 3,6 kilos: “A Lionel no volví a verlo –reconoce Odetto–, y evidentemente no recuerdo cada uno de los partos de mi carrera. Pero la sensación es rara, me lo hacen notar seguido”.

Lionel vivió su infancia, junto a sus padres y a sus hermanos Rodrigo y Matías (después nacería María Sol), en una casita de la calle Lavalleja, ubicada en el barrio de La Bajada, cuatro kilómetros al sudeste del centro de Rosario. Un barrio de puertas abiertas y chicos jugando en las veredas. Un barrio sin seguridad privada y sin más lujos que la compañía de los seres queridos. “Era muy tímido con todos, callado, pero conmigo hablaba más –recuerda Cintia Arellano, su mejor amiga–. Todo el tiempo estaba en su casa, sólo salía para jugar a la pelota. O se iba a lo de su tía Marcela y volvía, nada más. Lo único que le gustaba era el fútbol”.

“Era un iluminado de Dios. ¿Viste cuando uno dice ‘éste va a ser así’? Él es futbolista desde que nació”
, cuenta la madre de Cintia, Claudia, quien cuidaba a Lionel cuando su mamá no podía. En la angosta calle Lavalleja, rodeado de chicos más grandes que él, empezó a llamar la atención. “Cuando jugaba, le pegaban, se caía y lloraba, pero enseguida se paraba y seguía corriendo. Se notaba que era distinto: la habilidad que tenía, la rapidez…”, rememora Cintia. “Jugaba con sus dos hermanos. El Pulga era chiquito y ellos para pararlo lo cagaban a patadas –dice entre risas un integrante de la familia Quiroga, vecinos de enfrente–. Él lloraba, y entonces ellos le pegaban para que no siga llorando y no los rete la mamá. Vi cómo lo pateaban los hermanos, cómo se la bancaba de chiquito, y digo: ¿cómo no se va a bancar las patadas de los del Chelsea?. Los chicos no jugaban todo el día a la pelota, pero él sí. Se iban todos y él seguía solo, en el portón. Mi suegra lo retó muchas veces porque era tarde y seguía con los pelotazos, jaja”.

Chico entre los chicos
Su destino próximo fue el club Grandoli, donde también jugaban sus hermanos. Fundado el 12 de febrero de 1980, ubicado sobre la calle Laferrere al 4700, en sus canchitas de tierra --y algo de pasto-- jugó Lionel desde los 4 hasta los 6 años. “Era un distinto, habilidoso, los pasaba a todos”, asegura Salvador Aparicio, su primer entrenador. Y relata: “A los chicos los hacía trotar, saltaban un poco y enseguida les daba la pelota. Yo quería que jueguen…”. Aparicio dejó el puesto de entrenador en 2005, pero sigue presente en las actividades del club. Al equipo de Lionel también lo dirigió, durante algunos meses, el propio Jorge Messi.

En Grandoli se juntan más de cien personas cada vez que hay partido. Allí los chicos juegan desde los 4 hasta los 13 años. Gonzalo Díaz fue compañero de Messi durante sus tres años en el club. Juntos, ganaron todo lo que jugaron. “Él agarraba la pelota y la jugada terminaba en gol. Marcaba la diferencia aunque le pegaran. Acá es así: si sos chiquito y jugás bien, te rompen todo”, impone mientras recuerda a los compañeros de equipo, como Emmanuel Biancucchi, arquero y primo de Lionel. Del club surgieron otros jugadores como Maxi Biancucchi (también primo de Messi, juega en Fernando de la Mora, de Paraguay) y Gustavo Arriola (pasó por Rosario Central, Colombia, México y Bolivia).
“Acá hay muchos que se destacan. Vi a varios que podrían haber sido como Messi, pero no tuvieron constancia para entrenar”, exagera Gonzalo. ¿Exagera?
Las quince cuadras que separan a la casa de los Messi del club fueron recorridas por Lionel y su abuela materna, Celia, ante cada entrenamiento. Ella no lo vio jugar en Primera: murió antes de que se fuera a España. La otra tristeza fue el motivo por el que Messi dejó Grandoli. Siempre iba a los partidos acompañado por su familia, pero en una ocasión su padre no pudo pagar los $2 de la entrada. Pidió que por una vez lo dejasen pasar, pero no. Ésa fue la última tarde que Lionel Messi usó la camiseta naranja de Grandoli.

El primero de la fila
Paralelamente al fútbol –en realidad, nada en el Mundo Messi es paralelo al fútbol–, Lionel hizo el jardín y la primaria en la Escuela Nº66 General Las Heras (al igual que Horacio Ameli). Linda, amplia y típica, allí permanece el recuerdo del pequeñito Lío gambeteando compañeros con una pelota, un bollo de papel o una plasticola. Las maestras coinciden en que no se destacaba, pero era un alumno aceptable. De 1º a 4º grado, concurrió en el turno tarde. “Yo era maestra de 4º de la mañana –comenta Viviana Kosciuk–. Mi grado participó en un Intercolegial y, como faltaban chicos, invitaron a Lionel, que era de la tarde: salimos campeones invictos. Al año siguiente lo tuve como maestra en Lengua y Sociales. Era tímido, callado. A mí no me gusta el fútbol, pero cuando juega Leo lo veo sí o sí”. “No era de los que revolucionaban la clase, era tranquilo. El fútbol era su pasión y se dedicaba a eso –se suma con dulzura Andrea Sosa, su “seño” de matemáticas en 5º y 6º grado–. Incluso era buscado por chicos de otros grados para que juegue en sus equipos. Era chiquitito, flequilludo y siempre fue el primero de la fila”.

Su maestra de 7º grado, Silvana Suárez, recuerda las palabras de su hijo, que cursaba con él: “¡Cómo juega al fútbol ese pibe!”. “Jamás tuvimos un problema con Leo –dice Silvana-. Su familia es gente muy buena. Lo que más recuerdo es su carita dulce y su sonrisa permanente”. Su eterna amiga Cintia hizo el jardín y la primaria con él, y siempre tiene algo que aportar cuando de Piqui se trata. ¿Piqui? “Sí, le decían así. Un día un chico le gritó ‘Piqui, vení’, y le quedó. Yo era la que le pasaba los machetes en la regla, jaja. Él era muy vago, pero no le iba mal. Cuando jugaban a la pelota en gimnasia, los chicos sabían que el que ganaba el pan y queso ganaba el partido, porque lo elegía a él”.
El colegio secundario, en cambio, fue apenas un suspiro. Lionel cursó los primeros cuatro meses y entonces se fue del país.

La gran ilusión, la gran desilusión
Se debe subrayar un dato: la familia Messi es fanática de Newell’s, excepto Matías, hermano de Lionel. Al menos lo eran cuando lo llevaron ahí luego del paso por Grandoli, con la intención de que juegue en las Divisiones Inferiores. Pasó la prueba y enseguida se destacó. Todo marchó bien hasta que en 1998 se descubrió el bajo número de sus hormonas de crecimiento. “Sí, sí, también lo iba a ver cuando jugaba en Newell’s –certifica Cintia, demostrando haber compartido cada paso de Lío–. También los pasaba a todos y hacía goles. Durante el tratamiento se tenía que dar inyecciones todos los días, y lo hacía él mismo. Y cuando nos enteramos de que el club no le iba a pagar los gastos nos pusimos todos muy tristes”.

