martes, 30 de septiembre de 2008

Lucas Arnold: el mejor compañero


Jugando junto a Lucas Arnold, todos son grandes doblistas. Porque él, en pareja, se carga todo el peso en los hombros. Y juega. Y gana. Buen singlista, llegó a ser 77º del mundo y le ganó a un juvenil Roger Federer. Pero se destacaba, aun más, de a dos. Su mayor virtud: jugar bien con cualquier compañero. Así ganó torneos con Albano, Oncins, Hood, Carbonell, Martín García, Luis Lobo, Hanley, Campana, Skoch, Orsanic (semifinalistas en Roland Garros ’97), Filippini, Etlis, con su hermano Patricio… Y su éxito más recordado fue con Nalbandian, en la Davis 2002 ante Rusia (19-17 en el quinto set).
Tuvo 47 compañeros distintos. Eterna es su estadía en la Copa (16 partidos, 12 triunfos) y eterna su senda de victorias en el circuito: llegó a ser 21º en dobles.

30 Los campeonatos que ganó Arnold en dobles: 15 torneos ATP y 15 Challengers. Como singlista logró 2 Challengers.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

miércoles, 24 de septiembre de 2008

José Acasuso: la decisión correcta

No entendía nada. A los 16 años estaba en Mónaco, lejos de su Posadas natal. No había debutado como profesional y aun así lo llamaron desde el principado para que los representase en la Copa Davis. Justo a él, acostumbrado a la chacra de su abuelo –donde empezó a jugar a los 5 años– lo seducían con lujos. Se sentía incómodo, pero en los últimos meses el dinero ya no alcanzaba. Incluso, se preguntaba si no debería haber elegido el básquet (se destacaba por sus 190 centímetros), el fútbol o estudiar (largó en tercer año). Las dudas, las ganas de “volverse ya” y las promesas incumplidas lo hicieron retornar a la Argentina. José Javier Acasuso sabía que sus posibilidades se acababan: era un cazador con una sola bala.
Se llenó de fe y no perdió el tiempo. Encontró en Alejandro Cerúndolo al entrenador ideal para ese momento y decidieron, por necesidades económicas y deportivas, mezclarse con los profesionales. En abril de 1999, en el Future de Córdoba, Chucho (diminutivo de “Acachucho”) consiguió sus primeros 290 dólares como tenista.
Eran los comienzos de un Acasuso de saque potente y una habilidad sorprendente para su altura, pero decididamente irregular. Dos satélites y un Future en Rosario fueron sus primeros títulos. Pero su presentación ante el público masivo fue en la Copa Ericsson de Buenos Aires, donde derrotó al español Alberto Berasategui (61º del ranking) y el público lo ovacionó. Acostado sobre el polvo de ladrillo, tras el último punto, supo que el tenis había sido la elección correcta.
Ganó el Challenger de Montevideo 2000 y dio una exhibición de su talento en el ATP de Buenos Aires 2001: eliminó a Arazi (58º), Portas (50º), Gaudio (36º) y cayó en la final ante ‘Guga’ Kuerten. Fue el primero en llegar al match decisivo en su primer torneo ATP. Trepó al puesto 42 y enseguida obtuvo su segundo Challenger, en Bermuda.
Las alegrías se multiplicaron en un 2002 mágico. Ganó el ATP de Sopot; festejó en la Copa del Mundo por equipos en Dusseldorf; y llegó a la mejor posición de su carrera: 38º. La madurez había limitado a la irregularidad, pero en 2003 una racha de lesiones (cinco) lo envió al puesto 134.
Chucho tuvo que recuperar el ritmo perdido. Ganó el ATP de Bucarest 2004, pero las derrotas aparecían seguido, al punto que cayó en seis primeras ruedas al hilo. En Sopot fue finalista, pero lo relevante fue que allí volvió a ser definitivamente el Acasuso rápido, concentrado, potente; el del saque efectivo y el del revés rabioso, a una sola mano. El mejor Acasuso. A partir de entonces, todo fue la continuación de una sinfonía: derrotó a Marat Safin (4º), llegó a octavos en Roland Garros tras vencer a Andy Roddick (5º) y trepó a cuartos de Cincinnati.
El tímido misionero nacido el 20 de octubre de 1982, zurdo para escribir, diestro para jugar y fanático de Racing, amenaza: sus mejores días aún pueden estar por llegar. Y serán, seguramente, mucho más de lo que Chucho, a los 16 años y en Mónaco, podría haber imaginado.

