jueves, 5 de mayo de 2011

El Trébol de la buena suerte

En 1960, el equipo liderado por Carlos Menditeguy aprovechó los factores externos para consagrarse campeón de una temporada accidentada.

La temporada de polo de 1960 tuvo una protagonista casi tan tradicional como el juego mismo: la lluvia. No se trató de simples retrasos, sino de un verdadero vendaval de primavera que fue retrasando los torneos hasta transformarlos en simultáneos. En medio de tanta agua, el beneficiado fue El Trébol, que aprovechó los imprevistos para ganar el Abierto Argentino aunque no era candidato.

El juego, como nos gusta proponer en El Gráfico Polo, es volver al pasado. Retroceder cincuenta años y descubrir la temporada 1960 espiando las coberturas que la revista realizaba en aquellos tiempos. Nos ubicamos en el 28 de septiembre de ese año...

El polo comienza con atraso
El título de la nota firmada por don Juan Manuel anticipa lo que sería una constante, no sólo por culpa del clima. “La temporada oficial de polo se ha iniciado con atraso considerable. Ello se debió a la necesidad de sincronizarla con las probables actividades internacionales. ¡Y como para concretar estas últimas había que aguardar una resolución ministerial relacionada con la celebración del Sesquicentenario...! Es lamentable que las autoridades, de cuya última palabra dependía la materialización de los planes formulados, no hayan tenido tiempo desde... ¡noviembre del año anterior! (cuando se iniciaron las conversaciones) para comprender que la gira de un equipo internacional es una materia sumamente compleja”.

La crítica contra los organizadores era clara y no terminaba allí: “Aunque todavía queden optimistas, por nuestra parte estamos seguros de que es demasiado tarde para pensar en otra cosa que aplicarse a salvar la temporada lo mejor que se pueda con los elementos a mano”.

Luego del duro comentario, llegaba el análisis del juego en sí. “El primer gran certamen de la temporada fue el campeonato anual con ventaja por la Copa República Argentina, para el cual se clasificaron finalistas Santa Ana y Chapaleufú. Si bien aquél llegó al encuentro decisivo con una aparente mayor suma de probabilidades, Chapaleufú empleó una vieja fórmula con excelentes resultados. Y su victoria fue al cabo incuestionable. Los hermanos Heguy respondieron admirablemente a las exigencias del juego. En Santa Ana, sólo Francisco Dorignac estuvo a la altura de sus antecedentes. Se comprende así que Chapaleufú se haya impuesto por 14 a 5”.

La Santa Ana de Cavanagh y los Dorignac
Así se tituló la nota publicada el 16 de noviembre de 1960, firmada, como todas las citadas aquí, por don Juan Manuel. Como advertíamos antes, los fenómenos climáticos comenzaban a poner nervioso a nuestro cronista. “Estamos viviendo, esta vez sí que va en serio, el año del polo pasado por agua. Nuestros jugadores hubieron de pasar las seis semanas que normalmente solían dedicar a su preparación personal, al entrenamiento de su caballada y al ajuste de los respectivos equipos viendo llover y -¡quién sabe!- tomando alguna que otra copa, que en la vida del deportista está siempre de sobra, por más importado que sea el whisky que contenga”.

Luego de la curiosa referencia etílica, retomó lo estrictamente deportivo. “Comenzó, como se pudo, el Abierto de Los Indios, que otro chaparrón importuno interrumpió en seguida. Por lo menos el campeonato abierto de Hurlingham pudo llegar a su término, y ya tiene un auspicioso ganador, con el aval de la canonización y todo, que tan buenos resultados diera hace 30 años apenas a otro malón familiar, el de los Reynal. Pues ese campeón defiende la enseña azul y blanca de Santa Ana. Es un cuarteto simpático por donde se lo mire, aunque como team esté todavía por hacerse (...) En el encuentro final entre Santa Ana y Tortugas-Aurora, aquél se impuso por 10 a 7. La victoria de Santa Ana fue inobjetable. Se basó en la sólida consistencia del juego de Roberto Cavanagh, cuyo 10 no estará todavía en plena vigencia pero basta para que el formidable jugador imponga en la cancha su vasta experiencia, su incontrastable empuje, su estratégica anticipación y su maravilloso sentido de distribución de las bochas”.


El Campeonato Argentino de Polo
El artículo del 23 de noviembre, titulado sin verbo alguno, volvió a remarcar lo accidentado de la temporada. “El Campeonato Argentino Abierto de 1960 hubo de enfrentar en el desarrollo de su rueda final a la americana (que este año se juega simultáneamente por la Copa de Honor, el Campeonato Argentino, la copa Sesquicentenario y la copa de oro Libertad) una serie de fatalidades e imprevistas anomalías, cuyas consecuencias no se hallaban totalmente definidas aún al escribir este comentario. Lo cierto es que todo ello envuelve el desarrollo del certamen en un halo de inseguridad que en modo alguno podría contribuir al afianzamiento de su interés y a su mayor gravitación en nuestro ámbito deportivo (...) Uno de los más espectaculares accidentes que hayamos presenciado en los últimos tiempos hizo temer seriamente por la integridad personal del joven y brillante jugador Marcelo Dorignac, una de las más caras esperanzas del polo argentino”. El hecho narrado por El Gráfico sucedió cuando el equipo de Dorignac, Tortugas, tenía ventaja de 8 a 6. “¿Qué hacer con los 4 minutos y 40 segundos que aún restaban del tiempo reglamentario?”, se preguntaba don Juan Manuel.