En principio, tanto Newell’s como Acindar, la metalúrgica donde trabajaba Jorge, iban a aportar los $900 por mes que costaba el tratamiento. La ayuda duró poco. Jorge reclamaba una y otra vez cuotas de 200 pesos que se atrasaban. La situación económica familiar era preocupante. Entonces, Jorge consiguió una posibilidad de trabajar en España. Lionel tenía 13 años. “Cuando los chicos del barrio le hicieron la despedida a Lío estuve con él –relata Cintia–. Me abrazaba y me decía: ‘No llores, no llores’ ”. El barrio también lo despidió con emoción. Jorge y Lionel se fueron para no volver. Si todo iba bien, el resto de la familia se sumaría a la odisea española.

Grande entre los grandes
Es casi innecesario repetir que, al llegar a Barcelona, bastó una prueba con pelota para que el club se hiciera cargo (sin demoras ni excusas) del tratamiento de Lionel. El dato desconocido es cómo superó el proceso lógico de adaptación. “Lo que lo ayudó mucho durante los primeros meses en España –cuenta Cintia– es que en la pensión había otros chicos argentinos. Iba al colegio y practicaba con ellos. Es que a los argentinos siempre los tienen un poco de lado”, retrata con crudeza. Evidentemente, viajar al extranjero a los 13 años no es un paraíso para nadie. Lionel, chiquito aún, lo superó con grandeza.

En Barcelona, el trato profesional es placentero para Lionel, quizá como nunca podría haber sido en Argentina. En un año, los catalanes le dieron tres aumentos salariales sin que él ni su familia lo solicitaran. Incluso, por la relevancia de su contrato actual (entre 6 y 7 millones de euros anuales) el presidente del club, Joan Laporta, reunió al plantel y le explicó los motivos por los que se le pagaba esa suma. Y no sólo lo profesional es placentero: la amistad con Ronaldinho creció hasta tal punto que Messi se mudó a dos cuadras de la casa del brasileño. Es así: las nuevas páginas del libro de Lío se escriben en catalán.

Rosario siempre…
Hubo vueltas olímpicas en España, pero también hubo vueltas en Argentina: vuelta a casa, al club, a la escuela… El último retorno al barrio fue en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Se juntaron alrededor de cuatrocientas personas, que incluso llegaban desde otros lugares. “Lo molestaban muchísimo –dice Don Quiroga–. En esos días, él se ponía a hablar con alguien y enseguida se juntaban diez personas alrededor y no podía seguir. Venir acá se le hace cada vez más difícil”.

En Grandoli también se reunió mucha gente. Lionel saludó a todos los chicos del club y conversó con su primer entrenador. Tampoco dejó de lado a la escuela. “Vino el 8 de julio, cuando la institución cumplió 53 años. Hicimos un acto formal –apunta la señorita Andrea– y pedimos que no faltara nadie. Los chicos pensaban que íbamos a repartir chocolate, jaja. Pero no: cuando terminó el acto apareció Lionel y se volvieron locos. A los más chiquitos les firmó autógrafos uno por uno, y pasó por todos los grados”.


Vivir sin Lionel
El barrio La Bajada es “el barrio de Messi”, esté o no ahí. Su mamá y dos de sus hermanos siguen viviendo allí entre cada viaje a España. Sus ex maestras sufren frente a la tele cada vez que lo golpean. A Cintia hasta la visitaron periodistas japoneses queriendo saber más sobre “Lío”. “Cuando salgo, todos me conocen como ‘la amiga de Messi’. No saben mi nombre, pero saben eso. Mis amigas están enamoradas de él, me piden que les cuente. Por suerte mi novio no está celoso… ¡porque también es fanático! ‘Pedile una remera’, me dice”. Cintia tiene camisetas de todo tipo y color, firmadas por su amigo Lío. Las guarda intactas, sin quitarle las etiquetas. Casi del mismo modo que La Bajada guarda cada recuerdo, cada momento y cada anécdota del Mundo Messi. Intactos. Y sin etiquetas.


***EL BOTELLAZO DE LA ABUELA

Antes de Barcelona-Real Madrid, Messi había tenido otros clásicos. Porque Grandoli, su primer club, tiene tres rivales tradicionales: Alice, Nuevo Horizonte e Independencia. En un encuentro ante Alice, siempre jugado con alguna pierna fuerte, se armó una revuelta. Enseguida entraron los padres y se pelearon entre ellos. Nerviosa, la abuela de Lionel, Celia, “le revoleó una botella de vidrio por la cabeza a uno de Alice –recuerda Salvador Aparicio (foto), quien era el entrenador de Grandoli–. Por suerte no lo lastimó mucho. Lo mejor fue que ese partido al final lo ganamos”.

PUBLICADO EN FOX SPORTS (ARGENTINA) Nº1, ABRIL DE 2006

jueves, 20 de noviembre de 2008

Baghdatis no está solo


SURGIDO DESDE LA PEQUEÑA ISLA DE CHIPRE, SE CONVIRTIÓ EN EL ÍDOLO DE LAS MINORÍAS. PERO NO ES EL ÚNICO JUGADOR QUE DESPERTÓ A ALGÚN PAÍS QUE, ANTES, NI SIQUIERA FIGURABA EN EL MAPA TENÍSTICO.

El pequeño Marcos tomó una raqueta por primera vez en su pueblo, Limassol, y comenzó a jugar en uno de los apenas doce clubes de tenis que existían en Chipre. Quince años después, Marcos Baghdatis es el más reconocido de los 796.823 habitantes de su país. Su popularidad alcanzó el máximo nivel este año, al ser finalista del Abierto de Australia. Demostró que no es imprescindible ser originario de un territorio con raíces tenísticas para triunfar en el circuito y generó que los aficionados comiencen a analizar a los jugadores sin subestimarlos por su nacionalidad. La pregunta, entonces, surge espontánea: ¿quién puede ser el próximo Baghdatis? ¿Desde qué lugar insospechado puede aparecer una estrella del tenis?

El pasado
Siempre hubo casos de jugadores que despertaron a países tenísticamente dormidos. El histórico bajo nivel de Noruega, por ejemplo, chocó contra la habilidad de Christian Ruud, quien durante su etapa juvenil no perdió ningún partido. En 1995 fue 39º pero, pese a todo, en Noruega no creció la práctica del tenis. En Ecuador, en cambio, el sorprendente éxito de Andrés Gómez (campeón de Roland Garros 1990) tuvo sucesión en Nicolás Lapentti.
Entre las mujeres se destacan tres casos. Yayuk Basuki, nacida en una de las 13.667 islas que componen Indonesia, llegó al 19º lugar y fue la primera campeona de su país. Leila Meskhy representó a Georgia, estado que se independizó en 1991 y que, un año después, ganó (gracias a ella) una medalla en Barcelona ’92. Y Angélica Gavaldón, la hermosa mexicana que inició el estilo de las jugadoras-modelos, llegó al 34º puesto en 1996, nunca igualado en el país azteca.