Los números
2 Los títulos ATP que ganó en su carrera: Sopot ’02 y Bucarest ’04. Además consiguió otros 2 en dobles (Umag ’04 y Stuttgart ’05). Obtuvo 3 Challengers y la Copa del Mundo por equipos en 2002.

13 Las finales que jugó en torneos ATP. En singles, ganó dos y perdió cuatro. En dobles, triunfó dos veces y cayó en cinco.

PUBLICADO EN ‘EL GRAN TENIS ARGENTINO’, SEPTIEMBRE DE 2005

Nota de septiembre de 2008: En 2006, Acasuso ganó el ATP de Viña del Mar, debutó en Copa Davis con dos triunfos ante Suecia (integró el equipo que perdió 3-2 la final contra Rusia, jugando el quinto y decisivo punto) y alcanzó el puesto 20º. En 2007 obtuvo la Copa del Mundo por equipos, pero retrocedió a la 65ª posición. En 2008 llegó a la final de Buenos Aires.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Ventaja resto: raquetas femeninas

Durante la producción del libro “El Gran Tenis Argentino” noté amargamente que, como sucede habitualmente, los protagonistas eran los más exitosos y populares tenistas. ¿Lógica? Puede ser, pero una lógica injusta. Así nació “Ventaja resto”, pequeña sección dedicada a engrandecer a los que no fueron tan grandes, cuyo nombre tiró Maxi Llorens mientras nos reíamos en la redacción de Clarín. Este segundo artículo acompañaba un capítulo con textos sobre Gabriela Sabatini, Paola Suárez, Raquel Giscafré, Beatriz Araujo, Ivanna Madruga, Adriana Villagrán, Emilse Raponi, Claudia Casabianca, Bettina Fulco, Mercedes Paz, Mariana Pérez Roldán, Patricia Tarabini, Florencia Labat, Inés Gorrochategui, Cristina Tessi, Clarisa Fernández, Mariana Díaz Oliva, María Emilia Salerni y Gisela Dulko.

Natalia Gussoni llegó a ser 134ª del Ranking WTA


Federica Haumuller. Ganó el WTA de Guaruja 1989 y fue 102ª del mundo.

Elvira Weisenberger. Símbolo de la Copa Federación: jugó 14 partidos entre 1973 y 1977.

Gabriela Castro. Llegó a cuartos de final de un torneo WTA: Brasil 1985. Ganó 42 partidos sobre 86 jugados.

María José Gaidano. Alcanzó los octavos de final del US Open ’93. Llegó a ser 85ª en el ranking. Ganó el ITF Bogotá 1990 y derrotó a Nicole Bradtke (24ª).

María Fernanda Landa. Venció a Mercedes Paz en 1994. Sumó 20 títulos ITF entre singles y dobles. Jugó 327 partidos oficiales. Fue 183ª del mundo.

Celeste Contín. Ganó 8 campeonatos ITF entre 1995 y 2002. Jugó la Copa Fed en 1998.

Laura Montalvo. Participó en los Juegos Olímpicos de 2000 en dobles femenino. Ganó 8 torneos ITF en singles y 9 WTA en dobles.

Beatriz Villaverde. Ganó el Banana Bowl juvenil ’74, es múltiple campeona en veteranos y colabora con causas solidarias.

Érica Krauth. Ganadora de los ITF Córdoba ’98 y Elvas ’99. Triunfó en 136 partidos y perdió 122. Tiene 24 años.

Vanesa Krauth. Hermana melliza de Érica. Obtuvo el ITF de Tortosa 2000 y Vaihingen 2001.

Natalia Gussoni. Venció a Matevzic (50ª) en la Copa Federación. Con 24 años, suma 7 torneos ITF y fue 134ª del mundo.

Natalia Garbellotto. Posee 70% de eficacia en torneos oficiales: ganó 83 partidos de 119. Obtuvo 4 torneos ITF y jugó la Fed Cup en 2003. Tiene 21 años.

María Vanina García Sokol. Con 21 años, ya ganó 3 títulos ITF. Estuvo en la Copa Fed y llegó al puesto 191 del ranking.

