martes, 15 de julio de 2014

Tácticas mundiales

Por Martín Estévez

A ocho meses del inicio de Brasil 2014, repasamos las estrategias que revolucionaron la Copa del Mundo. Una nota sobre fútbol en la que ningún futbolista es mencionado. 
 
En los inicios del fútbol, los jugadores veían la pelota y no pensaban en otra cosa que meter un gol. La iban empujando hacia adelante y en cuanto el arco no estaba muy lejos, pateaban. Los arqueros eran los únicos que pensaban en evitar goles; los demás deseaban hacerlos. Poco a poco, algunos futbolistas fueron retrocediendo para que el traslado de la pelota desde el arquero a los demás no fuera tan extenso. Era la primera vez que se pensaba en cómo distribuirse en el campo para jugar mejor. Era el nacimiento de uno de los conceptos más apasionantes que nos regala el fútbol: la táctica. A ocho meses del inicio del Mundial 2014, repasemos cómo evolucionaron los sistemas tácticos en la historia de la Copa del Mundo.

El sistema 2-3-5

Alrededor de 1890, los equipos ingleses comenzaron a utilizar un sistema que permitía un rápido traslado de la pelota a través de una idea que hasta ese momento no era habitual: los pases entre jugadores. Dos de ellos (llamados defensores) se ubicaban cerca de su arquero para recuperar el balón y pasárselo a alguno de los tres que se ubicaban en el centro del campo (mediocampistas). El objetivo era que la pelota les llegara a los cinco más adelantados (delanteros), cuya función era meter goles. Así nació el 2-3-5. En los Mundiales de 1930, 1934 y 1938 fue el sistema principal. Y, al ser netamente ofensivo, el promedio de goles por partido era muy alto.

La WM (3-2-2-3)

En 1925, hubo un importante cambio en la ley del offside. Antes, para que un futbolista estuviera habilitado al recibir un pase, debían haber tres futbolistas entre su posición y el arco rival. A partir del ’25, tienen que ser sólo dos. Eso dio aun más posibilidades a los delanteros de imponer su superioridad numérica. El Arsenal de Inglaterra, dirigido por Herbert Chapman, fue el primer equipo que implementó una táctica para frenar a los atacantes rivales. Mantuvo cinco jugadores ofensivos pero hizo retroceder a dos para que estuvieran más cerca de los volantes, que ya no eran tres: uno de ellos se convirtió en defensor. Así se formó un esquema 3-2-2-3, que dibujaba una W y una M sobre el campo de juego. Comenzó a utilizarse en el Mundial 1938 y fue la principal táctica en 1950. Su principal objetivo era emparejar la lucha y que hubiera siempre cinco jugadores en ataque y cinco defendiendo.

La variante 3-2-3-2

Aunque no suele ser mencionada entre las grandes tácticas, el sistema utilizado por la selección de Hungría en la década de 1950 merece una mención. Con la WM, los futbolistas habían quedado “emparejados”: cada uno marcaba y era marcado por el mismo rival, en un mano a mano donde predominaba el talento o el estado físico de uno sobre otro. El técnico húngaro Gusztav Sebes hizo sólo una modificación, pero rompió la estructura: retrasó a uno de los tres delanteros para que jugara sin marcación. Con ese 3-2-3-2, Hungría ganó todos sus partidos, excepto el más importante: la final del Mundial de 1954, contra Alemania.

Nacen los laterales (4-2-4) 

El buen estado físico de algunos futbolistas brasileños fue vital para la aparición de una exitosa táctica: el 4-2-4. Pensando en cómo cubrir todo el terreno de juego, había cuatro delanteros, dos en el centro y uno en cada costado; dos mediocampistas centrales y dos defensores centrales. Los dos futbolistas restantes realizaban una doble función: si su equipo no tenía la posesión de la pelota, jugaban como defensores, uno en cada punta. Pero si su equipo atacaba, se adelantaban hasta ser mediocampistas. Con el 4-2-4, Brasil se consagró campeón en 1958 y en 1970. En 1962 también ganó la copa, pero utilizando una variante táctica en la que un delantero se retrasaba a la línea media.