El presente
Los casos actuales son aun más curiosos. El Gran Ducado de Luxemburgo tiene menos de 83 mil habitantes. Sin embargo, uno de ellos, Gilles Muller, fue en 2001 el número uno juvenil. Mejoró su técnica en Francia e ingresó al lote de los 60 primeros, logro sólo alcanzado por una mujer: Anne Kremer (18ª).
El frío, en invierno, no permite jugar al tenis en Finlandia a techo descubierto: la temperatura alcanza los 30 grados bajo cero. A Jarkko Nieminen no le importó y, cuando Björn Borg lo vio jugar, dijo: “Puede convertirse en una figura destacada”. Este año ganó su primer título ATP. Su esposa, Anu Weckstrom, es la mejor jugadora de badminton de Finlandia, país al que ambos representaron en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Hablar de tenis en Dinamarca es hablar de Kenneth Carlsen. En un país donde imperan el fútbol, el golf y el ciclismo (las bicicletas se alquilan de forma gratuita), él -desde 1991- le hace un lugar al tenis. Su mejor posición fue 43º y jugó más de 500 partidos. Carlsen es miembro de la Asociación del Corazón de Dinamarca (una organización de beneficencia) y participa activamente en la defensa de los derechos de los elefantes en África.
El entusiasmo por Nieminen o Carlsen en sus países no es comparable con el fervor por Paradorn Srichaphan en Tailandia: lo aclaman por ser el mejor jugador asiático de la historia (fue 9º del mundo). Su talento lo hizo tan conocido como su exotismo: es aficionado al rojo (en Tailandia es el color de la victoria) y, antes de los partidos, recoge pasto o polvo de ladrillo de la cancha y se lo guarda en el bolsillo como amuleto. Embajador cultural de su país, en 2003 fue elegido Tailandés del Año y uno de los 29 héroes de Asia.

Ellas también pueden
Hay mujeres que generan orgullo en sus países. Dally Randriantefy nació en la isla de Madagascar, un mosaico de 18 etnias diferentes que sufre un alto grado de contaminación. La única referencia tenística de Madagascar era que allí había nacido Roland Garros, un valiente aviador de la Primera Guerra Mundial que no tuvo relación con el tenis. Aun así, un Grand Slam lleva su nombre. Sin competencia local, Randriantefy buscó rivales en los torneos más importantes. Llegó a ser 44ª del ranking y su carrera sigue en ascenso.
India, en tanto, disfruta de Leander Paes (ex Nº1 en dobles), pero no existió ninguna tenista profesional antes de Sania Mirza. Con 1,53m de estatura, a los 18 años fue la primera hindú en ganar un torneo y, en doce meses, pasó del puesto 326 al 31. Revolucionó a sus compatriotas por su vestimenta: el sector más radical de la cultura islámica la amenazó por utilizar vestidos que descubrían sus piernas y se hicieron manifestaciones en las que quemaron sus fotos. Ese odio contrastó con la obtención del título en Hyderabad, India, donde miles de aficionados la vivaron durante y después de la final. “En mi país jugaba sobre canchas de tierra, llenas de agujeros y en las que me torcía el tobillo doce veces por día”, recuerda Sania.
Polonia también tuvo un gran tenista en el pasado (Wojtek Fibak), pero le faltaban mujeres en el circuito. Nacida en Varsovia, la bella Marta Domachowska rompió esa regla tácita y se transformó en estandarte de los polacos. Ingresó en el grupo de las 50 mejores del planeta y es imprescindible para su país en la Copa Federación: con sólo 20 años, ya disputó 42 encuentros.
Existen más casos de buenos tenistas surgidos en países sin tradición, como Juan Antonio Marín (Costa Rica), Catalina Castaño (Colombia), Sargis Sargsian (Armenia), y Maret Ani y Kaia Kanepi (Estonia). Mientras que Eleni Danilidou (Grecia), Frederica Piedade (Portugal) y Selima Sfar (Túnez) pelean debajo del centésimo puesto.
En Zimbabwe, colonia británica hasta 1980 y uno de los países más pobres del mundo, la esperanza de vida es de 38 años y el 10% de la población es analfabeta. Dentro de ese panorama, existe una clase alta, de la que provienen los hermanos Byron y Cara Black, únicos africanos que lideraron un ranking mundial (lo lograron en dobles). Ayudados por su padre -también tenista-, ellos y otro hermano, Wayne, son la imagen de Zimbabwe en el deporte. Cara sigue entre las mejores y acumula records: jugó más de 1.100 partidos. En la Copa Federación, para encontrarle pareja, Zimbabwe recurrió a Julia Muir, quien no figuraba en los listados de la WTA.
Nombres y más nombres de tenistas que ya son héroes modernos en sus países y que pueden seguir creciendo. ¿Quién conseguirá que su juego lo lleve a los titulares de todos los periódicos del mundo? La respuesta, desconocida hasta ahora, deja lugar, al menos, a una precisión: en el mundo del tenis, Baghdatis no está solo.

PUBLICADO EN FOX SPORTS (EDICIÓN EL SALVADOR) Nº3, ABRIL DE 2006

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Capitanes argentinos de Copa Davis

Alejandro Echagüe (foto)
Estuvo al frente del equipo durante una serie: en abril de 1968 enfrentó a Venezuela. Modesto Vázquez, Norberto Herrero y Roberto Aubone perdieron 3-2 en Caracas por la primera fase de la Zona Sudamericana. Cuando la Argentina volvió a jugar, un año después, Echagüe ya no estaba. En los años siguientes se dedicaría a la enseñanza en el Belgrano Athletic, donde ayudó en el surgimiento de figuras como José Luis Clero, Fernando Dalla Fontana o Ivanna Madruga. Murió en marzo de 2008.

Elio Lito Álvarez
“¿Qué hubiera pasado si no se cruzaba Lendl en nuestro camino?”, se habrá preguntado Lito Álvarez luego del final de su capitanía en la Copa Davis. Nacido en España, viajó a la Argentina en 1950 y empezó a practicar a los 11 años. Como jugador fue finalista de Hilversum 1977 y ganó un ATP en dobles. En 1978, en su debut como líder en la Davis (la había jugado desde 1969), venció 4-1 a Ecuador como capitán y jugador. En la final sudamericana le ganó 3-2 a Chile en Buenos Aires, pero en la definición americana, sobre la rápida carpeta de Memphis, Estados Unidos venció 4-1. En 1980, sólo como capitán, con Clerc y Vilas en el equipo, liquidó a Brasil por 4-1 en Sao Paulo y tuvo revancha ante Estados Unidos, en el Buenos Aires Lawn Tennis, donde se ganaron todos los singles para festejar el 4-1 final y el acceso al Grupo Mundial. El rival al que se recibió, Checoslovaquia, hacía posible superar la primera ronda, pero hubo que conformarse con admirar a Iván Lendl, quien ganó sus tres puntos para que los europeos triunfasen 3-2. En medio de la desazón, Lito Álvarez dejó su puesto.