PUBLICADO EN ‘EL GRAN TENIS ARGENTINO’, SEPTIEMBRE DE 2005

Nota de 2008: Natalia Garbellotto ganó 3 torneos seguidos en 2005, pero se retiró ese mismo año. Vanesa Krauth y Natalia Gussoni también abandonaron. En 2008 se retiró Vanina García Sokol; y Erica Krauth jugó apenas un partido.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Clarisa Fernández: amor por la raqueta


Cuando a los 4 años abrió un placard y encontró una vieja raqueta perteneciente a a la abuela Mamina, se enamoró perdidamente. Y, pese a las dificultades a las que se enfrentó después, ya nunca dejó de jugar al tenis.
Clarisa Fernández nació el 28 de agosto de 1981, en Córdoba. Integró su gusto por la raqueta al resto de sus actividades hasta los 16 años, cuando decidió intensificar la práctica. “Hasta ese momento me costaba entrenar, era la debilucha”, decía.
Tuvo que dejar el secundario (en tercer año) y empezar a viajar. Ganó un torneo ITF en Montevideo pero, en 1998, una lesión en la rodilla izquierda la alejó del circuito durante seis meses, justo cuando se adaptaba al profesionalismo. Clarisa lo soportó y volvió con más ganas. Al retornar, obtuvo el ITF de Sezze ’99. Poco a poco, su zurda precisa iba alejándose de la debilidad. Y en 2001 también se fortaleció su mente: ganó los ITF de Sao Paulo y Orbetello, subió más de cien puestos en el ranking y debutó en la Fed Cup con una victoria sobre la japonesa Shinobu Asagoe (54ª).
Todo se vio minimizado por Roland Garros 2002, ‘su’ torneo. Inspiradísima, pasó dos rondas hasta llegar a la imbatible Kim Clijsters (4ª). ¿Imbatible? Clarisa (87ª) la pisó: 6-4 y 6-0. Todos ya hablaban de ella; no le alcanzó. En octavos de final superó a Elena Dementieva (15ª). No se le podía pedir ni un poquito más, pero no fue necesario: venció a Paola Suárez en cuartos. La paró Venus Williams (2ª) en semifinales, pero no importaba: el nombre de Clarisa Fernández había ganado un lugar de prestigio en el tenis mundial.
Siguió en gran nivel y llegó a ser 26ª del ranking, pero dos importantes lesiones, sufridas en enero y agosto de 2004, frenaron su ascenso. No le molestó tanto perder posiciones como no poder practicar, pero se consoló jugando sentada, con un amor descomunal por la raqueta. Recomenzó desde el puesto 352, y lo hizo muy bien: se llevó el ITF de Miami 2005, fue semifinalista del Abierto de Bogotá y subió doscientos puestos a toda velocidad. Y volvió a ser feliz en las canchas, lo más importante para ella.

LOS NÚMEROS
174 Los triunfos que logró en partidos de la WTA, sobre 275 jugados. Ganó 5 torneos ITF y fue semifinalista de Roland Garros 2002 y Bogotá 2005.

70% Su gran efectividad en Roland Garros. Ganó 7 de los 10 partidos que disputó.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

Nota de septiembre de 2008: En 2006, Clarisa ganó el satélite de Clearwater y se arrimó nuevamente al Top 100, pero sufrió otra grave lesión a principios de 2007 y no jugó entre enero y octubre. Volvió, y en noviembre ganó un satélite en México. Fue su anteúltimo torneo: luego de perder en primera ronda de Australia 2008, cansada de tantas lesiones, la hermosa Clarisa dejó el tenis profesional.