El fútbol total

A principios de la década de 1970, el holandés Rinus Michels ideó la mayor revolución táctica en la historia del fútbol. Su idea era pretenciosa, casi inalcanzable: que todos defendieran y que todos atacaran. Aunque la distribución inicial era con cuatro defensores, tres mediocampistas y tres delanteros, sería un insulto llamar 4-3-3 a esa aceitada maquinaria en la que los futbolistas intercambiaban puestos, rompían líneas, presionaban en bloque, pensaban en conjunto. Hasta el arquero se convirtió en una opción de pase para sus compañeros, en parte del circuito de juego. Lo que logró Michels, primero en Ajax y luego en la selección de Holanda, fue más ideológico que futbolístico: convenció a sus jugadores de que lo colectivo está sobre lo individual, de que colaborando con el de al lado se construye mejor, de que siempre hay posibilidades que el sistema impuesto nos esconde. Aquella selección de Holanda, apodada la Naranja Mecánica, brilló durante el Mundial 74. Pero, como en el mundo, la solidaridad entre los compañeros y el sentido colectivo no pudieron imponerse: en la final, Alemania ganó 2-1.

El conservadurismo (4-4-2)

Desde 1958, la línea de cuatro defensores estaba impuesta. Luego empezó a poblarse el mediocampo: si para la década del ’70 los volantes ya eran tres, en los ’80 la mayoría de los equipos resignaron otro delantero para formar un rombo en el centro del campo. Una de las mejores selecciones con ese sistema, el 4-4-2, fue Brasil en el Mundial 1982. El truco era que sus cuatro mediocampistas eran hábiles y tres de ellos pensaban más en atacar que en defender. Sin embargo, otra vez los resultados y los merecimientos no se dieron la mano: Brasil perdió ante la defensiva Italia, que terminó siendo campeona. El sistema 4-4-2 se mantuvo vigente durante 25 años, pero los volantes fueron reacomodándose hasta formar una línea de cuatro jugadores, similar a la de los defensores.

Variantes defensivas 

Aunque entre 1982 y 2007, el 4-4-2 fue el sistema más utilizado en el planeta (con la variante 4-3-1-2 en los equipos más “ofensivos”), hubo algunos detalles tácticos interesantes en los Mundiales. En 1986, Argentina, dirigida por Carlos Bilardo, ganó la copa con un 3-5-2: los defensores se ubicaban en el centro y, si necesitaban ayuda, los mediocampistas laterales retrocedían cambiando el sistema a 5-3-2. En Estados Unidos 1994, la Italia de Arrigo Sacchi usó un ultradefensivo 4-5-1 y llegó hasta la final, en la que jugó a que no le hicieran goles y logró terminar 0 a 0. Por suerte, perdió por penales ante Brasil. Lo opuesto intentó Argentina, dirigida por Marcelo Bielsa, en 2002: tres defensores, tres volantes, un mediocampista ofensivo y tres delanteros. Merecía la gloria, pero el equipo fue rápidamente eliminado. Bielsa intentó algo similar en 2010, dirigiendo a Chile, y logró una histórica clasificación a octavos de final.

España y el 4-2-3-1

Desde su creación, el fútbol se había vuelto un juego cada vez más defensivo. Aunque es pronto para afirmarlo, porque estamos en medio de ese proceso, la selección de España impulsó, a partir de 2007, un cambio más mental que táctico: en vez de pensar tanto en recuperar la pelota, hay que pensar en no perderla; en vez de limitar a los rivales marcándolos, hay que limitarlos obligándolos a marcar. El esquema (cuatro defensores, dos volantes defensivos, tres ofensivos y sólo un delantero) es dinámico: los volantes más adelantados y los defensores laterales llegan permanentemente a posición de gol. Y el delantero tiene que hacer goles, claro, pero también engañar, arrastrar defensores, abrir espacios para sus compañeros. Jugando así, España ganó la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y la Eurocopa 2012. Su sistema, el volátil 4-2-3-1, será el más utilizado durante Brasil 2014. ¿V0lverá a imponerse?

PUBLICADO EN ACCESS DIRECTV Nº59 (OCTUBRE DE 2013)

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