O Coronel Suárez o El Trébol
Una dicotomía se presentó en el título de la nota previa a la final del Abierto Argentino. Lo curioso es que el texto fue escrito antes de la final y por los tiempos de edición saldría publicada después, el 30 de noviembre. Aun así, se analizaron las campañas previas y se aportó un importante dato: “En el momento de escribir estas líneas estaba ya confirmado que Juan Carlos Harriott no podría prestar su concurso al equipo en los dos encuentros finales contra El Trébol, dejando su lugar a Alberto Heguy (5 de hándicap)”.

Emoción sin brillo en la final del Abierto de Polo
El 7 de diciembre de 1960 supimos, por fin, quiénes fueron los grandes ganadores de la temporada. La desprolijidad llegó hasta la definición, bastante injusta según la opinión de El Gráfico. “Coronel Suárez se impuso por amplio margen de puntos a El Trébol en la rueda a la americana. De ella emergía, en estos últimos años, el campeón argentino de polo de la temporada. Pero la curiosa organización del campeonato de este año puso a El Trébol en el trance de jugar toda su chance a las contingencias de un nuevo y único partido con Coronel Suárez”.

Ocurrió una situación atípica: ambos llegaron con tanta ventaja sobre el resto que se aseguraron el pase al partido decisivo a una fecha del final de la rueda clasificatoria. Y en la última jornada jugaron entre sí un partido sin interés que Coronel Suárez ganó 11-5 ante un equipo de El Trébol absolutamente desmotivado. “Aunque ya sea tarde para hablar del asunto, es de desear que todo esto sirva al menos para que en el futuro se recuerde que según su actual reglamentación, el campeonato debe terminar en la rueda a la americana”, explicó don Juan Manuel antes de permitirnos concluir este repaso de la temporada 1960 con su análisis de la final.

“La confianza cundió en las filas de El Trébol. Desde el primer minuto, y aun en aquellos momentos del segundo y tercer período en que el tablero reveló las cifras más adversas para su chance, El Trébol accionó con el espíritu combativo y seguridad en el triunfo que no podían menos que dar sus frutos (...) Carlos Menditeguy se agrandó y brindó a los espectadores otro de sus grandes partidos. Su duelo con Heguy tuvo en algunos períodos ribetes espectaculares, sobre todo porque el escurridizo número uno logró más de una vez desprenderse con aparatosa facilidad de su veloz rival en base a la excepcional furia de algunos de sus montados (…) El otro mejor hombre de la cancha fue el espectacular Horacio Heguy, formidable jugador sobre quien recayó el doble peso de mantener el dinamismo de la ofensiva suarence y vérselas con el antedicho “patrón de la cancha“ (…) Esa tarde ganó el que debía ganar. Y si es probable que enfrentándose esos mismos equipos en condiciones normales Coronel Suárez sea capaz de superar en guarismos a su rival cuatro veces de cada cinco, esa era la tarde de El Trébol y de Carlos Menditeguy”.


[Recuadro: Había vida después de Palermo]
Una vez finalizado el Abierto Argentino, la temporada de polo prosiguió y El Gráfico lo reflejó en dos artículos. El primero, publicado el 14 de diciembre, se refería a dos torneos puntuales. “Más copas para Coronel Suárez y Tortugas. Ganaron la Copa Provincia de Buenos Aires y Anchorena, respectivamente”, apuntaba el título. Reproducimos parte de la crónica: “La Asociación Argentina de Polo, siempre en pugna con la inestabilidad climática, se ha puesto a completar a toda marcha (antes de que comience el éxodo estival de los jugadores, a muchos de los cuales reclama desde el interior la tarea estacional de la cosecha, en pleno desarrollo) el resto de su nutrido programa, pendiente todavía en buena parte”. La Copa Buenos Aires se jugaba con hándicap y daba lugar a grandes remontadas: “Coronel Suárez le dio cinco goles y medio de ventaja a La Alicia, pero ganó 14 a 10,5”. En la Copa Anchorena, jugada en el Tortugas Country Club, ganó Tortugas, con Roberto Cavanagh como gran figura. La final fue contra Los Ranchos.

“Se definieron seis torneos en cuatro días”, fue el título de la última nota, fechada el 21 de diciembre. “Se diluyó en la lluvia la temporada más breve e intensa que recordamos”, señaló el artículo. La Copa Presidente fue suspendida en el tercer chukker. En la final de Los Indios, Tortugas (con la dupla Cavanagh-Francisco Dorignac) derrotó a Coronel Suárez. En la Copa Cámara de Diputados, Los Pingüinos (con Armando y Enrique Braun Estrougamou) venció 12 a 7 a Los Ranchos en el partido decisivo. Y en la Copa Jockey Club y en la Copa de Oro, el campeón fue Santa Ana.

PUBLICADO EN EL GRÁFICO EDICIÓN ESPECIAL N°307 (OCTUBRE DE 2010)

No hay comentarios:

Publicar un comentario