Ricardo Cano
Tras disputar la Copa Davis como jugador durante once años, Ricardo Cano asumió la capitanía en agosto de 1982 para mantener a la Argentina en Primera. “Los primeros días me sentía una sirvienta: buscar las bebidas, preparar las toallas…”, contó. Pero consiguió la permanencia al derrotar 3-2 a Alemania. La gran campaña en el Grupo Mundial ’83 (venció 3-2 a Estados Unidos y 5-0 a Italia) se cortó en semifinales, cuando la Suecia de Mats Wilander se llevó la serie por 4-1. Cano siempre sufrió la pelea entre Vilas y Clerc: “Ninguno cede nada para permitir una convivencia aceptable”, se lamentaba. Dijo que renunciaría si la AAT (que elegía a los jugadores) volvía a convocar a ambos. Y, días después, tuvo que presentar su renuncia.

Gerardo Wortelboer
Tan poco conocido era Gerardo Wortelboer antes de su capitanía que, desde que asumió en diciembre de 1983, los medios lo llamaron “Wolterboer” durante varias semanas. Jugador de buen nivel en los ’60, dirigió una escuela de tenis en Texas hasta su convocatoria. “Para cualquiera, esto es un poco el sueño dorado”, dijo. El debut fue ante Alemania en la primera fase del Grupo Mundial ’84: Vilas y Clerc (peleados entre sí) le dieron la victoria por 4 a 1. En cuartos de final, Estados Unidos eliminó a la Argentina al ganarle 5 a 0. Jugar sin Ganzábal, De la Peña (excluidos por la Asociación) y Vilas (enemistado con Clerc) fue demasiada ventaja en 1985. Derrotas contra Ecuador (4-1) y Unión Soviética (3-2) hicieron descender al equipo. “La culpa es de todos”, sentenció Wortelboer antes de dejar el cargo.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

domingo, 9 de noviembre de 2008

Frana-Miniussi: bronce pese a todo

Frana saca, Miniussi espera. Ganaron la única medalla argentina en Barcelona '92.

La aleación entre Javier Frana y Christian Miniussi en oídos argentinos significa la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos Barcelona '92.
Habían debutado como pareja en la Copa Davis 1986, ganaron el ATP de Florencia y continuaron unidos hasta 1988. Volvieron a juntarse para Roma 1990 y se separaron luego de nueve torneos sin éxitos. Aunque para 1992 su relación era tirante, se unieron para un último y definitivo esfuerzo. En unos Juegos fantásticos, llegaron a semifinales y quedaron a un paso de la final: perdieron un partido épico ante los alemanes Boris Becker y Michael Stich por 6-7, 2-6, 7-6, 6-2 y 4-6. Esa medalla de bronce fue el mejor recuerdo para una dupla que, a pesar de sus diferencias personales, hizo historia.

57 Los partidos que jugaron como pareja de dobles. Ganaron 30 y perdieron 27. Obtuvieron una medalla de bronce olímpica, el título en Florencia 1988 y llegaron a otras dos finales.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

lunes, 13 de octubre de 2008

Ventaja resto (1987-2005)

Durante la producción del libro “El Gran Tenis Argentino” noté que, como sucede habitualmente, los protagonistas eran los más exitosos tenistas. ¿Lógica? Puede ser, pero una lógica injusta. Así nació “Ventaja resto”, sección dedicada a engrandecer a los que no fueron tan grandes, cuyo nombre tiró Maxi Llorens mientras nos reíamos en la redacción de Clarín. Este tercer artículo acompañó un capítulo con textos sobre Gastón Gaudio, David Nalbandian, Guillermo Coria, Mariano Puerta, Guillermo Cañas, Franco Squillari, Mariano Zabaleta, Juan Ignacio Chela, Agustín Calleri, José Acasuso, Gabriel Markus, Hernán Gumy, Juan Mónaco, Marcelo Charpentier, Luis Lobo y Lucas Arnold.

Federico Browne casi llega al Top 100

Marcelo Ingaramo. Fue 67º y finalista del ATP Bari 1987 en dobles. Ganó 3 Challengers.

Daniel Orsanic. Ganó 8 ATP y estuvo 24º en dobles. En singles, obtuvo 2 Challengers.

Pablo Albano. Triunfó en 9 ATP y 19 Challengers en dobles. Llegó a semifinales de Roland Garros en 1992 y 1999. Jugó la Copa Davis.

Martín Stringari. Ganó el Challenger 1992 y llegó a ser 125º.

Patricio Arnold. Venció a Mansdorf (51º) y fue 134º en 1994.

Federico Browne. Nº1 juvenil en 1994. Trepó a 106º en 2003. Jugó la Copa Davis, ganó 3 Challengers y derrotó a Rochus (31º).

Francisco Cabello. Estuvo 119º. En su debut en torneos ATP superó a Wayne Ferreira (10º). Ganó un Challenger.

Eduardo Médica. Obtuvo el Challenger de Montevideo ’98 y llegó a ser 109º del ranking.

Andrés Scheitner. Festejó en Amsterdam 2000 y Umag 2001 en dobles, y en diez Challengers.

Diego Moyano. Fue 130º y obtuvo tres Challengers entre 2002 y 2003.

Sergio Roitman. 26 años. Ganó dos ATP y 12 Challengers en dobles, y 2 Challengers en singles. Venció a Rafael Nadal.

Martín Vassallo Argüello. 25 años. Ganó 4 Challengers y llegó a ser 95º en 2004.

Juan Pablo Guzmán. 24 años. Se llevó 2 Challengers y fue 132º.

Edgardo Massa. 24 años. Obtuvo 5 Challengers y fue 91º del mundo.

Leonardo Olguín. Llegó a 180º y le sacó un set a Nicolás Lapentti (13º).

Juan Pablo Brzezicki. 23 años. Fue 132º y le ganó a Puerta en 2005.

Carlos Berlocq. Tiene 22 años y fue 130º. Obtuvo los Challengers de Torino y Cordennons en 2005.

Juan Martín Del Potro. Con 16 años, es la gran promesa del tenis argentino.


Martín Vassallo Argüello llegó a su mejor nivel después de 2005

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

martes, 30 de septiembre de 2008

Lucas Arnold: el mejor compañero


Jugando junto a Lucas Arnold, todos son grandes doblistas. Porque él, en pareja, se carga todo el peso en los hombros. Y juega. Y gana. Buen singlista, llegó a ser 77º del mundo y le ganó a un juvenil Roger Federer. Pero se destacaba, aun más, de a dos. Su mayor virtud: jugar bien con cualquier compañero. Así ganó torneos con Albano, Oncins, Hood, Carbonell, Martín García, Luis Lobo, Hanley, Campana, Skoch, Orsanic (semifinalistas en Roland Garros ’97), Filippini, Etlis, con su hermano Patricio… Y su éxito más recordado fue con Nalbandian, en la Davis 2002 ante Rusia (19-17 en el quinto set).
Tuvo 47 compañeros distintos. Eterna es su estadía en la Copa (16 partidos, 12 triunfos) y eterna su senda de victorias en el circuito: llegó a ser 21º en dobles.

