sábado, 29 de junio de 2013

Londres 2012 - El equipo de los sueños

Por Martín Estévez

Hace dos décadas, los fanáticos sólo podían soñar con una Selección que ganara medallas, jugara finales mundiales o derrotara al Dream Team. Pero la Generación Dorada es una hermosa realidad; y en Londres, a Manu, Scola y compañía los admiraremos más allá del resultado.

A los seguidores del básquet nos cuesta mucho no escribir sobre la Generación Dorada desde un lugar de admiración. Se trata de un numeroso grupo de jugadores que son candidatazos al título del mejor equipo argentino de la historia.

Hace solamente dos décadas, el básquet argentino tenía como gran objetivo terminar entre los mejores ocho en las competencias internacionales. Mientras los mayores (Marcelo Milanesio, Héctor Pichi Campana, Juan Espil) ganaban y perdían en esa pelea (8° en el Mundial 90, 9° en el Mundial 94, 9° en Atlanta 96, 8° en el Mundial 98), un grupo de amigos formados en nuestra Liga Nacional sorprendía con un 4° puesto en el Mundial juvenil de 1997. Tal vez algunos nombres les suenen conocidos: Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Juan Ignacio Pepe Sánchez, Leo Gutiérrez, Andrés Nocioni, Lucas Victoriano... Desde entonces, hace ya quince años, esa generación revolucionó el básquet nacional; y se convirtió en dorada en Atenas 2004, cuando derrotó a todos, Dream Team incluido, y se subió al primer lugar del podio.

Claro que en el medio hubo recambios, reemplazos, apariciones, retiros. Sin ir más lejos, el plantel que estará en los Juegos Olímpicos (no confirmado al cierre de esta edición) tendrá una ausencia gigante, incluso más grande que los 208 centímetros que muestra en la cancha Fabricio Oberto. El cordobés, a los 38 años, se quedó afuera porque no le dio el físico, no le dieron los tiempos y porque otros pivotes lucharon a fondo por su lugar. Seguramente deseará, como si estuviera adentro, que al equipo le vaya bien.

Los sobrevivientes de aquella primera camada ya son próceres: Manu Ginóbili (a punto de cumplir 35 años), Andrés Nocioni (ya tiene 32) y Leo Gutiérrez (34). Ellos vivirán muy probablemente sus últimos Juegos Olímpicos y quieren un final en el podio.

La columna del plantel la completan jugadores que se sumaron después, pero que ya son rostros absolutamente familiares: el base Pablo Prigioni (sucesor de Pepe Sánchez), Carlitos Delfino, Luis Scola (gran estrella en la NBA), el Yacaré Federico Kammerichs, Juan Gutiérrez, Hernán Jasen y Paolo Quinteros. El resto de los que luchan por un lugar son los bases Nicolás Laprovittola y Facundo Campazzo (uno de ellos quedará fuera del plantel), Marcos Mata, Martín Leiva (hombres de Peñarol) y Leonardo Mainoldi (del Fuenlabrada de España). Serán solamente doce los que viajen a Londres.

Luis Fabián Scola es, junto a Ginóbili y Nocioni, el jugador más popular del plantel. Luifa formó parte de los seleccionados que ganaron el oro en Atenas 2004 y la medalla de bronce en Beijing 2008. Luego de una intensa temporada con los Houston Rockets, nos cuenta cómo llega el equipo: “La preparación les cuesta más a los jugadores que terminaron temprano la temporada, pero es siempre dentro de los estándares habituales. Está bueno que tengamos la posibilidad de jugar contra los candidatos antes de los Juegos, como haremos contra España y Estados Unidos. De todas maneras, no hay que sobredimensionar, al final son sólo partidos de preparación y ningún equipo muestra todo en un partido previo. Sirve como referencia, pero hasta por ahí nomás. Nos va a dar una buena idea, a muy pocos días del primer partido oficial, del lugar en el que estamos parados, pero no mucho más que eso”. Para Scola, el principal rival, Estados Unidos, es un misterio. “Va a ser una incógnita hasta último momento. Dieron una lista muy larga, con esos nombres podrían armar tres o cuatro equipos diferentes. Tienen muchísimos jugadores por puesto”.

Espíritu olímpico es un término que, de tan usado, puede perder sentido. Luifa, entonces, lo explica una vez más. “Lo que hace especiales a los Juegos Olímpicos es lo cultural, lo social, la dimensión que toman. Un Mundial, la NBA o la Euroliga son cosas relativamente parecidas en cuanto a importancia, mucha gente hasta puede creer que son más relevantes. Sin embargo, los Juegos Olímpicos tienen un plus grandísimo, que es poder convivir con un montón de atletas de disciplinas diferentes, participar de la inauguración, ir a ver otros deportes. Me acuerdo de cuando Paula Pareto ganó; estábamos en el lobby del hotel. Antes de que el árbitro dijera que había ganado, hubo un momento de confusión. Éramos quince atletas que no entendíamos mucho de judo, desafortunadamente, pero que estábamos en total silencio esperando que alguien dijera quién había ganado. Fueron como tres segundos hasta que la muestran a ella y empieza a mover las manos como diciendo ‘gané, gané, gané’. De repente, empezamos todos a saltar, a festejar. Fue casi tragicómico, porque no sabíamos qué había pasado, pero fue un momento muy especial. Lo mismo pasó con Walter Pérez y Juan Curuchet cuando se quedaron con la de oro en ciclismo. Al final de la competencia no terminábamos de entender quién había ganado. Nosotros, en la villa, tenemos el audio crudo, entonces pasaron como cinco segundos hasta que la voz del estadio dijo ‘Argentina medalla de oro'. Empezamos a gritar. Sabíamos que estábamos festejando, pero no sabíamos por qué. Son cosas curiosas que te pasan en un Juego Olímpico, sólo las podés vivir ahí. Eso es lo que los hace especiales, más allá de perder o ganar. Aunque ganar, claro, hace cualquier experiencia muchísimo más divertida”.

Ganar, eso es lo que intentarán hacer en Londres. Primero, en un grupo de seis equipos de los cuales avanzarán los primeros cuatro. Luego, en las instancias finales, esas que siempre sacan lo mejor de Scola, de Ginóbili, de Nocioni, de todos. Con Julio Lamas como entrenador, el Oveja Hernández colaborando, y millones de fanáticos admirándolos a través de la televisión, la Generación Dorada lanzará todos sus tiros hacia la tercera medalla olímpica consecutiva. Qué genios son.

3 Los podios internacionales que acumula la Generación Dorada. En el Mundial de Indianapolis 2002 terminó en el segundo puesto al perder la final contra Yugoslavia. En los Juegos de Atenas 2004, derrotó a Italia en el partido decisivo y se llevó la medalla de oro. Y en Beijing 2008 triunfó ante Lituania en el partido por el tercer puesto y se quedó con la de bronce.


PUBLICADO EN EL GRÁFICO ESPECIAL JUEGOS OLÍMPICOS (JULIO DE 2012)

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