jueves, 28 de agosto de 2008

Cristina Tessi: la bella sonriente

“First, Gabriela. Now, Cristina” (Primero, Gabriela. Ahora, Cristina). El título de un diario australiano de 1988 hacía referencia a Cristina Tessi (16 años, la mejor junior del mundo) como sucesora de Gabriela Sabatini. Una presión muy grande para cualquiera. Sin embargo, desde que a los 3 años intentó jugar al tenis por primera vez, Cristina entendió que la raqueta sería siempre una diversión. Las presiones, fuera.
Nació el 20 de julio de 1972 y se acostumbró a las canchas rápidas porque en su casa de Ingeniero Maschwitz tenía una de cemento en la que practicaba. Su papá Atilio le enseñó las bases del deporte y su hermano Ricardo, también tenista, fue su primer entrenador. Le gustaba jugar subiendo permanentemente a la red. "En el fondo corro mucho y me canso –decía–. Y lo principal para mí es divertirme, sé que el tenis dura pocos años". En uno de sus primeros torneos profesionales, ganó el Challenger Buenos Aires ’87. No se desesperaba por un punto o por un puesto en el ranking, sino por hacer las cosas a su modo. Así ganó el Sudamericano ’88 ante Florencia Labat y el Challenger de Darmstadt de 1990. A su buen nivel se sumaba un premio para los espectadores: su enorme belleza y simpatía.
Su paciencia, y disfrutar dentro de una cancha, tuvieron premio en 1991, cuando llegó a semifinales en Auckland y alcanzó su mejor ranking: 70º. Un año después sufrió una lesión en los aductores. Lo aprovechó para volver a estudiar y, aun cuando ya estaba recuperada, se dedicó a terminar el colegio secundario. Regresó siete meses después, para ganar el Challenger de Buenos Aires ’93. Y, aunque no volvió a mostrar un juego tan eficaz como el previo a la lesión, siguió manteniendo sus ideales dentro de la cancha, enamorando con su juego y su forma de ser.

EL NÚMERO
51% Su eficacia en los torneos WTA. Jugó 183 partidos, triunfó en 93 y perdió 90.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mariana Pérez Roldán: retiro forzado


A los 20 años, cuando los jóvenes edifican sus carreras, Mariana Pérez Roldán fue forzada a abandonar la suya: el tenis. Pero poco tiempo le alcanzó, de todos modos, para ganarse un lugar en la historia. Nació en 1967, en Tandil, y fue parte de una familia tenista: su hermano Guillermo llegó lejos y su papá Raúl los entrenaba. El juego de Mariana, basado en golpes planos y mucha precisión, tuvo éxito en juveniles: ganó el sudamericano de menores y el doble de Roland Garros ’85 junto a Patricia Tarabini. Ya en profesionales, en 1986 consiguió el ITF de Lyon y trepó hasta la final del WTA de Bregenz. “Ahí empecé a convencerme de mis posibilidades”, contó.
En 1988 logró su mejor ranking (51º) y venció a Mary Joe Fernández (20º). En mayo, todo acabó. Ante Susan Mascarin, en Roland Garros, Mariana sintió molestias. Aunque ganó, el examen físico fue contundente: fractura de rótula de la pierna izquierda. Intentó recuperarse, pero se retiró en 1989. “Mi idea era competir hasta los 23, 24 años”, dijo. Y lo hizo. Aun dando ventajas físicas, volvió en 1990-91 y, entonces sí, la chica que le había ganado 7 de 8 partidos en juveniles a Gabriela Sabatini le dijo adiós al tenis.


LOS NÚMEROS
62% Fue su notable efectividad en partidos de la WTA. Ganó 79 de los 127 que jugó, con sólo 48 derrotas.

5 Las semifinales que alcanzó en torneos WTA. Fue en Atenas y Buenos Aires (1986); California (1987); y Barcelona y Suiza (1988).

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

martes, 26 de agosto de 2008

Adriana Villagrán: esforzada Top 100


Adriana Villagrán debió saltar un obstáculo detrás de otro. Nacida en 1956, las esperanzas que despertaron sus resultados iniciales se detuvieron por problemas económicos. La imposibilidad de viajar al exterior y la poca relevancia que tenían los torneos femeninos en la Argentina provocaron que debiera dar clases para poder dedicarse al deporte. Recién a los 23 años pudo jugar un Grand Slam, en Roland Garros. En 1980 fue finalista de ese torneo, en dobles junto a Ivanna Madruga. Protestó para que se respetara a los torneos nacionales (que dominó en 1983), pero -hastiada- en cuanto puedo probó suerte en el exterior de modo continuo. Llegó a la final del Challenger de Río de Janeiro '84, a la tercera ronda de Roland Garros ’85 y a la final de Taipei ’86. Su mejor ranking lo alcanzó en su madurez: fue 99º en 1988.