30 Los campeonatos que ganó Arnold en dobles: 15 torneos ATP y 15 Challengers. Como singlista logró 2 Challengers.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

miércoles, 24 de septiembre de 2008

José Acasuso: la decisión correcta

No entendía nada. A los 16 años estaba en Mónaco, lejos de su Posadas natal. No había debutado como profesional y aun así lo llamaron desde el principado para que los representase en la Copa Davis. Justo a él, acostumbrado a la chacra de su abuelo –donde empezó a jugar a los 5 años– lo seducían con lujos. Se sentía incómodo, pero en los últimos meses el dinero ya no alcanzaba. Incluso, se preguntaba si no debería haber elegido el básquet (se destacaba por sus 190 centímetros), el fútbol o estudiar (largó en tercer año). Las dudas, las ganas de “volverse ya” y las promesas incumplidas lo hicieron retornar a la Argentina. José Javier Acasuso sabía que sus posibilidades se acababan: era un cazador con una sola bala.
Se llenó de fe y no perdió el tiempo. Encontró en Alejandro Cerúndolo al entrenador ideal para ese momento y decidieron, por necesidades económicas y deportivas, mezclarse con los profesionales. En abril de 1999, en el Future de Córdoba, Chucho (diminutivo de “Acachucho”) consiguió sus primeros 290 dólares como tenista.
Eran los comienzos de un Acasuso de saque potente y una habilidad sorprendente para su altura, pero decididamente irregular. Dos satélites y un Future en Rosario fueron sus primeros títulos. Pero su presentación ante el público masivo fue en la Copa Ericsson de Buenos Aires, donde derrotó al español Alberto Berasategui (61º del ranking) y el público lo ovacionó. Acostado sobre el polvo de ladrillo, tras el último punto, supo que el tenis había sido la elección correcta.
Ganó el Challenger de Montevideo 2000 y dio una exhibición de su talento en el ATP de Buenos Aires 2001: eliminó a Arazi (58º), Portas (50º), Gaudio (36º) y cayó en la final ante ‘Guga’ Kuerten. Fue el primero en llegar al match decisivo en su primer torneo ATP. Trepó al puesto 42 y enseguida obtuvo su segundo Challenger, en Bermuda.
Las alegrías se multiplicaron en un 2002 mágico. Ganó el ATP de Sopot; festejó en la Copa del Mundo por equipos en Dusseldorf; y llegó a la mejor posición de su carrera: 38º. La madurez había limitado a la irregularidad, pero en 2003 una racha de lesiones (cinco) lo envió al puesto 134.
Chucho tuvo que recuperar el ritmo perdido. Ganó el ATP de Bucarest 2004, pero las derrotas aparecían seguido, al punto que cayó en seis primeras ruedas al hilo. En Sopot fue finalista, pero lo relevante fue que allí volvió a ser definitivamente el Acasuso rápido, concentrado, potente; el del saque efectivo y el del revés rabioso, a una sola mano. El mejor Acasuso. A partir de entonces, todo fue la continuación de una sinfonía: derrotó a Marat Safin (4º), llegó a octavos en Roland Garros tras vencer a Andy Roddick (5º) y trepó a cuartos de Cincinnati.
El tímido misionero nacido el 20 de octubre de 1982, zurdo para escribir, diestro para jugar y fanático de Racing, amenaza: sus mejores días aún pueden estar por llegar. Y serán, seguramente, mucho más de lo que Chucho, a los 16 años y en Mónaco, podría haber imaginado.

Los números
2 Los títulos ATP que ganó en su carrera: Sopot ’02 y Bucarest ’04. Además consiguió otros 2 en dobles (Umag ’04 y Stuttgart ’05). Obtuvo 3 Challengers y la Copa del Mundo por equipos en 2002.

13 Las finales que jugó en torneos ATP. En singles, ganó dos y perdió cuatro. En dobles, triunfó dos veces y cayó en cinco.

PUBLICADO EN ‘EL GRAN TENIS ARGENTINO’, SEPTIEMBRE DE 2005

Nota de septiembre de 2008: En 2006, Acasuso ganó el ATP de Viña del Mar, debutó en Copa Davis con dos triunfos ante Suecia (integró el equipo que perdió 3-2 la final contra Rusia, jugando el quinto y decisivo punto) y alcanzó el puesto 20º. En 2007 obtuvo la Copa del Mundo por equipos, pero retrocedió a la 65ª posición. En 2008 llegó a la final de Buenos Aires.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Ventaja resto: raquetas femeninas

Durante la producción del libro “El Gran Tenis Argentino” noté amargamente que, como sucede habitualmente, los protagonistas eran los más exitosos y populares tenistas. ¿Lógica? Puede ser, pero una lógica injusta. Así nació “Ventaja resto”, pequeña sección dedicada a engrandecer a los que no fueron tan grandes, cuyo nombre tiró Maxi Llorens mientras nos reíamos en la redacción de Clarín. Este segundo artículo acompañaba un capítulo con textos sobre Gabriela Sabatini, Paola Suárez, Raquel Giscafré, Beatriz Araujo, Ivanna Madruga, Adriana Villagrán, Emilse Raponi, Claudia Casabianca, Bettina Fulco, Mercedes Paz, Mariana Pérez Roldán, Patricia Tarabini, Florencia Labat, Inés Gorrochategui, Cristina Tessi, Clarisa Fernández, Mariana Díaz Oliva, María Emilia Salerni y Gisela Dulko.

Natalia Gussoni llegó a ser 134ª del Ranking WTA


Federica Haumuller. Ganó el WTA de Guaruja 1989 y fue 102ª del mundo.

Elvira Weisenberger. Símbolo de la Copa Federación: jugó 14 partidos entre 1973 y 1977.

Gabriela Castro. Llegó a cuartos de final de un torneo WTA: Brasil 1985. Ganó 42 partidos sobre 86 jugados.

María José Gaidano. Alcanzó los octavos de final del US Open ’93. Llegó a ser 85ª en el ranking. Ganó el ITF Bogotá 1990 y derrotó a Nicole Bradtke (24ª).

María Fernanda Landa. Venció a Mercedes Paz en 1994. Sumó 20 títulos ITF entre singles y dobles. Jugó 327 partidos oficiales. Fue 183ª del mundo.

Celeste Contín. Ganó 8 campeonatos ITF entre 1995 y 2002. Jugó la Copa Fed en 1998.

Laura Montalvo. Participó en los Juegos Olímpicos de 2000 en dobles femenino. Ganó 8 torneos ITF en singles y 9 WTA en dobles.

Beatriz Villaverde. Ganó el Banana Bowl juvenil ’74, es múltiple campeona en veteranos y colabora con causas solidarias.

Érica Krauth. Ganadora de los ITF Córdoba ’98 y Elvas ’99. Triunfó en 136 partidos y perdió 122. Tiene 24 años.

Vanesa Krauth. Hermana melliza de Érica. Obtuvo el ITF de Tortosa 2000 y Vaihingen 2001.

Natalia Gussoni. Venció a Matevzic (50ª) en la Copa Federación. Con 24 años, suma 7 torneos ITF y fue 134ª del mundo.

Natalia Garbellotto. Posee 70% de eficacia en torneos oficiales: ganó 83 partidos de 119. Obtuvo 4 torneos ITF y jugó la Fed Cup en 2003. Tiene 21 años.

María Vanina García Sokol. Con 21 años, ya ganó 3 títulos ITF. Estuvo en la Copa Fed y llegó al puesto 191 del ranking.

PUBLICADO EN ‘EL GRAN TENIS ARGENTINO’, SEPTIEMBRE DE 2005

Nota de 2008: Natalia Garbellotto ganó 3 torneos seguidos en 2005, pero se retiró ese mismo año. Vanesa Krauth y Natalia Gussoni también abandonaron. En 2008 se retiró Vanina García Sokol; y Erica Krauth jugó apenas un partido.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Clarisa Fernández: amor por la raqueta


Cuando a los 4 años abrió un placard y encontró una vieja raqueta perteneciente a a la abuela Mamina, se enamoró perdidamente. Y, pese a las dificultades a las que se enfrentó después, ya nunca dejó de jugar al tenis.
Clarisa Fernández nació el 28 de agosto de 1981, en Córdoba. Integró su gusto por la raqueta al resto de sus actividades hasta los 16 años, cuando decidió intensificar la práctica. “Hasta ese momento me costaba entrenar, era la debilucha”, decía.
Tuvo que dejar el secundario (en tercer año) y empezar a viajar. Ganó un torneo ITF en Montevideo pero, en 1998, una lesión en la rodilla izquierda la alejó del circuito durante seis meses, justo cuando se adaptaba al profesionalismo. Clarisa lo soportó y volvió con más ganas. Al retornar, obtuvo el ITF de Sezze ’99. Poco a poco, su zurda precisa iba alejándose de la debilidad. Y en 2001 también se fortaleció su mente: ganó los ITF de Sao Paulo y Orbetello, subió más de cien puestos en el ranking y debutó en la Fed Cup con una victoria sobre la japonesa Shinobu Asagoe (54ª).
Todo se vio minimizado por Roland Garros 2002, ‘su’ torneo. Inspiradísima, pasó dos rondas hasta llegar a la imbatible Kim Clijsters (4ª). ¿Imbatible? Clarisa (87ª) la pisó: 6-4 y 6-0. Todos ya hablaban de ella; no le alcanzó. En octavos de final superó a Elena Dementieva (15ª). No se le podía pedir ni un poquito más, pero no fue necesario: venció a Paola Suárez en cuartos. La paró Venus Williams (2ª) en semifinales, pero no importaba: el nombre de Clarisa Fernández había ganado un lugar de prestigio en el tenis mundial.
Siguió en gran nivel y llegó a ser 26ª del ranking, pero dos importantes lesiones, sufridas en enero y agosto de 2004, frenaron su ascenso. No le molestó tanto perder posiciones como no poder practicar, pero se consoló jugando sentada, con un amor descomunal por la raqueta. Recomenzó desde el puesto 352, y lo hizo muy bien: se llevó el ITF de Miami 2005, fue semifinalista del Abierto de Bogotá y subió doscientos puestos a toda velocidad. Y volvió a ser feliz en las canchas, lo más importante para ella.

LOS NÚMEROS
174 Los triunfos que logró en partidos de la WTA, sobre 275 jugados. Ganó 5 torneos ITF y fue semifinalista de Roland Garros 2002 y Bogotá 2005.

70% Su gran efectividad en Roland Garros. Ganó 7 de los 10 partidos que disputó.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

Nota de septiembre de 2008: En 2006, Clarisa ganó el satélite de Clearwater y se arrimó nuevamente al Top 100, pero sufrió otra grave lesión a principios de 2007 y no jugó entre enero y octubre. Volvió, y en noviembre ganó un satélite en México. Fue su anteúltimo torneo: luego de perder en primera ronda de Australia 2008, cansada de tantas lesiones, la hermosa Clarisa dejó el tenis profesional.

jueves, 28 de agosto de 2008

Cristina Tessi: la bella sonriente

“First, Gabriela. Now, Cristina” (Primero, Gabriela. Ahora, Cristina). El título de un diario australiano de 1988 hacía referencia a Cristina Tessi (16 años, la mejor junior del mundo) como sucesora de Gabriela Sabatini. Una presión muy grande para cualquiera. Sin embargo, desde que a los 3 años intentó jugar al tenis por primera vez, Cristina entendió que la raqueta sería siempre una diversión. Las presiones, fuera.
Nació el 20 de julio de 1972 y se acostumbró a las canchas rápidas porque en su casa de Ingeniero Maschwitz tenía una de cemento en la que practicaba. Su papá Atilio le enseñó las bases del deporte y su hermano Ricardo, también tenista, fue su primer entrenador. Le gustaba jugar subiendo permanentemente a la red. "En el fondo corro mucho y me canso –decía–. Y lo principal para mí es divertirme, sé que el tenis dura pocos años". En uno de sus primeros torneos profesionales, ganó el Challenger Buenos Aires ’87. No se desesperaba por un punto o por un puesto en el ranking, sino por hacer las cosas a su modo. Así ganó el Sudamericano ’88 ante Florencia Labat y el Challenger de Darmstadt de 1990. A su buen nivel se sumaba un premio para los espectadores: su enorme belleza y simpatía.
Su paciencia, y disfrutar dentro de una cancha, tuvieron premio en 1991, cuando llegó a semifinales en Auckland y alcanzó su mejor ranking: 70º. Un año después sufrió una lesión en los aductores. Lo aprovechó para volver a estudiar y, aun cuando ya estaba recuperada, se dedicó a terminar el colegio secundario. Regresó siete meses después, para ganar el Challenger de Buenos Aires ’93. Y, aunque no volvió a mostrar un juego tan eficaz como el previo a la lesión, siguió manteniendo sus ideales dentro de la cancha, enamorando con su juego y su forma de ser.

EL NÚMERO
51% Su eficacia en los torneos WTA. Jugó 183 partidos, triunfó en 93 y perdió 90.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mariana Pérez Roldán: retiro forzado


A los 20 años, cuando los jóvenes edifican sus carreras, Mariana Pérez Roldán fue forzada a abandonar la suya: el tenis. Pero poco tiempo le alcanzó, de todos modos, para ganarse un lugar en la historia. Nació en 1967, en Tandil, y fue parte de una familia tenista: su hermano Guillermo llegó lejos y su papá Raúl los entrenaba. El juego de Mariana, basado en golpes planos y mucha precisión, tuvo éxito en juveniles: ganó el sudamericano de menores y el doble de Roland Garros ’85 junto a Patricia Tarabini. Ya en profesionales, en 1986 consiguió el ITF de Lyon y trepó hasta la final del WTA de Bregenz. “Ahí empecé a convencerme de mis posibilidades”, contó.
En 1988 logró su mejor ranking (51º) y venció a Mary Joe Fernández (20º). En mayo, todo acabó. Ante Susan Mascarin, en Roland Garros, Mariana sintió molestias. Aunque ganó, el examen físico fue contundente: fractura de rótula de la pierna izquierda. Intentó recuperarse, pero se retiró en 1989. “Mi idea era competir hasta los 23, 24 años”, dijo. Y lo hizo. Aun dando ventajas físicas, volvió en 1990-91 y, entonces sí, la chica que le había ganado 7 de 8 partidos en juveniles a Gabriela Sabatini le dijo adiós al tenis.


LOS NÚMEROS
62% Fue su notable efectividad en partidos de la WTA. Ganó 79 de los 127 que jugó, con sólo 48 derrotas.

5 Las semifinales que alcanzó en torneos WTA. Fue en Atenas y Buenos Aires (1986); California (1987); y Barcelona y Suiza (1988).