EL NÚMERO
194
Los singles que jugó por torneos WTA. Ganó 76 y perdió 118.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005

viernes, 15 de agosto de 2008

Ventaja resto (1970-1995)

Durante la producción del libro “El Gran Tenis Argentino” noté amargamente que, como sucede habitualmente, los protagonistas eran los más exitosos y populares tenistas. ¿Lógica? Puede ser, pero una lógica injusta. Así nació “Ventaja resto”, pequeña sección dedicada a engrandecer a los que no fueron tan grandes, cuyo nombre tiró Maxi Llorens mientras nos reíamos en la redacción de Clarín. Este primer artículo acompañaba un capítulo con textos sobre Guillermo Vilas, José Luis Clerc, Roberto Argüello, Alejandro Ganzábal, Martín Jaite, Alejandro Gattiker, Horacio De la Peña, Guillermo Pérez Roldán, Alberto Mancini, Eduardo Bengoechea, Franco Davín, Gustavo Luza, Christian Miniussi y Javier Frana.

Juan Garat, un muy buen doblista.

Eduardo Massó
Alcanzó la final de Hilversum 1990 al vencer a Emilio Sánchez (7º del mundo) en semifinales. Tuvo contra las cuerdas a Jimmy Connors en Toulouse ’88 (6-4, 4-6 y 3-6), jugó cuatro semifinales ATP y fue 56º en 1991.

Roberto Saad
En dobles, ganó Seúl ’88 y Kitzbühel ’93. Llegó a semi en Australia ’88. En singles, venció a Jimmy Arias (21º) en Roland Garros 1985 y ganó el Challenger de Bogotá ’91.

Roberto Azar
Finalista de San Marino 1989 y semifinalista de otros tres torneos ATP. Venció al alemán Carl Steeb (18º) en Hamburgo ’90 y a Malivai Washington (16º) en Atlanta ’93. Ganó el Challenger Reggio Calabria ’92 y fue 81º del ranking.

Juan Garat
En dobles, ganó Kitzbühel y llegó a la final de San Marino y Palermo, todo en 1993. Junto al venezolano Maurice Ruah les robó un set a Woodbridge-Woodforde, la mejor pareja del mundo, en Roland Garros ’94.

Carlos Gattiker
Ganó la Copa del Mundo 1980 junto a Vilas y Clerc. Fue 89º del ranking mundial y obtuvo el Challenger de Ribeiro Preto en 1979.

Gustavo Guerrero
Llegó al puesto 78º. Fue semifinalista en Bruselas y ganó el Challenger de Curitiba, ambos en 1980.

Guillermo Aubone
Finalista de un torneo ATP: en Viña del Mar 1982, junto al español Ángel Jiménez en dobles.

Elio Lito Álvarez
Finalista en Hilversum 1977. Jugó 162 partidos por torneos ATP y 10 por Copa Davis (record de 6-4).

Héctor Romani
Estuvo cerca de la hazaña en la Davis ’72, en un partido clave ante el brasileño Tomas Koch (fue 24º del mundo): perdió 4-6, 6-4, 6-4, 1-6 y 6-1, en Río de Janeiro.

Carlos Castellán
Semifinalista del ATP de Hilversum ’84 y subcampeón del Challenger de Buenos Aires ’80. Le ganó un set a Mats Wilander en Palermo 1981.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

lunes, 14 de julio de 2008

Eduardo Bengoechea: cuando nadie lo esperaba

Cuando pocos lo esperaban, 1987 fue el año de Eduardo Bengoechea. Había nacido el 2 de julio de 1959 en Laboulaye, Córdoba. Había empezado a jugar en Luján, a los 5 años, había brillado en el Orange Bowl ’77, había ganado el Campeonato Argentino de 1980… Aún con esos logros, y el Challenger de Messina y el Circuito Satélite ’85, no había mostrado su mejor nivel. “Para conseguir lo que uno quiere hay que luchar. Y yo luché siempre”, dijo en su temporada mágica. Porque, para 1987, el muchachito alto y melenudo ya era un hombre potente y con un gran juego de fondo, que se metió entre los cuatro mejores en Hamburgo, Gstaad, Florencia, Hilversum y Barcelona. “Pego el drive plano y el revés con mucho slice”, explicaba. Ante esas armas sucumbieron el francés Yannick Noah y el eslovaco Miroslav Mecir (ambos entre los seis mejores del mundo). Y con esas armas trepó hasta el 21º lugar. Se guardó un último derechazo mortal para Niza ’91, cuando bajó a Cherkasov (16º del mundo). Tras el retiro, en 1996, fue capitán de la Copa Davis. Bengoechea siempre luchó. Y, cuando pocos lo esperaban, su lucha se transformó en alegría.