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

martes, 26 de agosto de 2008

Adriana Villagrán: esforzada Top 100


Adriana Villagrán debió saltar un obstáculo detrás de otro. Nacida en 1956, las esperanzas que despertaron sus resultados iniciales se detuvieron por problemas económicos. La imposibilidad de viajar al exterior y la poca relevancia que tenían los torneos femeninos en la Argentina provocaron que debiera dar clases para poder dedicarse al deporte. Recién a los 23 años pudo jugar un Grand Slam, en Roland Garros. En 1980 fue finalista de ese torneo, en dobles junto a Ivanna Madruga. Protestó para que se respetara a los torneos nacionales (que dominó en 1983), pero -hastiada- en cuanto puedo probó suerte en el exterior de modo continuo. Llegó a la final del Challenger de Río de Janeiro '84, a la tercera ronda de Roland Garros ’85 y a la final de Taipei ’86. Su mejor ranking lo alcanzó en su madurez: fue 99º en 1988.

EL NÚMERO
194
Los singles que jugó por torneos WTA. Ganó 76 y perdió 118.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

viernes, 15 de agosto de 2008

Ventaja resto (1970-1995)

Durante la producción del libro “El Gran Tenis Argentino” noté amargamente que, como sucede habitualmente, los protagonistas eran los más exitosos y populares tenistas. ¿Lógica? Puede ser, pero una lógica injusta. Así nació “Ventaja resto”, pequeña sección dedicada a engrandecer a los que no fueron tan grandes, cuyo nombre tiró Maxi Llorens mientras nos reíamos en la redacción de Clarín. Este primer artículo acompañaba un capítulo con textos sobre Guillermo Vilas, José Luis Clerc, Roberto Argüello, Alejandro Ganzábal, Martín Jaite, Alejandro Gattiker, Horacio De la Peña, Guillermo Pérez Roldán, Alberto Mancini, Eduardo Bengoechea, Franco Davín, Gustavo Luza, Christian Miniussi y Javier Frana.

Juan Garat, un muy buen doblista.

Eduardo Massó
Alcanzó la final de Hilversum 1990 al vencer a Emilio Sánchez (7º del mundo) en semifinales. Tuvo contra las cuerdas a Jimmy Connors en Toulouse ’88 (6-4, 4-6 y 3-6), jugó cuatro semifinales ATP y fue 56º en 1991.

Roberto Saad
En dobles, ganó Seúl ’88 y Kitzbühel ’93. Llegó a semi en Australia ’88. En singles, venció a Jimmy Arias (21º) en Roland Garros 1985 y ganó el Challenger de Bogotá ’91.

Roberto Azar
Finalista de San Marino 1989 y semifinalista de otros tres torneos ATP. Venció al alemán Carl Steeb (18º) en Hamburgo ’90 y a Malivai Washington (16º) en Atlanta ’93. Ganó el Challenger Reggio Calabria ’92 y fue 81º del ranking.

Juan Garat
En dobles, ganó Kitzbühel y llegó a la final de San Marino y Palermo, todo en 1993. Junto al venezolano Maurice Ruah les robó un set a Woodbridge-Woodforde, la mejor pareja del mundo, en Roland Garros ’94.

Carlos Gattiker
Ganó la Copa del Mundo 1980 junto a Vilas y Clerc. Fue 89º del ranking mundial y obtuvo el Challenger de Ribeiro Preto en 1979.

Gustavo Guerrero
Llegó al puesto 78º. Fue semifinalista en Bruselas y ganó el Challenger de Curitiba, ambos en 1980.

Guillermo Aubone
Finalista de un torneo ATP: en Viña del Mar 1982, junto al español Ángel Jiménez en dobles.

Elio Lito Álvarez
Finalista en Hilversum 1977. Jugó 162 partidos por torneos ATP y 10 por Copa Davis (record de 6-4).

Héctor Romani
Estuvo cerca de la hazaña en la Davis ’72, en un partido clave ante el brasileño Tomas Koch (fue 24º del mundo): perdió 4-6, 6-4, 6-4, 1-6 y 6-1, en Río de Janeiro.

Carlos Castellán
Semifinalista del ATP de Hilversum ’84 y subcampeón del Challenger de Buenos Aires ’80. Le ganó un set a Mats Wilander en Palermo 1981.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

lunes, 14 de julio de 2008

Eduardo Bengoechea: cuando nadie lo esperaba

Cuando pocos lo esperaban, 1987 fue el año de Eduardo Bengoechea. Había nacido el 2 de julio de 1959 en Laboulaye, Córdoba. Había empezado a jugar en Luján, a los 5 años, había brillado en el Orange Bowl ’77, había ganado el Campeonato Argentino de 1980… Aún con esos logros, y el Challenger de Messina y el Circuito Satélite ’85, no había mostrado su mejor nivel. “Para conseguir lo que uno quiere hay que luchar. Y yo luché siempre”, dijo en su temporada mágica. Porque, para 1987, el muchachito alto y melenudo ya era un hombre potente y con un gran juego de fondo, que se metió entre los cuatro mejores en Hamburgo, Gstaad, Florencia, Hilversum y Barcelona. “Pego el drive plano y el revés con mucho slice”, explicaba. Ante esas armas sucumbieron el francés Yannick Noah y el eslovaco Miroslav Mecir (ambos entre los seis mejores del mundo). Y con esas armas trepó hasta el 21º lugar. Se guardó un último derechazo mortal para Niza ’91, cuando bajó a Cherkasov (16º del mundo). Tras el retiro, en 1996, fue capitán de la Copa Davis. Bengoechea siempre luchó. Y, cuando pocos lo esperaban, su lucha se transformó en alegría.

EL NÚMERO
24 Fueron los triunfos consecutivos que consiguió en 1985, y que le sirvieron para ganar el Circuito Satélite de Argentina.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

domingo, 22 de junio de 2008

Guillermo Pérez Roldán, malditas lesiones

Pérez Roldán en la final de Roma, contra Lendl

A los 4 años, en Tandil, agarró por primera vez una raqueta. Desde entonces, Guillermo Pérez Roldán no pudo dejar al tenis. "Recién a los 7 lo tomé en serio", decía, como si lamentara haber 'tardado tanto' en ser tenista a tiempo completo. Raúl, su papá, se convirtió en entrenador y él dejó el secundario para no abandonar al tenis. A los 14 años, su poderosa derecha conquistó el juvenil de L'Avenire, en Italia. Fue el primer argentino en ganar el Roland Garros junior, no sólo en singles sino también en dobles. "No hay que apurarlo", decían en su entorno. Pero la aceleración era tan natural como inevitable en su carrera.
Ganó otra vez en París, en 1987, año en que se hizo profesional: a los cuatro meses fue semifinalista de San Vicente y enseguida venció a un top ten, el sueco Mikael Pernfors (10°). Con apenas 17 años, conquistó en Munich su primer título ATP. Dos meses después arrasó al alemán Tore Meinecke (6-2 y 6-3) en la final de Atenas. Se sentía seguro. "Un jugador sin confianza vale la mitad", afirmaba. Se metió entre los 20 mejores del mundo y cerró 1987 con el título en Buenos Aires.
Los años siguientes mostraron más de su terrible juego de fondo. El bicampeonato en Munich fue el aperitivo para un choque inolvidable: la final de Roma ante el N°1 del mundo, Ivan Lendl. Ese día, Guillermo usó su mejor repertorio: efectos, concentración máxima, agresividad permanente. El juego tuvo un final atrapante, como esas novelas policiales que tanto le gustaban: Lendl ganó 2-6, 6-2, 6-4, 4-6 y 6-4.
Dejó las penas de lado. En el torneo siguiente, Roland Garros, le tocó enfrentar al sueco Stefan Edberg, N°2 del mundo, en octavos de final. Guillermo había aprendido que a las leyendas no se les puede dar chances y ganó con autoridad: 7-5, 6-3 y 6-3. En los cuartos de final cayó ante Andre Agassi, pero de todos modos llegó a su mejor posición en el ranking: 13°. Otra batalla colosal (llevó a John McEnroe al quinto set en la Copa Davis) demostró que no perdía el hambre. "El rival siempre es un villano de película, un necio", decía descubriendo su fórmula.
En 1989 fue campeón en Palermo y volvió a jugar un partido épico: en Roland Garros, ante el alemán Boris Becker (N°2), perdió 7-5 en el quinto set. Todos hechos relevantes, todos sucesivos en el tiempo. Un año después ganó San Marino con su estilo: a puro pelotazo desde el fondo. Así festejó ante Andre Agassi (5°) en 1991; y logró otra vez el título en San Marino.
En medio de un período irregular, atípico en él, ganó la final de Casablanca en 1992, cuando participó de los Juegos Olímpicos y terminó entre los 50 mejores por sexto año consecutivo. Pero, muy rápido, sus sueños se esfumaron. El noveno título (repitió en Casablanca) y una victoria ante Goran Ivanisevic (6°) fueron sus últimos raquetazos históricos, porque una lesión en la muñeca derecha no lo dejó en paz hasta que lo obligó a retirarse, a los 23 años.
No se rindió y volvió en 1996, pero duró poco: la muñeca siguió molestando y se sumaron problemas en los meniscos. "Tengo una gran nostalgia del tenis. Me había enamorado de competir, de sentir presiones", se lamentaba. Luego entrenó juveniles y se animó a practicar en un Future en Santa Fe, en 1998. Tanto le costó alejarse de su pasión que en 2004, a los 34 años, jugó un Challenger en Italia.
Toda su carrera fue vértigo y sacrificio permanente. Creció a toda velocidad, y muy veloz e injusto fue aquel adiós. Desde que tomó una raqueta por primera vez, a los 4 años, dejó mucho por no dejar al tenis; hasta que las malditas lesiones intentaron dejarlo sin él. Fue en vano: la vida de Guillermo Pérez Roldán es, en esencia, el tenis mismo.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

domingo, 8 de junio de 2008

Horacio De La Peña: polémica en el tenis


El tenis parecía ideal cuando pasaba tardes enteras jugando contra el portón del garage de la quinta de Pacheco. Era un chico que, muy lejos de aquel portón, en Grecia, aprendió que no todo sería perfecto: a los 17 años ganó su primer torneo importante (el satélite de Salónica) y allí, en el hotel, lo invadieron alegría y tristeza a la vez. Quería festejar, pero no tenía con quién. Por primera vez se sintió solo. Y lloró. Horacio Armando De La Peña supo entonces que si quería triunfar en el tenis tendría que apoyarse en sí mismo. En nadie más.
'El sucesor de Vilas', 'un tipo arrogante', 'un invento de la prensa'. Eso se dijo de él, y más. Lo indudable era su gran talento natural, y que estuvo permanentemente envuelto en polémicas.
Acaparó la atención masiva en el Argentino de 1983, al derrotar al último campeón, Eduardo Bengoechea, por un fulminante 6-0 y 6-2. En el primer set, el Pulga (le decían así por su físico pequeño) no perdió ni un solo punto. Algunos decían que era soberbio. "Se cree un semidios", lo castigó Roberto Argüello.
Integró el equipo que enfrentó a Estados Unidos por la Copa Davis: esa fue su posibilidad de compartir días y entrenamientos con Guillermo Vilas. Pero hubo un quiebre. "Yo jamás podría ser como él, porque es demasiado obsesivo", dijo el Pulga. Ganó el Challenger de Bahía e ingresó en el lote de los cien mejores, pero las riñas seguían. Primero contra Martín Jaite. Luego, con Gerardo Wortelboer. Por último, contra todo un estadio: en un partido de exhibición en Adrogué, perdió 6-2 y 6-0 y la gente lo silbó.
A su zurda dúctil nada le afectaba. Llegó el primer título grande, en Marbella, y la escalada hasta le puesto 52 del ranking. Paralelamente, fue excluido del equipo de Copa Davis y se enfrentó a Cristian Miniussi. "Nunca nos pudimos ni ver", sentenció.
Llegó a la final de Bari y a octavos de Roland Garros en 1986. Y volvió a la Copa para ganarle 6-3, 7-9, 6-2 y 10-8 al chileno Gildemeister: "Mi triunfo más grande". Intentó ejecutar un tenis más ofensivo y logró una resonante victoria en Roland Garros '87 ante John McEnroe. Pero de un festejo espectacular pasaba a una derrota estrepitosa, como la que sufrió en primera ronda de Toulouse ante Tim Wilkinson: 6-0 y 6-1. En el mejor momento de su carrera (estuvo 31°) disparó contra Martín Jaite: "Unirse a él es separarse de mí. No lo soporto". Cansado "del maltrato argentino" se mudó a Estados Unidos. Bajó al puesto 126° y le ganó a Mats Wilander (N°3) en Boston: 7-6 y 6-1.
"En Florencia decidí participar a último momento para conseguir ritmo", dijo. Consecuencia: allí ganó su segundo título en 1989. Ese año terminó siendo triste. Lo operaron de la rodilla en noviembre y, en diciembre, murió su padre.
Tuvo que dejar atrás las penas. La recuperación se consolidó con el mejor torneo de su vida: Kitzbühel '90. Bajó a Brad Gilbert (6°), Emilio Sánchez (7°) y, en la final, a Karel Novacek (37°) para ganar su tercer título. Cuando menos se hablaba de él fue cuando más dio qué hablar.
Triunfó en el Challenger de Bucarest '92: perdió 20 games en 5 partidos. Y Charlotte '93 fue su cuarto campeonato ATP. El Pulga sufrió la rigidez de un circuito que premiaba más a la potencia física que al talento nato, y se retiró por una artrosis en el codo izquierdo, en septiembre de 1994. Tenía 28 años. Siguió pegado a la raqueta como entrenador de varios argentinos y luego logró grandes éxitos con jugadores chilenos, incluyendo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Ante Horacio De La Peña nadie quedaba indiferente. "Con los buenos soy bueno, pero a los malos les juego de igual a igual. Ése es mi peor defecto", dijo alguna vez. Y no se refería a lo que hacía en la cancha, precisamente.

LOS NÚMEROS
190 Los triunfos que logró en torneos ATP. Jugó 370 partidos, de los que perdió 180.
31° Fue su mejor ranking. Lo consiguió el 6 de abril de 1987. Obtuvo 4 títulos en singles y 6 en dobles.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005