EL NÚMERO
24 Fueron los triunfos consecutivos que consiguió en 1985, y que le sirvieron para ganar el Circuito Satélite de Argentina.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005.

domingo, 22 de junio de 2008

Guillermo Pérez Roldán, malditas lesiones

Pérez Roldán en la final de Roma, contra Lendl

A los 4 años, en Tandil, agarró por primera vez una raqueta. Desde entonces, Guillermo Pérez Roldán no pudo dejar al tenis. "Recién a los 7 lo tomé en serio", decía, como si lamentara haber 'tardado tanto' en ser tenista a tiempo completo. Raúl, su papá, se convirtió en entrenador y él dejó el secundario para no abandonar al tenis. A los 14 años, su poderosa derecha conquistó el juvenil de L'Avenire, en Italia. Fue el primer argentino en ganar el Roland Garros junior, no sólo en singles sino también en dobles. "No hay que apurarlo", decían en su entorno. Pero la aceleración era tan natural como inevitable en su carrera.
Ganó otra vez en París, en 1987, año en que se hizo profesional: a los cuatro meses fue semifinalista de San Vicente y enseguida venció a un top ten, el sueco Mikael Pernfors (10°). Con apenas 17 años, conquistó en Munich su primer título ATP. Dos meses después arrasó al alemán Tore Meinecke (6-2 y 6-3) en la final de Atenas. Se sentía seguro. "Un jugador sin confianza vale la mitad", afirmaba. Se metió entre los 20 mejores del mundo y cerró 1987 con el título en Buenos Aires.
Los años siguientes mostraron más de su terrible juego de fondo. El bicampeonato en Munich fue el aperitivo para un choque inolvidable: la final de Roma ante el N°1 del mundo, Ivan Lendl. Ese día, Guillermo usó su mejor repertorio: efectos, concentración máxima, agresividad permanente. El juego tuvo un final atrapante, como esas novelas policiales que tanto le gustaban: Lendl ganó 2-6, 6-2, 6-4, 4-6 y 6-4.
Dejó las penas de lado. En el torneo siguiente, Roland Garros, le tocó enfrentar al sueco Stefan Edberg, N°2 del mundo, en octavos de final. Guillermo había aprendido que a las leyendas no se les puede dar chances y ganó con autoridad: 7-5, 6-3 y 6-3. En los cuartos de final cayó ante Andre Agassi, pero de todos modos llegó a su mejor posición en el ranking: 13°. Otra batalla colosal (llevó a John McEnroe al quinto set en la Copa Davis) demostró que no perdía el hambre. "El rival siempre es un villano de película, un necio", decía descubriendo su fórmula.
En 1989 fue campeón en Palermo y volvió a jugar un partido épico: en Roland Garros, ante el alemán Boris Becker (N°2), perdió 7-5 en el quinto set. Todos hechos relevantes, todos sucesivos en el tiempo. Un año después ganó San Marino con su estilo: a puro pelotazo desde el fondo. Así festejó ante Andre Agassi (5°) en 1991; y logró otra vez el título en San Marino.
En medio de un período irregular, atípico en él, ganó la final de Casablanca en 1992, cuando participó de los Juegos Olímpicos y terminó entre los 50 mejores por sexto año consecutivo. Pero, muy rápido, sus sueños se esfumaron. El noveno título (repitió en Casablanca) y una victoria ante Goran Ivanisevic (6°) fueron sus últimos raquetazos históricos, porque una lesión en la muñeca derecha no lo dejó en paz hasta que lo obligó a retirarse, a los 23 años.
No se rindió y volvió en 1996, pero duró poco: la muñeca siguió molestando y se sumaron problemas en los meniscos. "Tengo una gran nostalgia del tenis. Me había enamorado de competir, de sentir presiones", se lamentaba. Luego entrenó juveniles y se animó a practicar en un Future en Santa Fe, en 1998. Tanto le costó alejarse de su pasión que en 2004, a los 34 años, jugó un Challenger en Italia.
Toda su carrera fue vértigo y sacrificio permanente. Creció a toda velocidad, y muy veloz e injusto fue aquel adiós. Desde que tomó una raqueta por primera vez, a los 4 años, dejó mucho por no dejar al tenis; hasta que las malditas lesiones intentaron dejarlo sin él. Fue en vano: la vida de Guillermo Pérez Roldán es, en esencia, el tenis mismo.

PUBLICADO EN 'EL GRAN TENIS ARGENTINO', SEPTIEMBRE DE 2005